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De Neuquén a Bahía Blanca: cómo eran los vuelos clandestinos en la dictadura

En junio de 1976, fueron trasladados vía aérea veinte militantes políticos, artistas y estudiantes universitarios que habían sido secuestrados, de los cuales ocho permanecen desaparecidos.

El próximo juicio por delitos de lesa humanidad, que se iniciará los primeros días de noviembre en la ciudad de Neuquén, ventilará los operativos de secuestro de militantes políticos, artistas y estudiantes de la Universidad Nacional del Comahue que fueron trasladados en forma ilegal en avión desde Neuquén hasta el centro clandestino de detención “La Escuelita” ubicado en el Comando del V Cuerpo del Ejército de Bahía Blanca.

En este juicio serán juzgados 15 ex integrantes del Ejército, de inteligencia militar de Neuquén y policías neuquinos y rionegrinos en perjuicio de 20 víctimas, ocho de las cuales permanecen desaparecidas. Estos casos corresponden a las primeras denuncias radicadas por los familiares ante el Poder Judicial. También es el primero en el que se debatirá la violación como delito autónomo de las torturas ejercidas contra las detenidas.

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Serán juzgados en este juicio Miguel Angel Cancrini, Juan José Capella, Norberto Eduardo Condal, Jorge Héctor Di Pasquale, Jorge Granada, Raúl Guglielminetti, Gerónimo Huircain, Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Desiderio Penchulef, Oscar Reinhold, Sergio San Martín, Jorge Soza, Carlos Taffarel, Walter Tejada y Osvaldo Paez.

Los traslados de las víctimas, de las cuales ocho aún permanecen desaparecidas, fueron realizados en tres vuelos clandestinos, los días 10, 15 y 16 de junio de 1976, según la investigación realizada por el Ministerio Público Fiscal, encabezado por el fiscal Miguel Palazzani.

El análisis de las pruebas derivó en la acusación contra el teniente primero de artillería Juan José Capella, como el piloto que tripuló el avión que realizó los traslados de 21 secuestrados en los operativos llevados a cabo en las ciudades de Neuquén y Cutral Co. Capella, uno de los imputados en la causa, comandó el avión bimotor Havillan Canadá DHC-6 Twin Otter, matrícula AE-106.

Juan José Capella fue el piloto del avión que realizó los traslados de 21 secuestrados. Los traslados de las víctimas se organizaron en tres grupos. Subían tabicados, engrillados, con los ojos vendados y las manos atadas.

El traslado de los secuestrados se hizo desde el aeropuerto Presidente Perón de Neuquén hasta Bahía Blanca porque aún no estaba en funcionamiento el centro clandestino de detención La Escuelita, construido con posterioridad en el fondo del Batallón de Ingenieros de Construcción 181 de la capital neuquina.

En el legajo de servicios de Capella figura que en 1975 y 1976 fue calificado como “uno de los pocos sobresalientes para su grado” por el comandante del V Cuerpo del Ejército, Guillermo Suárez Mason, y por Osvaldo Azpitarte, ambos condenados en juicios de lesa humanidad.

En el requerimiento de elevación a juicio, Palazzani estableció la responsabilidad de Capella “como partícipe de los hechos que perjudicaron a las víctimas de esta causa” a partir de la correlación de la información del registro de detenidos de la Unidad Penitenciaria 9 de Neuquén, de los vuelos del aeropuerto de Neuquén, además de los testimonios de las víctimas y del legajo personal de Capella.

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Los traslados de los secuestrados se hicieron con un avión bimotor Havillan Canadá DHC-6 Twin Otter, matrícula AE-106.

Los traslados de los secuestrados se hicieron con un avión bimotor Havillan Canadá DHC-6 Twin Otter, matrícula AE-106.

Divididos en grupos

Los traslados de las víctimas desde Neuquén hacia Bahía Blanca se organizaron en tres grupos. Las víctimas subían tabicados, engrillados, con los ojos vendados y las manos atadas.

El primer grupo, que fue trasladado el 10 de junio de 1976, estuvo integrado por Susana Mujica, Darío Altomaro, César Giliberto, Eduardo Paris, Alicia Villaverde y Cecilia Vecchi, quienes habían sido secuestrados el día anterior en distintos lugares de la ciudad de Neuquén.

El 15 de junio se efectuó el segundo traslado, con las detenidas Gladys Sepúlveda, Elida Sifuentes, Nora Rivera, Eva Garrido, Raúl González, Jorge Asenjo y Carlos Schedan. Las víctimas estuvieron detenidas en la U9 hasta las 19:35 y desde allí fueron trasladadas al aeropuerto de Neuquén, donde treinta minutos después despegó el avión.

Las declaraciones de las víctimas coinciden en que subieron con los ojos vendados y las manos atadas, a una aeronave que viajó durante una hora y aterrizó en un sitio desde el cual fueron transportadas por tierra durante media hora hasta “La Escuelita” de Bahía Blanca. Un día después, a las 21:10, fue trasladado el tercer grupo, conformado por Eduardo Buamscha, Pedro Maidana, Miguel Pincheira, Argentina Seguel, Dora Seguel, Alicia Pifarré y Carlos Chávez, secuestrados durante el operativo represivo en Cutral Co.

La Fiscalía consideró que Capella “realizó un aporte fundamental que contribuyó al logro de la ejecución de los hechos que perjudicaron a las 20 víctimas de la causa, toda vez que piloteó los vuelos que las transportaron desde la ciudad de Neuquén hasta Bahía Blanca donde fueron mantenidas en cautiverio y torturadas en el centro clandestino.

Las víctimas de esta causa que permanecen desaparecidas son Jorge Asenjo, Carlos Chávez, Susana Mujica, Alicia Pifarré, Carlos Schedan, Arlene Seguel, Mirta Tronelli y Cecilia Vecchi.

“Los represores neuquinos sabían que luego de ser secuestrados y torturados, uno de los destinos de sus víctimas podría ser precisamente la desaparición”, explicó a LMNeuquén Juan Cruz Goñi, quien participó como abogado querellante por la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH) en los anteriores juicios por delitos de lesa humanidad realizados en Neuquén.

Goñi sostuvo que en 2017 la Cámara Nacional de Casación Penal confirmó el procesamiento del jefe de Inteligencia del Comando de la VI Brigada, Oscar Reinhold; del jefe de personal, Luis Farías Barrera, y de los integrantes del personal de Inteligencia del Ejército, Jorge Molina Ezcurra, Sergio San Martín y Jorge Di Pasquale, por los ocho desaparecidos que nunca regresaron de su paso por el centro clandestino de Bahía Blanca, tras ser secuestrados en Neuquén en junio de 1976.

Anteriormente, la Cámara Federal de General Roca, presidida por Ricardo Barreiro, se había pronunciado respecto de la falta de responsabilidad de los imputados señalando que no eran responsables de lo que ocurría fuera de su jurisdicción. “Nosotros impugnamos esa teoría porque entendíamos que contradice la propia dinámica del plan criminal durante la dictadura. Ellos sabían que luego de ser secuestrados y torturados uno de los destinos podría ser la desaparición”, explicó Goñi.

Comentó que el hecho de que en Neuquén aún no funcionaba el centro clandestino La Escuelita “no puede liberarlos de responsabilidad a los militares neuquinos por el destino de las víctimas que fueron trasladadas a Bahía Blanca. No es necesario apretar el gatillo para ser responsables del homicidio”.

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“Me quedaron grabadas las voces de Susana y Cecilia cuando se las llevaron”

Cuando fue secuestrada, Gladis Sepúlveda estudiaba la carrera de Servicio Social en la Universidad Nacional del Comahue y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Había cambiado su trabajo de maestra por un puesto administrativo en la universidad. Eran los tiempos en que el rector interventor Remus Tetu decidió poner en marcha una violenta persecución contra docentes y no docentes, quienes comenzaron a aparecer en listas negras.

Gladis vivía en Cipolletti cuando el 11 de junio de 1976 un grupo comando la fue a buscar a su casa pero como no la encontraron detuvieron a sus padres, hermanos y a su abuela de 78 años. Tres días después, Gladis se presentó en la comisaría de Cipolletti acompañada de su madre y de un cura. Allí le confirmaron que era detenida por orden del V Cuerpo del Ejército para solicitarle datos sobre otros estudiantes.

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Gladis Sepúlveda y Elida Sifuentes estuvieron en cautiverio junto a sus compañeras estudiantes desaparecidas.

Gladis Sepúlveda y Elida Sifuentes estuvieron en cautiverio junto a sus compañeras estudiantes desaparecidas.

Al día siguiente, con los ojos vendados fue llevada a la U9 de Neuquén donde le hicieron firmar una libertad que nunca llegó y horas más tarde junto a otras personas fue subida a un avión con destino Bahía Blanca. El grupo de secuestrados llegaron al centro clandestino de detención “La Escuelita” donde “nos amontonaron en un lugar, nos hicieron como una ronda, nos dieron un empujón y caímos unos arriba de otros. Nos sacaron de ese lugar y quedamos contra la pared, nos dijeron que nos iban a fusilar. Después nos fueron separando”, contó Gladis durante su declaración en noviembre de 2016 en uno de los juicios por delitos de lesa humanidad realizados en Bahía Blanca.

Durante su cautiverio a Gladis le quedó grabada la voz de Susana Mujica, a quien conocía porque era docente de algunas material de la carrera de Servicio Social y la de Cecilia Vecchi, compañera de estudio, cuando los represores se las llevaban. No recuerda si fue el 16 o el 17 de junio cuando “escucho las voces de Susana (Mujica) y Cecilia (Vecchi), los insultos y los tironeos para llevarlas a la jaula (el lugar de torturas)”. Desde ese día, Mujica y Vecchi continúan desaparecidas.

“Yo no quería volver al Valle porque iba a ser muy triste recordar a las compañeras que están aún desaparecidas. Es un sufrimiento. Es como una tortura también para los familiares no saber dónde están, como así los niños que están desaparecidos. Es un sufrimiento que no se puede poner en palabras”, dijo emocionada aquella vez ante el tribunal.

“Escuché las voces de Susana (Mujica) y Cecilia (Vecchi), los insultos y los tironeos cuando se las llevaban a la jaula (el lugar de torturas)”, recordó Gladis Sepúlveda.

Primera condena por los "vuelos de la muerte"

En noviembre de 2017, la Justicia argentina condenó por primera vez y con varias cadenas perpetuas a los responsables de los vuelos de la muerte, el sistema de exterminio de los detenidos desaparecidos que acabó con la vida de unas 4.000 personas, lanzadas al mar desde aviones militares después de haber sido drogadas. La sentencia del mayor juicio de la historia argentina , la llamada megacausa de la ESMA, con 54 imputados por los delitos cometidos contra 789 víctimas, determinó la condena a cadena perpetua de 29 implicados, incluidos algunos de los más conocidos represores, ya condenados por otras causas. Hubo 6 absoluciones y el resto fueron condenados a penas entre 8 y 25 años.

Una de las víctimas de los "vuelos de la muerte" fue Azucena Villaflor, una de las fundadoras de las Madres de la Plaza de Mayo, quien fue secuestrada el 10 de diciembre de 1977 para ser torturada y, diez días después, arrojada desde un avión al Río de la Plata.

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