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La Mañana mundial

Cuando la guerra no paró la pelota

Mientras cientos de jóvenes argentinos morían luchando en los últimos combates en las Islas Malvinas, los jugadores de la selección argentina entraban al Camp Nou para iniciar su participación en el Mundial de Fútbol de España.

Con figuras como Diego Maradona, Mario Kempes, Daniel Passarella, Daniel Bertoni, Osvaldo Ardiles, entre otros, el 13 de junio de 1982, mientras cientos de jóvenes morían en los últimos combates, la selección argentina de fútbol debutaba con una derrota 1 a 0 ante Bélgica en el partido inaugural del Mundial de España.

“La imagen de estos jóvenes argentinos enfilados, formados con uniforme patrio y a punto de cantar el himno nacional el 13 de junio de 1982 bajo un poderoso sol ibérico digno de plaza de toros, no puede ser más prometedora. Este equipo no puede perder (…) La Selección, cara al sol con la esperanza nueva. Y los belgas, a quién le ganaron los belgas de Scifo y Ceulemans”, escribió Juan Sasturain en el libro “La patria transpirada”, en el que recorre los mundiales que disputó Argentina.

Ese mismo día, como lo venían haciendo desde jornadas anteriores, los británicos desplegaron un feroz avance sobre las posiciones argentinas. En las trincheras, los soldados argentinos sentían cada vez más frío como también la intensidad de los bombardeos, las explosiones constantes, los tiros, las balas que se cruzaban, los cañonazos de artillería, y los heridos que se arrastraban buscando el resguardo detrás de una roca.

En medio del desorden, la confusión, sin recibir instrucciones de sus jefes, con el solo objetivo de salir con vida de la guerra como se podía, algunos soldados escucharon a lo lejos, a través de una radio, que la selección comandada por César Luis Menotti había perdido. Pero la concentración en ellos estaba en esperar la orden de replegarse por parte de los superiores y correr para no ser alcanzados por las bombas. Más de uno de esos jóvenes que esperaban que esa maldita guerra terminase y que ni siquiera habían aprendido a disparar un arma pensaron en ese momento: “Estos hijos de puta viajaron a España a jugar al fútbol y nosotros acá cagándonos a tiros y con hambre”.

Algunos de los ex combatientes recordaron que el peor bombardeo fue a la misma hora que el partido de Argentina. Uno de ellos fue Marcelo Rosasco que estaba en una trinchera cuando Erwin Vandenbergh marcó el gol con el que Bélgica le ganó 1 a 0 a la selección de Menotti, precisamente un día antes de la rendición en Malvinas.

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Algunos de los ex combatientes recordaron que el peor bombardeo que sufrieron fue a la misma hora que el partido de Argentina frente a Bélgica en la inauguración del Mundial de Fútbol de España.

Algunos de los ex combatientes recordaron que el peor bombardeo que sufrieron fue a la misma hora que el partido de Argentina frente a Bélgica en la inauguración del Mundial de Fútbol de España.

“Estábamos cargando municiones para que un Unimog los llevara a Monte Longdon, la zona de combate donde se definió el conflicto. Y de repente nos dijeron que fuéramos a los refugios, a las trincheras. Había riesgo de que explotaran bombas en la posición en esa que estábamos. Ahí habíamos encontrado una radio vieja, que evidentemente había dejado algún soldado argentino. Es probable que la haya conseguido en la casa de un kelper. Nosotros, éramos siete u ocho, empezamos a jugar con los cables hasta que sintonizamos el partido: lo relataba el Gordo Muñoz… Cuando hizo el gol Bélgica me puse a putear, estaba tan loco que pensaba en el Mundial”. (Testimonio recogido por el periodista Martín Rodríguez en el suplemento Enganche de Página/12, 7 de julio de 2018)

Tras el partido que perdió Argentina, esa misma tarde-noche, todos los batallones británicos en combate se lanzaron a la toma de las ultimas posiciones de la defensa argentina, avanzando con tanques de guerra para romper el fuego de las trincheras.

Un ex combatiente recordó que ni se habían enterado del inicio del campeonato de fútbol ya que por esos días no dormían. Las conversaciones en las trincheras o cuando disponían de un breve descanso pasaban por saber qué iban a hacer si volvían de la guerra con vida. “El único recuerdo era que nosotros peleábamos y nos jugábamos la vida, y la gente estaba en otra”, aclaró Luis Escobedo, un ex combatiente que antes de ir a Malvinas jugaba en la primera división de Los Andes.

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La rendición de la Argentina se produjo un día después del debut del seleccionado de fútbol en el Mundial de España.

La rendición de la Argentina se produjo un día después del debut del seleccionado de fútbol en el Mundial de España.

Un ex combatiente recordó que ni se habían enterado del inicio del campeonato de fútbol ya que por esos días no dormían. Las conversaciones en las trincheras o cuando disponían de un breve descanso pasaban por saber qué iban a hacer si volvían de la guerra con vida.

La participación del seleccionado en el mundial de España fue confirmada el 7 de mayo, en plena guerra, con los aviones ingleses que no detenían sus ataques contra las posiciones argentinas. El entonces presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Julio Grondona declaró: “Argentina se presentará, salvo si decide lo contrario la Junta Militar. Tan solo en caso de una agravación considerable se podría contemplar su renuncia”.

Los seleccionados de Portugal, Suecia y Rumanía habían sido anunciados por la FIFA como posibles reemplazantes en caso que los jugadores argentinos no se presenten a jugar en las canchas españolas. Por el lado del Reino Unido, se había evaluado la posibilidad de bajar a sus selecciones: Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte estuvieron cerca de no jugar la Copa del Mundo en España. Fueron eliminadas en primera vuelta y eso evitó que se cruzaran con Argentina.

Sin duda para la dictadura militar era importante la presencia de los futbolistas argentinos porque el fútbol es una herramienta para cambiar el foco de atención de la población. Sobre todo, teniendo en cuenta el rol y la complicidad que tuvieron los medios de comunicación durante el conflicto, construyendo una visión triunfalista sobre lo que ocurría en las zonas de combate, que estaba muy lejos de lo que realmente sucedía en realidad. El gobierno militar hacía llevar en la tapa de los diarios y revistas que el país estaba ganando la guerra.

En el contexto de ese objetivo de distracción se llegó a plantear la posibilidad de que River Plate y Boca Juniors jugaran un partido amistoso en Malvinas con la intención de levantar la moral a los soldados. “Creo que es un deber patriótico de los dirigentes alegrar a nuestros muchachos en las islas”, dijo el por entonces presidente de Boca, Martín Benito Noel, que además estuvo al frente de la Asociación de Fabricantes de Dulces, Conservas y Afines y en 1978 había sido vicepresidente de la comisión organizadora del mundial de fútbol. En tanto, el abogado Jorge Kiper, dirigente de River, consideró que ese “impactante partido” era una manera de que el fútbol prestara “servicios al país”.

La revista Goles, dirigida por el periodista Daniel Galoto, que había trabajado bajo las órdenes del almirante Carlos Lacoste en el Ente Autárquico Mundial 1978, se sumó a la iniciativa. En la tapa de su edición del 27 de abril, con el mapa de fondo de las islas, posaron los futbolistas Eduardo Saporiti, de River, y Carlos “Cacho” Córdoba, de Boca, con un epígrafe que decía “Saporiti y Córdoba. River y Boca. Hermanados en la gran causa argentina”.

Directivos de River Plate y Boca Juniors pensaron en algún momento la posibilidad que se jugara un partido amistoso en Malvinas con la intención de levantar la moral a los soldados. “Creo que es un deber patriótico de los dirigentes alegrar a nuestros muchachos en las islas”, dijo el por entonces presidente de Boca, Martín Benito Noel.

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“Para mí sería un orgullo y una satisfacción enorme salir a jugar un clásico en las Malvinas, pisando un suelo que por tantos años soñamos que fuera nuestro”, dijo Saporiti en la nota de la revista deportiva. El defensor de Boca agregó “Nosotros tenemos la verdad y pienso que ése podría ser nuestro mejor aporte”.

Treinta y pico años después, el defensor millonario, uno de los protagonistas de la promoción de ese superclásico que nunca se jugó, recordó que “en ese momento, para mí la idea era buena. Era darles una alegría a los jóvenes, a los soldados argentinos que estaban allá. Yo en ese momento tenía ganas de ir a jugar. Lo tomaba como un acto solidario. No se sabía todo lo que pasaba, lo que había detrás. No había información. Hoy, tantos años después, uno lo ve con otros ojos. A partir de que nos hacían creer otras cosas, para nosotros era algo muy importante como modo de ayudar a la gente que se encontraba en las islas, estábamos ansiosos con esa posibilidad pero nunca llegó".

La actuación argentina en el mundial fue deslucida. Después de la derrota frente a los belgas en el partido inaugural, venció a Hungría 4 a 1 y a El Salvador por 2 a 0. Perdió con Italia 1-2 y Brasil lo derrotó 3 a 1, quedando eliminado en la segunda fase. En ese partido, Diego Maradona se despidió de la peor manera de su primer mundial, viendo la roja del árbitro mexicano Mario Rubio Vázquez por pegar una patada llena de frustración al mediocampista brasileño Batista. Diego se retiró de la cancha con la cabeza gacha, mirando el césped mientras recibía en su espalda una palmada de consuelo de su compañero Alberto Tarantini. “Me fui muy mal de ese Mundial. Todavía me veo caminando, saliendo de la cancha, la palmada de Tarantini a la pasada. Todo el mundo pensaba que iba a ser mi Mundial. Yo también", dijo el 10 quien cuatro años después se tomó revancha, no sólo le convirtió en cuartos de final dos goles al seleccionado inglés –uno con la mano y el otro considerado el “Gol del Siglo” al eludir a seis rivales incluyendo al arquero - y alzó la Copa del Mundo al derrotar a los alemanes ante más de 114 mil espectadores en el Estadio Azteca de México.

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El volante argentino Osvaldo Ardiles jugó un partido con el equipo inglés Tottenham Hotspur contra el Leicester un día después de que el Ejército argentino llegara a las islas para recuperarlas.

El volante argentino Osvaldo Ardiles jugó un partido con el equipo inglés Tottenham Hotspur contra el Leicester un día después de que el Ejército argentino llegara a las islas para recuperarlas.

"No debí haber jugado ese Mundial"

Muchos jugadores argentinos reflexionaron acerca de lo que consideraron fue un error jugar ese mundial mientras el país estaba en una guerra. Una de las autocríticas la hizo el capitán de ese equipo Daniel Passarella. “No debí haber jugado el Mundial del ‘82. En Malvinas muchos chicos murieron y yo, como capitán, debí hacer algo para que no entráramos a la cancha”.

El delantero de la selección Jorge Valdano afirmó en una entrevista en 2018 que Malvinas había puesto al fútbol en un lugar secundario. Explicó que dentro del plantel cada uno de los jugadores lo vivieron de manera distinta de acuerdo a su sensibilidad. “Algunos jugadores tenían familiares en la guerra y lógicamente lo vivieron con una tremenda preocupación. Otros, y ahí me incluyo, con una indignación indisimulable hacia los militares. Otros con un ataque de patriotismo”.

Recordó que cuando subieron al avión con destino España, un funcionario de la Junta Militar les entregó un documento con instrucciones a la hora de hacer declaraciones con respecto a la guerra. “Pero Menotti, que era el más inteligente de aquel grupo, fue muy claro y dijo que no había ningún documento que pudiera con el coraje de los hombres para decir lo que sienten. En esos momentos éramos portavoces universales de la causa y naturalmente había un deseo de usarnos”.

Uno de los futbolistas que vivió de una manera especial la guerra fue Osvaldo Ardiles, quien jugó en su equipo inglés, el Tottenham Hotspur contra el Leicester City por la seminfinal de la FA Cup, un día después de que el Ejército argentino llegara a las islas con el objetivo de recuperarlas después de 149 años de ocupación británica. “¡Ossie va a la guerra!” fue el titular de un diario sensacionalista británico ese 3 de abril.

Ese día, Ossie, como lo llamaban a Ardiles, era el foco de atención en el estadio del Aston Villa. “England, England” gritaban los hinchas del Leicester cada vez que el volante argentino tocaba la pelota. Los del Tottenham lo aplaudían y cantaban “Argentina, Argentina”, algo realmente insólito en ese momento. Incluso la hinchada colgó una bandera que decía “Argentina puede quedarse con las Falklands, nosotros nos quedamos con Ossie”. El Tottenham ganó 2 a 0.

La hinchada del Tottenham, donde jugaba el volante argentino Osvaldo Ardiles, exhibió una bandera que decía "Argentina puede quedarse con las Falklands, nosotros nos quedamos con Ossie". Su primo José Leónidas Ardiles murió en la guerra tras ser atacado el avión que piloteaba por un misil británico.

“Mi mundo enteró colapsó”, confesó el ex jugador de Instituto de Córdoba y Huracán en su libro autobiográfico “Ossie’s Dream”. Muchos le habían pedido que no jugara el partido y su familia fue custodiada por posibles ataques. Durante el partido Ardiles sintió que estaba dividido en dos: “como si una bomba hubiera explotado en mi organizada vida”.

“Hace un mes todo estaba bien, y ahora los dos países que más amo están al borde de una guerra. Me alegra creer que (Julio) Villa y yo hayamos acercado a las dos naciones por primera vez. Por eso estoy muy desilusionado con este repentino revés”, expresó ante la prensa británica.

Después del Mundial 1978 que Argentina ganó, Ardiles, quien en ese momento jugaba en Huracán, y Julio Ricardo Villa, que era el 10 de Racing Club, fueron los primeros extranjeros contratados en Inglaterra. El Tottenham Hotspur, que acababa de ascender, pagó por ambos jugadores unas 750 mil libras esterlinas (más de medio millón de dólares, en la actualidad).

Mientras Ardiles se preparaba para jugar su último partido con la camiseta blanca del Tottenham (luego regresaría en 1983 tras ser cedido a préstamo al Paris Saint Germain), su primo José Leónidas Ardiles, piloto aéreo, se preparaba para enfrentar a los ingleses en el aire malvinense con su avión Mirage Dagger C-433.

Poco menos de un mes después de aquel último partido de Ardiles, el 1 de mayo, el avión Mirage Dagger de su primo de 27 años fue derribado por un Sea Harrier. Nadie tenía noticias pero había sospechas de que no había podido eyectarse de la aeronave. Posteriormente se precisó que “Pepe”, el primo del jugador, había recibido el impacto de un misil aire-aire Sidewinder AIM-9 al ser sorprendido por dos Sea Harrier británicos tras atacar a una fragata que se dirigía a Darwin.

“En esos meses la pasé muy mal, mi mente estaba destruida. La guerra fue una locura, producto de una pésima evaluación del gobierno argentino. En retrospectiva, me da mucha bronca cómo se usó a tantos chicos como carne de cañón. A mí un día me dijeron que mi primo estaba combatiendo en las Islas Malvinas y a los dos o tres días que había desaparecido, pero no se sabía si había muerto”, reflexionó el ex jugador.

La guerra no detuvo la pelota. Antes de comenzar los partidos, en los estadios argentinos la gente cantaba el himno nacional y así como se desplegaban banderas argentinas con la frase “Las Malvinas son argentinas” y se quemaban banderas inglesas.

La pelota giró en todo momento. Poco importó la muerte de 649 soldados argentinos. “Un partido de fútbol no es como la guerra”, afirmó Jorge Palacios, uno de los veteranos que antes de ir a las Malvinas la rompía con el 10 en la espalda en Jorge Newbery de Comodoro Rivadavia, y escuchó el partido de Argentina contra Bélgica mientras hacía guardia aunque minutos después vio la muerte de cerca tras un ataque inglés.

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