De Junín de los Andes a entrenar caballos de polo en Inglaterra

Pascual Paillalafquen desde hace siete años trabaja como petisero en un prestigioso club de la ciudad de Guilford, cerca de Londres.

POR PABLO MONTANARO / montanarop@lmneuquen.com.ar

Tenía 8 años cuando Pascual Paillalafquen se subió por primera vez a un caballo, y esa sensación de aventura y diversión en aquel extensísimo campo de Junín de los Andes no se la olvidará jamás. Y mucho menos ahora, a los 36 años, cuando todos los días se levanta a las 6 de la mañana para darles de comer, limpiar los boxes y entrenar a cinco caballos, una yegua y dos potrancas de polo en la ciudad de Guilford, capital del condado de Surrey, ubicada a 42 kilómetros de Londres, Inglaterra.

Desde hace varios años, Pascual se desempeña como petisero, como se llama en la jerga al cuidador de caballos de polo. Los entendidos aseguran que el petisero es al polista lo que el escudero era al caballero andante.

Su infancia en Junín de los Andes junto a sus siete hermanos (cinco mujeres y dos varones) transcurrió entre el pueblo, mientras concurría a la escuela, y el campo, en época de vacaciones, donde trabajaba su padre. Luego de asistir a clases en la Escuela 7, en sus ratos libres practicaba deportes, especialmente básquet en el Centro de Educación Física 8. Pero los caballos eran su devoción, por eso decidió que pasaría sus días trabajando con caballos de polo.

En diálogo con LM Neuquén vía telefónica desde Guilford, recordó que arrancó con la actividad en la Estancia Quemquemtreu, "donde mi padre trabajó durante muchos años", y en el último tiempo en el club hípico El Desafío.

Aclaró que en sus pagos no jugaba al polo pero sí lo hizo en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, donde pasaba un par de meses antes de las fiestas de fin de año.

En el 2001 se le sumaron "las ganas de viajar, conocer otros lugares y otras gentes", con la posibilidad de desempeñar su oficio en el extranjero. "Me vine a Inglaterra con otros patrones que tenía en Argentina, después me vine a trabajar con mi actual patrón, Jon Forsyth, porque un amigo jugaba para él en ese entonces", explicó.

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Al principio comenzó a viajar por temporadas, seis u ocho meses, hasta hace un par de años en que se quedaba más tiempo. Y más todavía cuando en agosto de 2017 se casó con Rachael. “La conocí en el polo, se dedica a lo mismo que yo, y a pesar de ser inglesa es muy campera, adonde vamos siempre llevamos mate, compartimos un asado y cuando estamos en Argentina es una compañera de fierro en la ruta para viajar, para ir a una jineteada, para estar entre mi gente, que la ha aceptado porque ella es una persona muy sencilla, honesta y de buen corazón. Por algo la elegí, por algo me quedé con ella”, describió con una voz en la que no pudo ocultar su emoción.

Desde hace siete años, Pascual cuida los caballos de polo de su patrón, Jon Forsyth, integrante del Home Farm Polo Team. “Cuando él no puede jugar juego yo”, aclaró.

Para el polista la función del petisero es fundamental porque si el caballo está bien cuidado, rendirá mejor. Por eso Pascual comentó respecto de su oficio: “Para trabajar de esto te tienen que gustar los caballos, te tiene que gustar el oficio, si no hay que dedicarse a otra cosa. Esto es lo que me gusta y me apasiona, no lo cambiaría por otro trabajo”. Aseguró que haciendo otra cosa su vida sería “aburrida" y "sin sentido”, porque los caballos lo completan. “Los caballos te desconectan del mundo y de los problemas; si los buscás, los encontrás, y a la vez ellos te producen energías positivas. Vivo de y para los caballos”, explicó.

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Cada vez que menciona su ciudad natal, se sumerge en un sinfín de recuerdos que lo llevan a recorrer las cosas que extraña: “La gente y las costumbres del pago, hasta la música regional, que al escucharla desde acá me hace sentir mucha nostalgia”. Tampoco se olvida de los amigos, sus “cumpas criollos”, que de alguna u otra manera lo hacen volver a Junín cada año, cuando el trabajo en Guilford se lo permite. “Todos los años vuelvo al pago, a veces me quedo unos meses, pero ahora voy menos porque ya me quedé a vivir acá y el tiempo que tengo de vacaciones es cada vez menor”, comentó.

Se disculpa de tener que terminar la charla con LM Neuquén, ya que es su día de franco y tiene pensado ir con su esposa a visitar a su amiga Harriet Rankine, "que nos invitó con empanadas para festejar el 25 de Mayo”. Pero promete continuar esta charla en su próxima visita a Neuquén, para seguir hablando de su gran pasión por los caballos "acompañados con un mate, o mejor con un asado".

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