El clima en Neuquén

icon
21° Temp
23% Hum
La Mañana viuda

Crimen de Belarde: la viuda que pese al dolor se hizo policía

SEGUNDA PARTE: Tras el asesinato del Lauchita, Norma Botta, descendió a un oscuro pasaje de su vida donde llegó a colarse en el cementerio de Cutral Co por las noches para dormir sobre la tumba. Su hijo fue clave para poder seguir respirando y salir adelante.

El crimen del Juan "Lauchita" Belarde, a su pareja, Norma Botta, la desgarró por dentro a tal punto que perdió a las pocas horas el embarazo. Ese 31 de enero de 1994 se habían enterado que al hijo de 8 meses que tenían se iba a sumar una nena que llevaba cinco meses de gestación. En menos de 72 horas, Norma perdió a Juan y la nena, la situación traumática la llevó a pasarse meses colándose en el cementerio para quedarse a dormir sobre la tumba de su amado.

Pese al largo y doloroso duelo, ella siempre soñó con ser policía y terminó ingresando a la Institución.

Te puede interesar...

Hoy, no solo cuenta su drama a LMN sino también aquellos cortos años felices: "nosotros estábamos empezando a volar y nos bajaron de un hondazo".

Hace solo unos meses festejó los 50 años y en 2017 finalmente se retiró de la Policía. Ahora, disfruta de sus nietos, pero no olvida al Lauchita. Durante la extensa charla, se ahoga, se amarga, llora y jura que ni un segundo ha dejado de extrañar al amor de su vida.

WhatsApp-Image-22021-04-28-at-12.28.jpg

De saluditos y chamuyo

"A Juan lo conocí cuando era un pibe más. Él vivía en las 500 viviendas y bajaba por la calle San Martín al 800 donde yo vivía con mis padres y siempre nos veíamos. Cuando ingresó a la Policía yo me lo terminé encontrando en la guardia cada vez que tenía que ir a hacer algún trámite", recordó Norma que por ese entonces anhelaba ingresar a la Policía y cada tanto acudía a preguntar si se habían habilitado el cupo femenino.

Eran principios de los 90 y ambos coincidieron en el colegio nocturno 43 de Cutral Co donde acudían a terminar la secundaria.

"Cuando salíamos del colegio nos íbamos caminando juntos. Él me acompañaba hasta cerca de mi casa y seguía hasta la suya. Yo le ayudaba con algunas tareas cuando llegaba tarde por el trabajo”, rememora.

La química estaba en el aire y parecía inevitable el noviazgo. “Un día salimos tipo 0:30 del colegio. Él estaba uniformado y veníamos charlando y me preguntó si quería ser su novia, recuerdo que le dije: '¿De un Policía? ¡Uh!' Y me dijo que a las mujeres las seducía el color azul de la Policía. Yo le dije que lo único que yo quería es que no me truncara mi sueño de entrar en la Policía", la charla se extendió y finalmente sellaron la relación con unos besos en la penumbra.

"Lo que me sedujo de Juan fue que era muy atento, muy cariñoso, reservado, respetuoso y buen compañero”, destacó Norma que recordó que poco tiempo después "nos hicimos la rata del Nocturno y nos fuimos a la casa del hermano de él, que sabíamos que no estaba, y ahí fue que terminamos embarazados", ríe Norma a la vez que afirma que a su hijo Gabriel Alejandro no lo apodaron por suerte “Rata”.

WhatsApp-Image-2021-04-29-at-16.36.jpg

Los años felices

Ni bien supieron que esperaban su primer hijo, tomaron la decisión de irse a vivir juntos. Norma trabajaba desde los 17 años por lo que de a poco había comprado cosas pensando que en algún momento se iría a vivir sola.

"Yo tenía casi todo, heladera, cocina y él tenía solo un bolsito con ropa y un radiograbador en el que escuchábamos los cassettes de Juan Gabriel y Ana Gabriel (cantantes melódicos de la época) por eso fue que le pusimos Gabriel a nuestro hijo", explicó Norma.

Al principio, vivían sobre calle San Martín en una piecita cerca de la casa de los padres de ella. "Yo solía ir todos los días a cocinar a la casa de mis papás y le llevaba y dejaba comida en la Comisaría 14", recordó.

De ahí, surge la famosa chanza que le hacían a Belarde sus compañeros de trabajo. Norma le llevaba unos contundentes sanguches de milanesa y cuando sus compañeros lo veían abrir grande la boca, le decían que era uno de los lagartos de “V Invasión Extraterrestre” una serie que fue furor en los 80.

En esos cortos años que pasaron juntos, Norma y Juan se mudaron a una casita en la calle Rivadavia al 1100 y allí solían recibir a los compañeros de trabajo del Lauchita que se pasaban horas jugando en la consola Family Game al Mario Bross. De hecho, "cuando se reunían a comer un asado en la casa de cualquiera de los compañeros, la única mujer que iba era yo. Era un grupo humano hermoso el que se había formado".

Tras tener a su hijo Gabriel, que hoy tiene 27 años y ya le dio nietos, el Lauchita infringió el término de la cuarentena posparto y ahí fue que Norma quedó nuevamente embarazada.

WhatsApp-Image-2021-04-28-at-12.28.jpg

Vida y muerte

"Esa mañana (del 31 de enero de 1994), yo le pedí que no se olvidara que teníamos turno para la ecografía que me había pedido el médico como control de rutina. No sabíamos nada que yo estaba embarazada", confió Norma que cruzó en colectivo la ciudad para ir a la casa de los padres a dejar al nene y de ahí se fue en bicicleta se fue hasta la clínica.

El Lauchita llegó unos minutos tarde y ahí se enteraron que venía una nena en camino. "Estaba tan contento que me pidió el estudio para mostrarle a su compañero (Carlos) Teto Medina porque él iba a ser el padrino. De la clínica él volvió a la comisaría a trabajar y yo a los de mis papás. Luego, al mediodía le llevé la comida, pero me dijeron que no estaba que había concurrido a un procedimiento en las 450.

"Cuando se escucharon los primeros tiros, yo estaba acostada en la casa de mis padres, dándole la teta al nene. Incluso dije: 'ahí están de nuevo a los tiros en las 450'. Al rato, tocan el timbre de la casa y aparece el hermano de Juan con otra agente gritando: '¡mataron al juancito!'. Yo salí corriendo como estaba, en pantalón corto y corpiño, hasta las 450 que quedaban a siete cuadras. Las chancletas se me rompieron en el camino y seguí descalza", describió Norma.

Al llegar al lugar donde todavía continuaban los tiros la mujer fue atajada por uno de los compañeros que le dijo que al Lauchita lo habían llevado al hospital. Como todos estaban en el procedimiento y nadie pudo llevarla, siguió a pie llorando camino al centro asistencial.

"Cuando llegué al hospital, un compañero de Juan se sacó la camisa y me cubrió. Yo pedía a gritos poder verlo, pero no me dejaron entrar y me dijeron que ya estaba muerto", recordó.

Recién a las 2 de la madrugada del primero de febrero, en la ex sede de Tránsito que se ubicaba en el ingreso a la comarca, volvió a encontrarse con su pareja, pero estaba vez venía adentro de un ataúd. "Ni bien sacaron la tapa, yo le tomé la mano y no me aparté ni un segundo de su lado", a partir de ahí Norma pasó a ser la viuda de Belarde.

Una caravana infinita acompañó el féretro hasta el cementerio de Cutral Co el mediodía del 2 de febrero.

WhatsApp-Image-32021-04-28-at-12.28.jpg

En caída libre

Pero cuando uno cree haber tocado fondo, no advierte la posibilidad de seguir cayendo. Y Norma estaba en caída libre. La tristeza, el shock, la ausencia de descanso, la falta de sueño y esa angustia infinita se profundizaron aún más cuando el 3 de febrero a la madrugada sintió fuertes puntadas en el estómago y cuando llevó al baño: “sentía algo calentito que bajaba por mi pierna y ahí se produjo un aborto espontáneo. Me puse a llorar y me dije: ‘no se quiso quedar conmigo, se fue con su padre’”, detalló la dramática escena.

Ese verano del ’94 se transformó en un profundo invierno para Norma. “No podía con todo. Era muy duro. Estuve durante varios meses yendo al cementerio cuando estaba por cerrar y me colaba para quedarme a dormir sobre su tumba. Un móvil de la policía pasaba casi todas las noches y los compañeros me levantaban y me llevaban a casa”, contó la mujer agradecida.

Ese largo invierno tuvo una primavera. El 21 de septiembre de 1994, Norma ingresó a la Policía a desempeñarse en la Comisaría 14, la misma donde trabajaba Juancito. Al sueño de ser policía no renunció ni siquiera cuando lo asesinaron a su pareja y padre de su hijo.

Durante años, su nombre no fue Norma, sino la viuda de Belarde. Pero quienes habían sido compañeros del Lauchita la trataban como a uno más, la cuidaban y siempre estaban a pie de cañón para lo que necesitara.

Una buena noticia tuvo en diciembre de 1994. “Nos entregaron la casa que veníamos pagando con Juancito en las 176 viviendas, en el barrio Progreso. Donde hoy vivo en la actualidad”, confió.

Quemar el pasado y seguir respirando

Norma siguió con su duelo, que le costó 10 años, pero su hijo Gabriel fue un pilar muy necesario para sacarla de esa extendida desolación.

“Yo tenía la ropa guardada de Juan, la que tenía puesta al momento del crimen. Estaba la marca de la bala y las manchas de sangre. Cada tanto lloraba y la abrazaba. Hasta que un día mi hijo se cansó de verme así y agarró todo, lo tiró adentro de un tacho y lo prendió fuego. Al principio me enoje, pero en el fondo fue liberador”, reconoció Norma.

Casi 20 años después del crimen pudo volver a retomar una relación, pero siempre dejó en claro que Juan Belarde era el amor de su vida y todos los aniversarios acude al cementerio a limpiar la tumba y renovar las flores.

Ahora, a sus 50 años, ya retirada de la Policía, se dedica a disfrutar de sus hijos y aprovechar los días, pero sin olvidar a ese joven muchacho que amó y lo asesinaron a quemarropa el 31 de enero de 1994.

Lo más leído

Leé más

¿Qué te pareció esta noticia?

15.527950310559% Me interesa
76.39751552795% Me gusta
3.7267080745342% Me da igual
1.2422360248447% Me aburre
3.1055900621118% Me indigna

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario