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La Mañana Facundo Casas

La historia más emotiva de los festejos en Cipo, subidos a la Scaloneta

Facundo, un ejemplo de vida, fue epicentro de los festejos callejeros de los cipoleños con su particular tributo al equipo argentino que dio la vuelta olímpica tras 36 años.

La ilusión de Facundo Casas se subió a La Scaloneta casi como su última esperanza y la de su familia futbolera de ver a la Argentina campeona del mundo y por eso vivió este Mundial de una manera muy especial.

Nacido el 2 de noviembre de 1986, resonaban los ecos de la conquista de Diego Maradona y los suyos en México cuando sus padres debieron oír el durísimo diagnóstico fue durísimo: una enfermedad degenerativa que no hacía superar los 18 años de vida para el hijo mayor.

Hace ya 36 años de esas duras palabras, exactamente el tiempo que la Argentina espero para bordar su tercera estrella sobre el escudo de AFA de la mano de un tal Lionel Messi, el sucesor del “10”.

“Facu” la pasó muy mal en marzo del año pasado, pero se sobrepuso y volvió a tomar fuerza el deseo de llegar a ver la vuelta olímpica de la Albiceleste. “Él es increíble. Su caso es una cuestión hereditaria, de las que no existen muchas. Amamos en mi familia al fútbol y lo único que queríamos era que él llegara a vivir esto. Por eso hicimos la copa y se nos ocurrió esta idea”, explicó su hermana menor Ailín.

En caravana, su silla de ruedas eléctrica se fue haciendo espacio por calle España hasta llegar a la intersección con Roca. Todos quisieron una foto con él, junto a la representada Scaloneta sobre su propio medio de movilidad.

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Con una sonrisa permanente en el rostro se fue contagiando del fervor cipoleño por las calles de toda la ciudad. Las caravanas hacia el centro comenzaron apenas terminado el partido en el estadio Lusail. La Alem era el punto de encuentro desde la zona norte y alrededor de la plaza San Martín todo quedó rápidamente cortado por la cantidad de vecinos vestidos de celeste y blanco.

Por eso se hizo necesaria la presencia de un grupo de jóvenes para cruzar la calle a un persona de la tercera edad, al ritmo de “la abuela, la la la la” que tanta trascendencia tomó por redes sociales a partir de una historia filmada en una esquina del barrio porteño de Liniers.

Ya en el cierre de los festejos en el centro, como en todo el Mundial, se vivieron algunas corridas protagonizadas por adolescentes que se concentaron dentro de la plaza. Pasadas las 20, la presencia policial tuvo que activarse para sacar a los más revoltosos que en la huida arrojaron piedras con peligro para algunos autos estacionados.

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