Algunas prácticas habituales dañan la superficie de los vehículos y dejan marcas. Los secretos para una limpieza correcta.
Lavar el auto es una tarea habitual y rutinaria en la vida de miles de personas. Sin embargo, ya sea por ignorancia o descuido, se suelen cometer errores muy comunes que terminan provocando daños en la pintura, pérdida de brillo y pequeñas marcas que, con el paso del tiempo, se vuelven cada vez más visibles.
La pintura de los vehículos no está preparada para soportar cualquier producto ni método de limpieza. Por eso, no alcanza con mojar el auto, colocar jabón y pasar un trapo. La elección del producto, el momento del lavado y los elementos utilizados para limpiar y secar son fundamentales para conservar la superficie en buenas condiciones.
Usar jabón común para lavar el auto, un error tan grave como común
Entre los errores más frecuentes aparece uno especialmente perjudicial: utilizar jabón común o doméstico.
Un estudio publicado en la revista académica Materials Sciences and Applications midió con microscopía electrónica que este producto genera hasta seis veces más degradación en la capa transparente de la pintura que un jabón formulado para vehículos.
La Asociación Americana del Automóvil (AAA, por sus siglas en inglés) advirtió que el jabón de platos “puede eliminar la cera protectora y resecar la pintura, dejándola más vulnerable”.
Lo correcto, según precisa, es usar un jabón de pH neutro formulado para superficies automotrices. Los productos diseñados para lavar vehículos buscan eliminar polvo, barro, restos de insectos y suciedad sin ejercer una acción excesivamente agresiva sobre las capas protectoras.
Esto no significa necesariamente que lavar una vez el auto con jabón o detergente doméstico vaya a destruir inmediatamente la pintura. El problema aparece cuando se convierte en una práctica habitual. La eliminación repetida de las capas de protección deja la superficie más expuesta a los rayos ultravioleta, la contaminación, los residuos de la calle y otros agentes ambientales.
Lavar el auto bajo el sol, una práctica no recomendable
Otro error muy frecuente es lavar el vehículo cuando está directamente expuesto al sol. Aunque pueda parecer que las altas temperaturas ayudan a que el agua se seque más rápido, justamente esa rapidez se convierte en uno de los principales problemas.
Cuando la carrocería está caliente, el agua y la solución de lavado se evaporan antes de que sea posible enjuagarlas correctamente.
Al desaparecer el agua, quedan sobre la superficie minerales y otros residuos que estaban presentes en ella. El resultado son las conocidas marcas o manchas de agua.
Por este motivo, la AAA recomienda lavar el auto a la sombra y o cuando baje la temperatura, ya sea a primera hora del día o al atardecer.
También es conveniente trabajar por sectores, manteniendo húmeda la superficie y evitando que el agua o el producto de limpieza se sequen sobre la pintura. “Enjabona una parte y luego enjuágala con agua. Repite eso alrededor de todo el auto”, señalaron desde la AAA.
Evitar trapos viejos, esponjas de cocina y toallas comunes
Aunque parezcan inofensivos, trapos viejos de algodón, esponjas de cocina o toallas de tela ordinaria generan microabrasiones que, con el tiempo, producen un acabado opaco y marcas circulares en la pintura.
La razón principal es que estos materiales atrapan partículas de suciedad entre sus fibras. Cuando se pasan por la carrocería, esas partículas se desplazan sobre la superficie y actúan como material abrasivo.
La AAA y varios talleres especializados coinciden en que los paños de microfibra son la única opción segura tanto para lavar como para secar: absorben con eficacia, no retienen partículas abrasivas y toleran múltiples lavados sin perder sus propiedades.
La técnica de los “dos baldes”, clave para la limpieza y el cuidado
Uno de los errores más extendidos entre quienes lavan el auto en casa es usar un solo balde con agua jabonosa. Cada vez que el paño o la manopla de lavado se devuelve al recipiente, arrastra la suciedad retirada de la carrocería, que luego se redistribuye sobre la superficie y actúa como lija sobre la pintura.
El método correcto, según documentó Precision Automotive de Nueva York, consiste en usar dos baldes: uno con agua jabonosa limpia y otro solo con agua para enjuagar la manopla antes de volver a introducirla en el jabón.
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