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Con barbijos, cortaron las rutas neuquinas en el primer piquete del coronavirus

Son 52 trabajadores que se mantienen sobre la 22 a la espera de soluciones. En total hay 238 empleados afectados por la falta de pago.

Por Sofía Sandoval - ssandoval@lmneuquen.com.ar

El cuatro de mayo iba a ser el punto final para el conflicto. Los 238 operarios de la mina de Andacollo, al norte de la provincia de Neuquén, iban a cobrar los dos salarios adeudados para volver a sus guardias mínimas bajo tierra. Tenían la palabra del propio gobernador. Pero sus cuentas bancarias no se movieron y ese mismo día, decidieron volver a la capital para exigir respuestas.

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La semana anterior, los mineros ya habían estado en la ciudad de Neuquén y habían regresado a casa con sabor a triunfo. El martes, y ante el fracaso de las negociaciones, decidieron recorrer otra vez esos 500 kilómetros de distancia para golpear las puertas de la Casa de Gobierno. Eran 52 trabajadores a bordo de camionetas, grandes camiones y autos particulares.

A una hora de la meta, a la altura de Arroyito los detuvo un gran despliegue de Gendarmería. No había forma de llegar a la capital y los mineros habían decidido no volver a casa con las manos vacías. Así empezó el primer piquete en plena cuarentena por el coronavirus. Con barbijos y alcohol en gel, se decidieron a pasar las heladas nocturnas a la vera del camino e interrumpieron el tránsito a los pocos vehículos que cruzaban por la ruta nacional 22.

Las camperas rojas que el verano pasado les entregó la minera Trident Southern Explorations, apenas les servía de abrigo para las temperaturas que rozaban los cero grados centígrados. Los 51 hombres y la única mujer manifestantes se refugiaban en el interior de los vehículos o al amparo escaso de unas ramas raquíticas que encendieron.

En ese punto de la ruta, y en medio de la desolación de la meseta, hay una construcción de ladrillo a visto y techo de zinc. Es un parador que funciona en los terrenos de un viejo sembradío de papas, por lo que la cantina adoptó el nombre de “El Papero”. Sus encargados no tardaron en divisar la protesta y se apuraron a freír empanadas que repartieron entre los manifestantes.

“De acá no nos movemos hasta que nos den una solución”, escribieron en una lona con pintura en aerosol. Y su bandera no tardó en ser levantada por otros. Las obreras textiles de la cooperativa Traful Newen, que consiguieron su propia fábrica tras pasar 10 meses de lucha en la ruta, se solidarizaron con su causa y les confeccionaron los barbijos blancos que cubren el rostro de los mineros, y que reemplazan los viejos pañuelos piqueteros.

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Con barbijos, los mineros esperan respuestas en Arroyito. 

Con barbijos, los mineros esperan respuestas en Arroyito.

Los ceramistas, famosos por su lucha en la fábrica Zanón, optaron por manifestarse en Casa de Gobierno para reclamar que las autoridades les den una solución. Los acompañó el gremio docente ATEN, conmovidos por la presencia de los mineros en Arroyito, justo a la altura en la que, 13 años atrás, asesinaron al maestro Carlos Fuentealba en otro acto piquetero.

Aunque el contexto de aislamiento se tradujo en guardias mínimas para los operarios de la mina, que sólo extraían agua del subsuelo y hacían mantenimiento de los equipos, el delegado Sergio Fuentes aclaró que la falta de extracción de oro se daba, en realidad, por falta de inversiones.

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A través de comunicaciones virtuales, el gobierno apuró las gestiones para juzgar a la compañía, y en los últimos días anunció que la firma Trident ya no ostentaría la concesión de la mina de Andacollo. Así, quedaba otra vez trunco el sueño de extraer oro del subsuelo neuquino y un nuevo interrogante para los mineros, que aún no cobraron y siguen desafiando la pandemia con un corte de ruta.

“Esto es una tomada de pelo para los trabajadores; tuvimos toda la paciencia del mundo”, dijo Fuentes tras aclarar que no van a moverse del piquete hasta que no les paguen los salarios de marzo y abril. En Andacollo, ese oasis verde en medio de la aridez de la precordillera, quedaron la suya y otras 237 familias, con deudas en el alquiler y en la tarjeta de crédito. “No podemos esperar más”, se quejó.

Esta nota fue escrita en el marco de la beca Cosecha Roja.

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