Coronavirus en Añelo: la lucha de un joven hipoacúsico para comunicarse con tapabocas
Por Alvaro Nanton - [email protected]
Vladimir tenía algunos meses cuando su tocayo de apellido Putin llegó a la presidencia de Rusia en 2000. Ambos, además del nombre, comparten una pasión: el fútbol. Más allá del deporte en sí, los dos utilizaron al juego para comunicar. El neuquino, que es hipoacúsico, lo aplicó con sus amigos en su Añelo natal y el presidente sobre su gestión en la Copa del Mundo 2018.
El fútbol le ayudó a Vladimir Parada, de 22 años, en su relación con las demás personas. Su hermano, Maximiliano, lo catalogó como “elemental” en la formación de este joven que desde los 12 entrena con “sus amigos de toda la vida”.
El problema para relacionarse, cuando era un niño, tildó a Vladi -como le dicen en Añelo- como un niño conflictivo en el jardín. Su imposibilidad para hablar fue minorizada en los centro de salud de esa localidad, en donde le decían a su mamá que estuviera tranquila que ya iba a hablar.
“Cuando él tenía 4 años más o menos, mis padres se separan y Valdi se va con su mamá, quien lo ayudó mucho”, asegura Maximiliano, quien ofició de traductor en la conversación de esta familia con LMN. “Cuando la familia se parte, Estella lo comenzó a llevar a los médicos en Neuquén, en donde recién ahí le diagnosticaron la hipoacusia”, describió este hermano que tiene 25 años.
Las reacciones de violencia dentro del primer ciclo formativo de educación se relacionó a su imposibilidad de relacionarse. Pero todo cambió cuando se supo lo que tenía y se vieron reflejados en dos momentos clave: el fútbol a los 12 años y los audífonos a los 6.
“Con este deporte, él aprendió a relacionarse porque sintió que, por primera vez, el resto de las personas lo podían entender a él”, agregó Maximiliano y explicó: "Claro, en el fútbol no necesitamos de las palabras para poder hacernos entender. Con acciones, miradas y gestos, uno expresa deseos o movimientos, que bien comprendió Vladimir".
La implementación de la ciencia dentro de esta patología, le permitió poder esbozar las primeras palabras y hacerse entender. A los 6, le colocaron unos audífonos, en donde empezó a escuchar y reproducir conceptos sueltos. “Tardamos tanto en comprarle los audífonos, porque es un producto muy caro, al final la obra social absorbió los costos”, explicó.
Más allá que la tecnología lo ayudó para poder comunicarse, también le dio una "herramienta fundamental" para vincularse con las mujeres como "las redes sociales”: “Aún no trajo a ninguna novia a casa, pero bueno, siempre anda ahí charloteando”, describió, entre risas, Maximiliano.
A pesar de las barreras que significó vivir en Añelo, lejos de un centro de salud que pueda estar a la altura de la detección de todas las patologías, Vladimir siempre salió jugando de los problemas. Si bien su posición dentro de la cancha va por la banda derecha, de volante o defensor, su hermano lo cataloga como un “ganador”.
En la actualidad, se desempeña en la reserva de Club Atlético Añelo -último campeón de esa categoría- y trabaja en las oficinas de Catastro de la localidad. “Vladi es re social, acá en Añelo lo conocen todos y la pandemia casi que le cortó las piernas porque lo tiene encerrado y él es muy hiperactivo”, aseguró y describió que el uso de tapabocas le dificulta la comunicación a Vladimir porque él lee los labios y ahora, bajo esta pandemia, no puede.
La pandemia le cambió la vida
Leer los labios para Vladi es casi fundamental. La primera razón es que la lengua de señas necesita de la gesticulación de la boca para poder enfatizar los términos. La segunda es que los audífonos le permiten escuchar muy bajo, pero muchas veces debe apoyarse en la lectura de labios para terminar de comprender lo que le dicen. “Acá ya lo conocen, y cuando sale al mercado o algo, no tiene problemas, pero sí es una dificultad para comunicarse con él cuando estamos en la calle con tapabocas”, confirmó Maximiliano.
"A veces nos pide a nosotros que le anotemos alguna cosa en un papel, así cuando se acerca a un lugar, lo muestra y no tiene que atravesar la dificultad -o la imposibilidad- de comunicarse", agregó.
A su vez, por su empleo estatal, durante dos semanas y con días salteados le tocó ir trabajar en el ingreso de la localidad en medio de la pandemia a hacer los controles de rutina. Estos se realizaron las primeras semanas que comenzó el aislamiento preventivo, social y obligatorio, y constaban de medir fiebre y tomar datos. “Esta actividad no cambia mucho a la que hace dentro de Catastro, él archiva, ordena y se encarga del papelerío siempre importante dentro de esas oficinas”, agregó.
Pero, más allá de estas imposibilidades, Vladimir "perdió el contacto con los suyos". Los entrenamientos desaparecieron, la juntada de amigos también y el encierro le disparó la autoestima. "Para él es terrible, solo puede ir un rato a trabajar y nada más, el resto es encierro", lamentó Maximiliano, quien aseguró que "su hermano ama estar en la calle o en la casa de sus amigos".
La escuela de Vladimir: el mayor logro
Comenzó con una etiqueta de violento y terminó con una de “luchador”. En el medio, el ciclo escolar fueron varios años en los que este joven neuquino la peleó y estudió de manera diferente. Con la implementación del audífono, ya podía escuchar y aceleró el proceso formativo.
Las docentes tenían un micrófono conectado a la frecuencia de Vladimir, en donde podía escuchar todas las clases y rendir todos los exámenes de forma escrita. Bajo esa modalidad, y con el compromiso docente de las diferentes escuelas, Vladimir terminó la secundaria. “Lo del viaje de egresados no se puede contar mucho”, bromeó su hermano.
“Cuando terminó de estudiar, estuvo algunos meses buscando trabajo y consiguió dentro de la oficina de Catastro y está ahí hace un año y medio”, comenta su hermano, dándole un rol protagónico en la vida de Vladimir porque “el trabajo dignifica”.
Añelo y la pandemia
En su Añelo natal, Vladimir convive con sus dos hermanos, Maximiliano y Ulises (23), y su papá, Sebastián (68). “Está medio preocupado por el tema de la plata, le descontaron parte del sueldo. Sabe que no es una cosa indispensable, pero bueno aporta menos a la casa”, lamentó y describió Maxi que en esa localidad “está muy difícil la cosa" porque viven de las personas que trabajan en el petróleo y "ahora no están dejando entrar a nadie”.
“No hubo nunca desabastecimiento, pero sí falta de clientes. Añelo se paró completamente y se nota mucho en las calles”, planteó.
Maximiliano, además de ser en este caso el vocero de Vladimir, convivió, aprendió, padeció y disfrutó al lado de su hermano. Por eso, desde esa postura, desea cerrar con un mensaje: “Ningún problema nos tiene que atar”, y agregó: “Vladi es un ejemplo de vida, porque le pusieron muchas limitaciones y él es feliz con lo que tiene y siempre busca estar bien”. Y concluyó: “Hay que seguir el estilo de vida de él, así seríamos todos felices”.
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