"Alicia era un ángel, le dolía la pobreza y luchaba por un mundo mejor, por eso la esperaron agazapados para llevársela", afirmó Sara Mansilla, presidenta de la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH) de Neuquén, durante el acto en el que se colocó una baldosa en homenaje a Alicia Pifarré, secuestrada el 9 de junio de 1976, a los 23 años, durante la última dictadura militar y desde entonces se encuentra desaparecida.
La baldosa, emplazada este mediodía en la calle Independencia al 400 de esta ciudad, fue una iniciativa de la Subsecretaría de Derechos Humanos, Diversidad y Pluralismo Cultural de la Municipalidad de Neuquén. En el acto estuvieron presentes integrantes de la APDH, de HIJOS Alto Valle y Neuquén y de la Asociación de Actrices de Neuquén, además de diputados y concejales.
Mansilla señaló que Pifarré fue secuestrada "por un sangriento golpe militar, donde quedó demostrado que se instaló el Terrorismo de Estado, un plan sistemático de desaparición de personas”.
En tanto, Fabio Bringas, subsecretario de Derechos Humanos, Diversidad y Pluralismo Cultural de la municipalidad, explicó que "se ofreció ese lugar por sugerencia de su hermano Joaquín, a quien le informamos de la existencia de la ordenanza que establece la visibilización del terrorismo de Estado, le indicamos los lugares donde había baldosas y eligió ese lugar, donde está la baldosa de Oscar Andrada".
"Alicia era un ángel, le dolía la pobreza y luchaba por un mundo mejor, por eso la esperaron agazapados para llevársela", describió Sara Mansilla, presidenta de la APDH Neuquén,
Pifarré nació el 29 de noviembre de 1952 en la capital neuquina y fue secuestrada a metros de la casa de sus padres en Talero al 200. Era una reconocida actriz de la región, integró el grupo músico-teatral “Génesis” y la regional Comahue de la Asociación Argentina de Actores en 1973. Además militaba en el PRT-ERP.
Unas horas antes de su secuestro, Pifarré se había enterado de la desaparición de algunos de sus compañeros de teatro como Lucio Espíndola, Darío Altomaro, Alicia Villaverde y Susana Mujica. La noche del 9 de junio de 1976, un grupo de tareas al mando del Inspector de la Policía Federal, Miguel Angel Cancrini, ingresaron a la vivienda de sus padres, en Talero al 200, y la revisaron. Mientras tanto, su hermano Joaquín Pifarré estaba boca abajo sobre una cama con un arma apuntándole la cabeza.
Víctimas de la represión reconocieron la voz y los gritos de Alicia Pifarré cuando era torturada en el centro clandestino de detención "La Escuelita" de Bahía Blanca.
En esos momentos, Alicia Pifarré y su amiga Alicia Figueira fueron detenidas cuando pasaron con un auto frente a la casa. Pifarré fue trasladada el 16 de junio en uno de los vuelos nocturnos al centro clandestino de detención "La Escuelita" de Bahía Blanca, junto con otros secuestrados. En ese lugar, que funcionaba en el predio del V Cuerpo del Ejército de esa localidad bonaerense, otras víctimas de la represión reconocieron su voz y sus gritos mientras era torturada. Desde entonces, Pifarré continúa desaparecida.
Cancrini es uno de los quince imputados en el juicio y reconocido por el hermano de Alicia como una de las personas que ingresaron a su casa.
“No fue fácil vivir después de lo que nos pasó. Yo seguí mi vida, me recibí, formé una familia pero mamá (Adelina) sufrió mucho, luchó cada día no solo por ella sino por los 30 mil desaparecidos hasta que murió”, afirmó Joaquín Pifarré durante una de las audiencias del séptimo juicio por delitos de lesa humanidad ocurridos en la región que se desarrolla en esta ciudad. Al referirse a su hermana, Joaquín señaló que “era una persona que quería ayudar a los demás, su objetivo era ver que los demás estén mejor”.
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