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Caso Ávalos: las changas ilegales de los militares y el desvío policial

Se cumplen 19 años de la desaparición forzada del joven estudiante y se avanza en la trama que llevaron adelante los esbirros del dueño y el encargado de Las Palmas.

Los militares no podían brindar servicios de seguridad en Las Palmas. Un empleado de Comercio del municipio, que tenía que controlar, trabajaba para el dueño del local y la Policía en su primer pedido de búsqueda ubicó a Sergio afuera del boliche cuando sus amigos habían declarado que entró.

Todos los detalles que figuran en el expediente, permiten darse una idea de que hubo una confluencia de factores que conspiraron contra la investigación. Y como es sabido: en todo crimen, el tiempo que pasa es la verdad que huye. Por eso, repasamos detalles viejos y nuevos a 19 años de la desaparición forzada el estudiante de la UNCo, Sergio Daniel Ávalos.

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La ley que regía al personal de seguridad privada impedía y lo sigue haciendo, que efectivos de las Fuerzas Armadas trabajen prestando servicio mientras están en actividad. Una vez retirados no hay mayor inconveniente.

Cuando el 14 de junio de 2003 Sergio Ávalos ingresó a Las Palmas, cuyo dueño era Pedro Nardadone y el encargado Patricio Sesnich, contaba con personal de seguridad.

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Esa estructura estaba compuesta por militares, algo totalmente ilegal, y policías que realizaban adicionales, esto sí está permitido.

Todos sus nombres los dimos a conocer un día como hoy de 2019, rompiendo el tabú que había sobre la identidad de los sospechosos de la desaparición forzada de Sergio Ávalos.

En 2020, tras asumir la querella Sergio Heredia y Leandro Aparicio, dispararon como dato inicial la irregularidad de los militares dentro del boliche. Ese tema latió en un momento de la investigación, pero nunca se desglosó del todo. Incluso en 2003, el jefe de la Policía Juan Carlos Lezcano, solo se limitó a responder: “no voy a opinar sobre ese particular”.

Lo cierto es que desde la querella aseguran que la fiscal que tuvo el caso, Sandra González Taboada, “había orientado bien la investigación y mandó a pedir información clave sobre los militares”, confió Heredia.

El pedido se realizó a Seguridad Personal de la Policía, que el día 26 de junio de 2003 remitió el oficio 450 al Batallón de Ingenieros de Montaña 6 que respondió el mismo día con una celeridad inusual.

Esto lleva a pensar que podrían haber sido alertados por policías o que la presión del caso los obligó a tener una respuesta rápida.

Lo cierto es que el Ejército en su respuesta admite, sin decir, la irregularidad. Repasemos los nombres.

El suboficial principal Sergio Daniel Torres, venía de Campo de Mayo y “trabaja en Las Palmas desde el 15 de enero de 1995”.

El sargento ayudante Osvaldo Daniel Carracedo, conocido como “Mono con Rabia”, apodo que se ganó por sus reacciones extremadamente violentas, venía del hospital de Bahía Blanca. “Trabaja en Las Palmas desde el 15 de julio de 1998”.

El sargento ayudante Roberto Alejandro Costa provenía de la Escuela General Lemos y “trabaja en Las Palmas desde septiembre de 1999”.

La cabo María Alejandra Siboldi provenía de la Escuela de Suboficiales General Lemos y “trabaja en Las Palmas desde el primero de mayo de 2003”.

Por último, el cabo Diego Alberto Herman venía de la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral y “trabaja en Las Palmas desde el 25 de mayo de 2003”.

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El documento oficial lo firmó el Teniente Coronel Walter Ovidio Temperini, jefe del Batallón de Ingenieros de Montaña 6, y como quedó expuesto, admitió que trabajaban en Las Palmas.

Temperini aclaró al final del escrito: “En la Institución no figura ningún tipo de registro debido a que los causantes hacen ese tipo de trabajos luego del horario de actividad de la unidad en forma particular”.

Es decir, nunca pidieron autorización ni informaron a la superioridad, según lo que firmó Temperini. Suena poco creíble que en el Ejército, institución verticalista donde se pide permiso hasta para ir al baño, seis miembros tuvieran una changa ilegal sin que las autoridades lo supieran. Algunos llevaban 8 años y otros meses, pero sus superiores no lo sabían. ¡Raro no!

El querellante Sergio Heredia, en este aspecto vuelve a reiterar: “la legislación impedía que trabajaran los militares en el boliche y lo estaban haciendo”.

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¿Quién contralaba?

La pregunta se cae de madura: el municipio, que es el encargado de dar las autorizaciones comerciales y hacer un seguimiento para que se cumplan las normativas.

Pero si la Municipalidad tiene que controlar, ¿por qué un empleado del área de comercio, Eugenio Alejandro Tarifeño, trabajaba en el local? Esto, además de ser irregular, alienta la idea de una presunta connivencia entre municipio y boliche.

Tarifeño, por ser parte del staff de Las Palmas, sabía que habían militares trabajando dentro del local y eso representaba una irregularidad que nunca denunció.

Vale recordar que Tarifeño fue el hombre que apareció con su mano lesionada días después de la desaparición de Ávalos, dato para nada menor.

Como tampoco es un dato menor que desde hace varios años Patricio Sesnich, encargado de Las Palmas al momento de la desaparición forzada de Sergio, trabaja en el área de Comercio de la Municipalidad. ¿Casualidad?

Hay muchos datos que bien hilvanados ayudan a construir una red complicidades plagadas de esbirros que respondían a Nardadone y Sesnich por esos años.

caso avalos - Patricio Sesnich

El desvío

El boliche que tenía para la época un sofisticado sistema de cámaras para controlar el ingreso y egreso de personas y cada una de las barras, esa noche la grabadora sufrió de un problema técnico y no quedó nada registrado. ¡Qué extraño!

Ese detalle, tomó Nardadone para salir a decir a los medios que Sergio no había entrado, pese a que todos sus amigos contaron todo lo contrario. En la actualidad, la Justicia Federal y la querella no tienen ningún tipo de dudas de que Sergio ingresó al boliche y de ahí lo desaparecieron.

Pero algo pasaba en ese junio de 2003. Una semana antes, de que Sergio fuera atacado dentro de Las Palmas, el personal de seguridad le había dado una golpiza a una joven a la que le desfiguraron el rostro.

Sesnich, al que todos le decían Pato, supo tras la denuncia pública de la chica que el margen de acción de sus violentos patovicas estaba condicionado y que otro incidente le podría costar semanas de clausura, por lo tanto pérdidas millonarias.

De ahí la teoría que cuando lo golpearon y mataron a Sergio resolvieron hacer desaparecer su cuerpo y con las fuerzas de seguridad se selló un pacto de silencio.

Dicho pacto no solo tambalea sino que se fractura a la luz de testimonios vitales que logró sumar la querella de los Ávalos.

En este punto, a Sesnich lo rodean los testimonios de sus propios empleados que confirmaron que “El Pato sabía todo lo que pasaba en el local” y describieron que andaba con un handy para todos lados, visualizaba las cámaras en su oficina que estaba pegada al ingreso de la taquilla y de frente a la enfermería. Sesnich controlaba todo el movimiento de la taquilla, de las barras y también la seguridad.

Tenía estrategias de control hasta de cada trago que se entregaba, pero justo esa noche no advirtió nada de lo que hacían sus esbirros de la seguridad con Ávalos.

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Correr la mirada

¿Qué aportó la Policía a esta trama? Intentar correr la mirada y la atención que había sobre boliche. Al menos así quedó plasmado en el primer pedido de ubicación de paradero de Sergio Daniel Ávalos.

En el mismo, dan todos los datos que brindaron sus compañeros de residencia y familiares respecto de la descripción de Sergio, incluso el rasgo particular de la movilidad reducida de su brazo izquierdo y como vestía esa noche.

Pero, la Policía va a omitir un detalle. El Departamento de Seguridad Personal concluyó el pedido señalando: “salió de su vivienda el día 14 de junio de 2003 a las 3:10 con destino al local bailable ubicado en calle Primeros Pobladores”.

El dato es cierto, fue de la residencia al boliche, pero la Policía omite que fue visto por última vez en el interior del local bailable. Al dejar a Sergio afuera de Las Palmas alimentaron los dichos de Nardadone que aseguró que nunca había entrado.

Así las cosas, a 19 años de la desaparición forzada de Ávalos, todo sigue centrado en el círculo de poder del boliche Las Palmas donde sus manejos eran por demás violentos e irregulares.

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