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La Mañana karaoke

Desmantelaron karaoke-prostíbulo para supermercadistas chinos

El local funcionaba los sábados en el barrio porteño de Sarandí y fue allanado por la división Trata de Personas de la Policía Federal.

Agentes del Departamento Trata de Personas rescataron a ocho mujeres víctimas de explotación sexual, que eran escondidas en un galpón en Sarandí, provincia de Buenos Aires. En ese lugar, también funcionaba un karaoke, una combinación que es común en China, pero también en el submundo porteño y bonaerense, ligado a las mafias de ese país instaladas en Argentina.

Las investigaciones se iniciaron a raíz de una denuncia anónima, la cual aportaba datos sobre un lugar en el barrio de Sarandí donde se brindaban servicios sexuales en infracción a la ley de trata de personas. Fue así que la policía encontró un galpón donde funcionaba una antigua fábrica, ubicada en la calle Suipacha al 1200. Allí descubrieron un precario prostíbulo ambientado como bar de karaoke.

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Según se conoció, dentro del lugar había unos 15 ciudadanos chinos, de los cuales uno fue arrestado por ser el "capo" del lugar. Se trata de un hombre de 35 años que vive en Argentina desde 2017, sin actividad registrada en la AFIP y con domicilio en Avellaneda. En tanto, casi todos los demás eran supermercadistas.

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También había ocho mujeres, dos de nacionalidad china, una peruana y otras cinco argentinas, que si bien reconocieron ser solo "acompañantes", tras las entrevistas del Equipo del Programa de Rescate se determinó que existen indicios del delito de trata de personas.

En tanto, fueron secuestrados nueve vehículos y 15 teléfonos celulares.

La causa está en manos del Juzgado Federal de Quilmes, a cargo del juez Luis Armella.

El detenido, a simple vista, no figura en condenas de primera instancia o en fallos del fuero federal bonaerense. Su perfil comercial es una hoja en blanco, algo raro para un delincuente asiático en el país: casi siempre dejan un rastro de papeles. Sus domicilios registrados no coinciden con, por ejemplo, comercios marcados por las mafias.

En los últimos años se conocieron varios locales similares que funcionaban en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires. En casi todos estos casos, el responsable máximo era un hombre conocido como Lin Lifeng, quien figuraba como dueño de supermercados chinos, pero que por la noche se dedicaba a negocios de este estilo.

Mafia China. Prostíbulo. Sarandí.

Supermercadista en los papeles, Lifeng en realidad es un hombre del entretenimiento. Solía regentear un karaoke que realizó fiestas clandestinas durante la pandemia en la calle Olazábal al 1.600, territorio del Barrio Chino, donde chicos y chicas asiáticos se reunían a bailar sin barbijo entre pequeñas bolsas de ketamina o pipas de metanfetamina cristal en los bolsillos, clausurado dos veces en 2021 por la Policía de la Ciudad.

Además, también hacía lo mismo en un local en la calle Lavalle, que la Policía Federal allanó años atrás para encontrar otra fiesta de asiáticos con pipas químicas, cocaína y prostitutas de varias nacionalidades. Como si fuera poco, también lo vincularon a otro punto caliente de la zona: una cueva en la calle Julián Álvarez donde funcionó un casino clandestino de mesas de póker y mahjong detrás de una puerta roja, un negocio de alta recaudación. Para cerrar su prontuario, en septiembre de 2021, lo detuvieron por enviar cocaína de alta pureza a Australia.

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