El escrache, una modalidad de protesta que nació en Argentina gracias a los políticos, adquirió dimensión global gracias a la difusión que le dieron tanto los medios de comunicación como las redes.
La Real Academia Española (la misma que rechazó el lenguaje inclusivo que se acuñó en Latinomérica como el uso de “x”, “@” o “e” en lugar del masculino, para escribir “todxs”, “tod@s” o “todes”) definió recientemente “escrache” como “manifestación popular de denuncia contra una persona pública a la que se acusa de haber cometido delitos graves o actos de corrupción y que en general se realiza frente a su domicilio o en algún otro lugar público al que deba concurrir la persona denunciada”. No tuvo suerte de diccionario, sin embargo, otra palabra que los políticos argentinos, con sus desaguisados en serie ayudaron a crear, como “piquetero”, que nació en las puebladas de Cutral Co.
Los diccionarios de lunfardo hacen inmortales expresiones que en la RAE nunca se entenderán.
El diccionario de la RAE se va para el otro extremo al referirse a piquetero como “persona elegante, vestida a la moda. Referido a cosa, bonita o que está de moda. Referido a palabra o expresión, eufemística y que está de moda”.
En ese sentido, los diccionarios de lunfardo no han necesitado de debates académicos para definir con meridiana claridad expresiones tales como “agarrate Catalina que vamos a galopar” (anuncio de que han de producirse graves dificultades y que se debe estar preparado para afrontarlas), “alos pedos” (actuar o hacer algo muy rápidamente), “chorizo” (ladrón) o “con una mano adelante y otra atrás” (sin recursos, falto de dinero). Ninguna de ellas jamás perdió vigencia


