Indudablemente, los tiempos cambiaron y el vértigo de la tecnología de las comunicaciones va demasiado rápido. Al menos más rápido que las acciones que se llevan adelante en una campaña política a la gobernación.
En Neuquén, a un mes de los comicios para elegir a la máxima autoridad de la provincia, las campañas de todas las fuerzas políticas prácticamente no se sienten y todavía no tienen demasiado eco en la opinión pública.
Las vacaciones de verano y el desinterés de una parte de la gente generan un extraño fenómeno: la dirigencia política vive una efervescencia en su propia burbuja sin que todo ese caudal de información, que debería contagiar a los ciudadanos, llegue de alguna manera al electorado.
Las redes sociales juegan su propio juego en el que se debaten todos los temas posibles, pero apenas hacen mención a lo que diga cualquier candidato, salvo por los propios militantes de las distintas fuerzas políticas que tratan de hacer un lugar en sus posteos, aunque con más frases hechas y panfletos que parecen desempolvados de la década del 80, que con propuestas claras, precisas e inteligentes.
Es probable que además del fenómeno de las redes, el factor del verano haya condicionado en gran medida esta campaña que, al menos hasta ahora, es tan liviana como anodina.
Lo cierto es que en Neuquén todavía no se respira política y el electorado parece estar todavía en otra cosa.
¿Cambiará este fenómeno en febrero o seguirá todo igual hasta el día de las elecciones, el 10 de marzo? Veremos qué pasa. Queda poquito más de un mes. Casi nada.


