Crearon el hogar de niños que soñaba hacer su hija

Son los padres de Fedra, que murió en el derrumbe de la Coope.

POR GEORGINA GONZALES / gonzalesg@lmneuquen.com.ar

Aquel 25 de octubre de 2012 la vida de Claudio Yáñez y Myrna Mellado dio el peor giro. Su hija, Fedra, murió en el derrumbe de una sucursal del supermercado de la Cooperativa Obrera. Pero esos cimientos quebrados no lograron llevarse los sueños de aquella joven solidaria que deseaba abrir un hogar de niños.

Luego de la pérdida de Fedra, sus padres se aferraron al trabajo solidario que hacía ella y, aunque no lo conocían todo, los amigos de la joven, que estudiaba en el Colegio Don Bosco, se encargaron de compartir con ellos los recuerdos del afán de Fedra para ayudar a los que más lo necesitan.

“Ella desde pequeña decía que quería tener un hogar como el de la serie de televisión Chiquititas. Esto no es Chiquititas, esto es real, los casos son reales”, afirmó Claudio.

Cumplir con lo que Fedra buscaba fue lo que los mantuvo en pie. Con el dolor aún en su cuerpo, esta pareja creó la Fundación Fedra –además de su hija, perdieron a dos de sus sobrinos en la tragedia de la cooperativa- y desde allí lograron abrir las puertas de un hogar de niños en su propia casa.

Dejaron su vivienda ubicada en Casilda 45 para convertirla en el hogar de niños con el que soñaba Fedra. Y aunque se alquilaron otra casa, pasan ahí la mayor parte del día, de lunes a lunes.

Luego de un año de investigar las necesidades que deben cubrir para asistir a niños judicializados, el 22 de octubre de 2014 lograron abrir el hogar donde actualmente viven 14 chicos de 0 a 12 años, quienes están lejos de sus familias e inmersos en un proceso judicial.

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“Acá vienen los chicos que tienen sus derechos vulnerados. El juzgado, junto con la defensoría, evalúa la situación del niño y, previo al trabajo con su familia y otros organismos de contención, si no pueden modificar las causas que originan que a esos niños se les vulneren sus derechos, la defensora pide un resguardo y ahí ingresan a los hogares”, explicó Vanesa Becerra, trabajadora social del equipo profesional que integra la fundación.

Atender a estos pequeños no es tarea fácil, pero ellos la eligen día a día y no la cambian. Lejos quedó su anterior vida, con trabajos “comunes”, para pasar a la actual, dedicados día y noche a acompañar el crecimiento de niños que sufrieron mucho.

“Esto fue un volver a empezar. Para nosotros fue una forma de continuar con la vida. ¿Cómo retomar una vida a partir de la ausencia de un hijo? Ayudando a estos niños pudimos seguir viviendo”, expresó Claudio.

Myrna confesó que “el dolor sigue siendo el mismo” y que hay días que son “insoportables”. “Pero esos días nos venimos temprano y seguro alguno de los chicos viene corriendo y te regala un ‘te quiero’ o ‘te extrañé’. Y yo siento que me lo mandó Fedra”, confió la mujer, quien siente que no tiene derecho a estar mal.

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Tarea diaria

La pareja llega al hogar todos los días alrededor de las 9. Myrna se pone a trabajar a la par de las operadoras, encargadas de atender a los pequeños.

Las tareas de la casa son muchas. Acompañar a cada uno en sus dolencias y llevarlos a la escuela y por la tarde a otras actividades. Algunos hacen futbol, las niñas danzas y arte y la más grande practica hockey y se prepara para viajar a Córdoba donde participará en un torneo.

Las habitaciones siguen siendo las mismas que cuando vivían allí junto a Fedra y a su hijo Maxi. Juguetes en el comedor, triciclos en el patio y ese olor especial que irradia la comida casera.

La pareja está lista siempre porque a cualquier hora puede ingresar una nueva criatura. Y esos son momentos duros. “Esos niños se encuentran con gente que no conocen, con cosas distintas y olores distintos. En esos momentos son sus mismos pares los que los reciben de la mejor manera”, contó la trabajadora social.

Aunque todos los que integran el hogar conocen los límites de su trabajo, la mamá de Fedra confiesa que es “imposible” no encariñarse con los niños. “Una vez que ingresan pasan a ser parte de la familia y todos trabajamos día y noche por ellos. Si no sintiéramos amor y cariño por esos pequeños no podríamos hacer este trabajo”, contó.

“Cuando llega un chico, llega llorando y lo único que le podés hacer es darle un abrazo y que se sienta protegido. Tenemos el caso de un nene de un año y un mes que estuvo tres días llorando sin parar. Por suerte ya está muy bien”, contó Claudio. Destacó que los libros “no te dicen cómo hacer para calmar el llanto de un niño que lo sacaron de su familia de origen”.

Myrna destacó el apoyo que brindan los mismos niños cuando ingresa uno nuevo. “Cuando llega un niño o niña asustado, son los chicos los que salen y le dicen ‘no te preocupes porque acá no te pegan, acá te cuidan’. Una de las nenas les decía: ‘Quedate tranquilo que acá comemos. Tenemos postre. Vamos de vacaciones’. Son ellos los que contienen a los que ingresan”, relató la mujer, además de admitir que siempre los esperan con algún regalito.

“Trabajar en Fedra es una forma de vida. Y la nuestra cambió notablemente. De tener trabajos normales, nos trasformamos en cuidadores de niños, somos niñeros. La tarea que llevamos adelante a veces uno no la dimensiona, y a veces nos hacen visualizar que es grande. Se resolvieron muchos casos y en eso de resolver casos estamos resolviendo la vida de un niño. Ese fue nuestro motor para iniciar esto. Si podemos ayudar a uno, bienvenido sea, y si podemos ayudar a 100, mejor”, afirmó Claudio.

--> Proyectan abrir un centro integral de atención a la niñez

Cuando los padres de Fedra proyectaron la apertura de un hogar de niños, realizaron un relevamiento previo en otros hogares, principalmente en el Hogar Misericordia, cuya directora, la hermana Fátima, fue un pilar fundamental para motivarlos y orientarlos para emprender la tarea.

Con el hogar ya en funcionamiento y siendo parte de la red del sistema de protección de la niñez en Neuquén, a través de la fundación pudieron firmar un convenio con la Provincia por el cual les dan un aporte mensual que está totalmente dedicado a pagar los salarios.

Todos los demás gastos salen de los fondos que se recaudan a través de la Fundación Fedra.

Además, el Municipio les donó un terreno en donde planean construir una sede que sea un centro integral de atención para la niñez, con espacios terapéuticos, como fonoaudiología y psicología, entre otros.

Este centro integral estará dirigido a aquellos niños que se encuentren judicializados y necesiten asistencia y también será abierto al resto de la comunidad.

Ya cuentan con el plan de obra que contempla seis consultorios y un espacio recreativo en la sala de espera.

En algún momento pensaron en trasladar el hogar a ese nuevo edificio pero desistieron de esa idea ya que los chicos sienten como su casa propia donde viven en la actualidad.

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