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Dejó el mundo de los negocios para vivir en comunidad y cuidar perros en una chacra

Carlos Berho habló de Askatasuna, su guardería canina y del cambio de vida que tuvo tras una tragedia familiar. Su hija tiene un emprendimiento vegano.

"Para el que mira la tierra sin ver, solo tierra ve", reza el cartel apostado sobre la calle José Benito Croceri de Fernández Oro, pasando Las Araucarias, como una suerte de contraseña para aquellos que llegan invitados o siguiendo las indicaciones del Google maps. Esa es la señal de bienvenida a Askatasuna, la guardería canina donde prima la libertad. Hasta allí se acerca Carlos Berho escoltado por nueve perros que vienen al encuentro alegres y colmados de amor.

Mientras los rayos del sol del mediodía hacen aún más cálida la recepción, el anfitrión cuenta al pasar que los Aguaribay recién plantados a lo largo del camino -que separa dos canchas de fútbol y que conduce a las seis casas construidas en diferentes puntos del predio de cuatro hectáreas- están apadrinados por chicos del barrio, quienes además de ponerles nombres, los adornaron con tutores y cintas de su equipo preferido. Un maridaje perfecto con las inscripciones de "paz", "amor", "amistad" que se encuentran paso a paso, grabadas en la tierra.

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Ya sentados en el jardín de la casa principal, Carlos ofrece un café y pan casero elaborado por él "con un toque de polenta" y, cual maestro de ceremonias, empieza a desplegar mil y un historias sobre la chacra en la que vive en comunidad con sus dos hijos y las familias de sus cinco hermanos, el rotundo cambio de vida que experimentó en los últimos años tras una tragedia familiar, sus orígenes bahienses y su llegada a la zona, el bastión de FM Cipolletti -la radio fundada por sus padres que mantiene con cariño-, el veganismo contagiado por su hija y su sobrina que pegó fuerte en el clan y que los llevó a dejar de alquilar las canchas de fútbol con el combo de la venta de choripán y cerveza, además de la guardería de perros, que nació sin querer y que se convirtió en un emprendimiento y un refugio emocional.

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Un combo imperdible, relatado en forma atrapante, con una gran dosis de humor y confesiones sinceras, mientras dos border collie se instalan cómodos para recibir mimos y -a unos cuantos metros- un grupo de personas celebra un encuentro de biodescoficación al aire libre con el canto de los pájaros como banda sonora y la compañía de Palmito y Aquiles, dos chivos "guachos que se creen perros", adoptados hace tiempo por los Berho.

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"La guardería es abierta, la idea es que los perros estén como en su casa, que entren y salgan, que los acaricien todos. En el 90 por ciento de los casos, la gente trae a sus perros porque se va de viaje y después pasan otras cosas: gente que queda contenta y dice 'qué bien que vuelve mi perra cuando va a la chacra, te la voy a traer más seguido'. También están los papás culposos, como el caso de Athenea, que es una genia. Es de un matrimonio que la ama porque los acompañó durante toda la niñez de sus hijos, que ahora que están a pleno estudiando y ellos con mucho laburo. Empezaron a traerla y un verano me dijeron que como tenían varios viajes, la venían a buscar en febrero. Y cuando llegó febrero dijeron que como la veían tan bien, la dejaban y que venían a verla todas las semanas un ratito. Eso fue en Febrero del 2019, Athenea vive acá. Ahora es una perra re activa y cambió muchísimo la actitud", contó Carlos antes de detallar que la guardería nació en 2016, luego de que varios amigos y conocidos le dejaran a sus perros para irse de vacaciones.

"Me llegaron a dejar una perra que había parido recién porque tenían un viaje programado desde hace un montón de tiempo y eso me expuso a decir: 'somos re copados'. Fue todo un servicio el que dimos. La perra enojada, no permitía que me acerque, yo le llevaba de comer. Le habíamos hecho una casita y nuestros perros - tenemos diez- la cuidaban sin acercarse ni molestarla. Así que me dejaron una perra con seis lauchitas y cuando vinieron al mes, estaba la perra con seis perritos", sintetizó.

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"Los perros que yo acepto son los que me garantizan que tengamos una experiencia llevadera, amorosa y saludable. Un perro retobado que no me mira o que se escapa a cada rato no lo acepto. Lo mismo con el que muerde", aclaró. Aunque no cuentan con un veterinario puertas adentro, "nobleza obliga: si un perro se lastima porque salió corriendo y se comió un alambre de púa, es mi responsabilidad porque tendría que estar evitando eso". "Son extraordinarios esos casos, pasa muy poquito", explicó Carlos y agregó que si el can viene con patología previa o que no está relacionada con un inconveniente en su cuidado, el tratamiento va por cuenta del dueño.

"El que trae el perro a una guardería, es una persona que quiere mucho a su perro que tiene una tenencia sumamente responsable. Está pensando que su perro la va a pasar mal si lo deja solo en la casa. Es indispensable que nos conozcamos previamente, por eso les digo que traigan al perro antes de dejarlo. Les mando el link de Google maps donde hay un montón de fotos de las estadías. Una imagen dice más que mil palabras. Si el dueño no se imagina su perro ahí, se terminó la conversación", señaló antes de recordar la anécdota con un cane corso.

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"Si lo ves, te da miedo. Pero es re miedoso y dócil. Los dueños, preocupados porque no se lo aceptaban en ningún lado, lo trajeron una tarde y aunque se te empacaba y no lo movías, lo acepté porque vi que el perro me respetaba y me gustaba el desafío. Luego lo pensé bien y coincidí con los dueños en que me lo traigan otra vez antes de dejarlo", añadió para luego precisar en forma desopilante las peripecias que hizo cuando el perro se le escapó al zafar de la correa tras morderla.

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"Al día siguiente Google me avisó que fue el día que más había caminado en el mes", recordó entre risas, tras el recuento de todos los recorridos que hizo para dar con el can, que lo veía y seguía su camino y que horas después regresó, ya estando sus dueños en la chacra. "Conclusión: les digo 'chicos, muy lindo todo. Gracias. Quedan totalmente liberados del compromiso de traerlo el lunes'. 'No, de ninguna manera, te vamos a pagar el día y te lo vamos a traer el lunes porque demostraste que te importa y que lo cuidas y al perro lo vemos bien, volvió solo', me contestaron. Obvio que el lunes compre una cadena bien grosa. Estuvo cinco días, me enamoré. Lo soltaba y íbamos, veníamos, hermoso", remató y agregó que eligió el nombre de Askatasuna (que en vasco significa libertad) porque en su guardería los perros están por lo general sueltos, más allá que tenga correas y canil.

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"He tenido miles de altibajos y el perro es lo mejor que te puede pasar como compañía, incluso cuando estás a pleno. Sin ir más lejos, me trajeron a Atenea el día que falleció mi papá y lo agradecí porque es sanador. El perro es medicina en cuatro patas. Tenés una cuota de amor increíble. Yo desde que estoy con lo perros no me siento solo", aseguró Carlos para luego contar cómo fue el proceso que lo llevó a poner un freno y dejar el traje, la corbata, el acelere y la adrenalina del mundo corporativo y de los negocios, para apostar por una vida más tranquila en la chacra para disfrutar de sus afectos y de la radio que es parte de la historia de Cipolletti y de su familia.


Una vida, muchas historias y formas de ser

Oriundo de Bahía Blanca, donde vivió hasta los 12 años, Carlos alimentó el sueño de B.J. McKay -la popular serie que fue furor a fines de los 70' y principios de los 80'- con los viajes que hacía en camión para ir a ver a su padre, Juan Carlos Berho, a Buenos Aires cuando tenía 10 años. "Yo quería ser BJ: era fachero, escuchaba rock and roll, tenía un monito, tomaba birra, camión rojo copado. Y a los 10 años, antes de mudarme con mi familia a Cipolletti, papá tenía una agencia de publicidad y laburaba en Buenos Aires, era el locutor de Nelly Raymond que hacía Miss Argentina. Yo iba a verlo con una empresa transportista que era su cliente y viajaba con un camionero. Terminé laburando de otra cosa, pero para mis laburos yo viajaba", dijo Carlos, conectando esas travesías con los numerosas visitas que hizo años después siendo gerente de Telecom de Neuquén, Rio Negro y La Pampa, a distintos puntos de esas provincias.

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Una experiencia similar tuvo cuando visitaba a su padre en el Alto Valle, meses antes de instalarse con su familia. "Venía con el muchacho que traía en auto el diario La Nueva Provincia. En esa época el Valle estaba muy conectado con Bahía", comentó, para luego recordar que gracias a los vínculos de su padre con figuras de los medios locales por las coberturas que había hecho del rally Vuelta de la Manzana, le posibilitó abrirse camino en la región "muy de abajo" como operador radial de turno, hasta que aprovechó un momento en que la tecnología se tornó un poco más accesible para adquirir equipamiento y lanzar su propia radio. Así nació la legendaria FM Cipolletti, una de las primeras en la zona junto FM Monarca de Neuquén y FM5.

"Desde la génesis de la radio todos nos involucramos, mi mamá también locutora... mis hermanos más que yo que me abrí, no estuve mucho", manifestó antes de hacer un repaso por su frenética carrera por el mundo empresarial de las AFJP, Telecom, HSBC y recursos humanos que transitó hasta poco después de que la vida le jugara una mala pasada y cambiara todo por completo.

En 2004 su agitado ritmo de vida se paralizó ante la pérdida de Natalia, su pareja y madre de sus dos hijos, Catalina y Felipe, que en ese entonces tenía 5 y 3 años. "Yo tenia 33 años y seguí por inercia, era una época en la que laburaba mucho y ya me venía empezando a caer la ficha de que me estaba perdiendo parte del crecimiento de los chicos. Y lo de Nati, desordenó todo. Esa película te desajusta miles de cosas, te interpela, te expone y te exige que mires de nuevo porque vas a jugar otro juego", reflexionó. Aunque el cambio no se dio de un día para otro, en forma paulatina empezó a buscar la forma de asegurar su economía para tener más tiempo en familia y para ayudar a su padre con FM Cipolletti, en un momento en que sus hermanos estaban abocados a otros proyectos.

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Tiempo después llegó la decisión de vivir en la chacra, siguiendo los pasos de su hermano "Kelo", iniciativa que con los años fueron replicando los otros hermanos con sus parejas e hijos. El proceso incluyó la adopción del veganismo aunque Carlos aún se siente "un recién llegado".

"Yo soy vegano mental. Acá soy el único que todavía come algo de carne, soy un hereje", bromeó antes de hablar más enserio. "Yo compré el viaje de todos, el espacio ya es vegano. Yo dejé de ser anfitrión de asados, por ejemplo, y tengo clarísimo que voy para ahí", aseguró y mencionó el cierre de las canchas de fútbol que tiene en su predio como un símbolo de la adopción de esa filosofía de vida.

Tres años atrás, los partidos de fútbol estaban a la orden del día con el alquiler de las canchas y la cantina en la que los Berho vendían el típico choripán con papas gritas, gaseosas, agua y cerveza. "Las chicas empezaron a decir 'che no tenemos que vender choripán, nosotros somos veganos'. Y también pasaban otras cosas. El sábado se medía como exitoso por los cajones de cerveza que se vendían. Tu éxito económico significaba que se iban más en pedo de acá. Y fuera de joda, había una relación directa con el nivel de violencia en la cancha. Puteadas, autos que salían arando, enojos con el árbitro. Los días que había bronca, coincidía con que se había vendido más birra. Y vivir eso te empezaba a hacer ruido. Un día un auto atropelló a una mujer de treinta y pico que estaba con su hijo. Ella murió.... El que la atropelló no era cliente nuestro, pero eso marcó un antes y un después", recordó Carlos.

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Actualmente, las canchas se mantienen y se usan para encuentros infantiles y de la tercera edad aunque la familia planea que una se convierta en una suerte de bosquecito y, a largo plazo, convertir el lugar en un espacio holístico para hacer con más frecuencia y estructura encuentros de terapias alternativas.

"Yo no sé que fue... Es todo un proceso. No te das cuenta de un día para el otro cómo cambiaste. Yo vivía a muchas vueltas y en procura de esa coherencia uno va tendiendo, en cuanto al yo que quiero ser, vas tomando decisiones. Pero no es que un día te levantas y no lo sos más", subrayó Carlos.

Fuerza Natural: comida y militancia vegana

La vida en comunidad de los Berho derivó en diversos emprendimientos, entre ellos la comida vegana que Catalina, la hija de Carlos, y su prima Emiliana ofrecen desde 2018 con Fuerza Natural.

"Iniciamos el proyecto siendo vegetarianas. Queríamos que se conozca la posibilidad de comer sin que exista sufrimiento animal", contó Emiliana. "Mi tío Kelo, el papá de Emiliana, nos plantó la semilla del vegetarianismo y la vida en la chacra, cerca de animales, nos fue concientizando. Cuando arrancamos el proyecto, nos informamos y nos dimos cuenta que podíamos hacer más porque hay explotación animal en la producción de leche, de miel, de lana", agregó Catalina.

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"Primero hicimos hamburguesas, bebidas vegetales, untables. Hicimos pausas cada vez que viajamos y luego retomamos renovando recetas", explicó para luego precisar que actualmente su propuesta incluye empanadas y sustitutos de productos cárnicos. Desde salchichas de arroz y remolacha, chorizos de soja, arroz, remolacha y especias, hasta hamburguesas de porotos negros, verdura salteada, perejil y ajo y otra variedad de garbanzos, arroz integral, calabaza y curry, además de su especialidad: papín (queso de papa).

"La gente tiene el concepto de que si sos vegano no te llenas y con esto te llenas si o si. Son bien suculentos", sostuvo Emiliana, al tiempo que Catalina remarcó que también hay que derribar el mito de que los alimentos veganos no son ricos o que son caros y difíciles de conseguir.

"Antes trabajábamos en la semana por pedido y un día repartíamos. Ahora queremos lograr que la gente busque los pedidos por la chacra y tener ventas fijas en otros lugares. La idea es que traigan sus tupper y retiren las cosas así, hay mucha gente que lo hace, que viene en bicicleta incluso ", precisó Catalina.

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"Nos gusta mucho cocinar y esta manera de expresarnos. Lo hacemos con tanto amor y tanto disfrute. No pensamos en hacer algo más grande que nos demande más tiempo. Nos gusta trabajar para nuestra clientela, con nuestros horarios", agregó, al tiempo que Emiliana concluyó: "Ser vegane es un trabajo constante. Aparte de vender comida, comunicamos a la gente y hacemos activismo".

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