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La Mañana casa de té

Dejó la docencia por la pastelería y hoy tiene su casita de té cerca de Jardines del Rey

Gabriela Arias habló de los vaivenes que tuvo antes de cumplir el sueño de inaugurar Dulce Morena, cerca del Río Limay.

En medio de la puesta en valor de la costa del Río Limay, el sector ribereño de Neuquén sumó como propuesta una casita de té que muchos visitan para coronar un paseo o darse un gustito antes o después de una actividad recreativa.

Hace unos diez días, Gabriela Arias cumplió el sueño de abrir la puertas de Dulce Morena, un espacio ameno, ubicado en Río Paraná 120, en el que se puede hacer una pausa para disfrutar de su alabado Marquise de chocolate, entre otras delicias.

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El camino que recorrió hasta llegar a inaugurar su casita de té en Jardines del Rey fue largo y arduo. Implicó la decisión de dejar su carrera como maestra jardinera, aprender, reinventarse, apostar, caer y volver a levantarse.

Todo comenzó hace doce años, cuando un domingo por la mañana vio una nota de una mujer de Cipolletti que vendía desayunos. Confiada en la experiencia que mamó de chica junto a su madre repostera, Gabriela decidió replicar la iniciativa en Neuquén, motivada por esa afán que siempre tuvo de querer agasajar con regalos y sorpresas.

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"A mi siempre me gustó cocinar, pero con mis primeras recetas era un desastre, la verdad", se sinceró entre risas Gabriela, al relatar cómo se fue abriendo paso con la venta de desayunos. "Empecé a cocinar y me di cuenta que tenía que hacer números de los gastos, poner un precio que no tenía idea. También heredé la carpeta de mi mamá, empecé a buscar recetas en Google. Cuando había cosas que no me gustaban, las adaptaba. Así que le fui dando mi forma", sintetizó haciendo referencia a la aventura que comenzó a transitar en 2009.

"En un principio hacía desayunos con cuadrados de limón, pastafrola, pancitos con jamón y queso y una tartita de dulce de leche y chocolate. Era sencillo, las bandejas las pintaba yo. Hice un blog para promocionar el emprendimiento y repartía panfletitos por Santa Genoveva, casa por casa. Después ahorré y puse dos líneas en el diario -era carísimo-y de a poquito, hasta que un Día de la madre pude publicar un recuadrito más grande", contó.

"Todo lo hacía en simultáneo con la docencia y era una caos porque no me daban los tiempos. Dormía muy pocas horas porque se me juntaban las entregas con los informes del jardín o estaba dando clases y me preguntaban por presupuestos y yo no podía contestar. Hasta que un día, llegando tarde a un jardín en Centenario, iba a 170 kilómetros por la ruta y dice: 'Gabi, tenes que elegir' porque me mataba. Así que dejé la docencia y me la jugué", recordó. "La pastelería me daba más libertad de horarios. La rutina además no me gusta. Me gusta la creatividad, cocinar, así que opté por los desayunos", explicó.

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Otro punto de inflexión que la comprometió aún más con la pastelería fue cuando la mamá de una amiga le pidió que le hiciera la torta de 15 años de una de sus hijas. "Yo le dije: 'Mirá que yo no sé hacer tortas'. Ella insistió, me dijo que a mi me iba a salir. Cuando me mostró lo que quería.... una torta de cinco pisos con uno inclinado. Yo le dije: 'Vos estás loca'. Googleando me las ingenié porque no tenía ni moldes, eran carísimos. Pero bueno, empecé a tallarla y me quedó re bien. Así comenzó el boom de las tortas", manifestó destacando otras de sus especialidades.

Entre tortas y desayunos Gabriela fue haciendo su clientela y puliendo su emprendimiento que en un primer momento se llamó Muffin de chocolate, nombre que finalmente modificó por el poco ida y vuelta que tenía con la gente. "Es que no todo el mundo sabe inglés. Cuando les pedía que me buscaran en Google, no lo escribían bien y no me encontraban. Así que lo cambié en el 2010. Como en mi familia soy la única morocha -soy la morena de papá- puse Dulce Morena", señaló.

Un intento aplastado por la pandemia

Años después de una trayectoria con "altos y bajos", Gabriela se animó a inaugurar el primer local de Dulce Morena en Carlos H. Rodríguez, al lado de la Cultural inglesa. La apertura en el famoso Día del Padre del 2019, que se celebró en medio del llamado "apagón del siglo", fue quizás un mal augurio dado que antes de cumplir el primer aniversario, la pandemia de coronavirus frustró todos los esfuerzos para darle continuidad al proyecto.

"Era un local de venta de pastelería. Tuvimos que cerrar por las restricciones y se me complicaba mantener el alquiler y todos los gastos. Así que dije 'ya está'. Era mi salud porque estaba pasada de rosca por el estrés. Ahí seguí desde mi casa con delivery. Carlos, un señor que me cobraba las cuotas de las heladeras que estaba terminando de pagar me ayudó a hacer los repartos antes de entrar a su trabajo porque a mi no me daban los tiempos. En ese momento, se podía circular hasta las 18. Y así seguí...", relató.

"Siempre estoy pensando en ofrecer algo nuevo porque, como me aburro fácilmente, pienso que al cliente también le va a pasar. Sin embargo, ellos me dicen que no, que tienen un montón de cosas para elegir y que no saben qué. Yo tengo clientes de hace años que me han visto fallar, que me han hecho sugerencias para mejorar".

Lejos de rendirse, este 2021 Gabriela redobló la apuesta y lanzó hace diez días su casita de té, un sueño que tenía pendiente desde 2010 cuando visitó una casa de té galés durante un viaje a Puerto Madryn. "Desde ese día supe que quería tener un espacio así, preparar la mesa con teteras, diferentes bocados", sostuvo.

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Este año, alentada por sus clientes para que volviera al ruedo con un espacio de ventas físico, Gabriela comenzó a buscar un lugar para su casa de té, acompañada de su novio. "Yo le decía que quería que fuera en Jardines del Rey o cerca porque no había una propuesta así en la zona. Una noche encontré por internet esta casa y alquile, es un lugar soñado, con un parque adelante, tal como yo quería. Es en Villa María, pegado a Jardines del Rey", precisó sobre el espacio ubicado en ubicado en Río Paraná 120, entre Pampa y San Luis.

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En la coqueta Dulce Morena se pueden disfrutar de diferentes blends de té acompañados por opciones dulces y saladas tanto en el salón como en el parque. "El servicio es amplio. Está el té con mini Pavlova, mini Cheesecake, mini marquise, macarons y torta galesa que no puede faltar en una casa de té. También ofrecemos submarinos, exprimidos, café co leche, té común, si no quieren en hebras, que pueden ir acompañados por una porción de torta, tostados, tostadas de pan de campo, scons con mermelada de frambuesa, triples de miga. Tenemos opciones para todos los gustos", remarcó antes de precisar que "hay combos desde 450 pesos en adelante".

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"El domingo que inauguramos salió todo muy bien, lo hicimos con reservas por el tema del stock, pero desde hace unos días comenzamos a atender por orden de llegada. Han venidos clientes de toda la vida, grupo de amigas, familias. Todavía no caigo, hay momentos en que me largo a llorar de la emoción, la verdad es que estoy agradecida de la gente que me rodea, de mi grupo de trabajo", postuló.

Espero que Dulce Morena siga en pie, que la marca siga creciendo, esté yo o no. A mi me gusta brindar fuentes de trabajo, saber que a través de mis manos hay familias que viven de esto", concluyó Gabriela.

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