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La Mañana escuela

Doña Filomena y su legado en la escuela de Guañacos

Con 86 años, fue la primera auxiliar de servicio del único colegio. Fue reconocida en los 50 años de la Escuela Albergue 262.

Las escuelas son esos faros de la cultura y de la educación que atraviesan vidas y que a través de los años se transforman en fundamentales en cada comunidad. Filomena Arias, “Doña Mena”, para todos, con 85 años, fue uno de esos engranajes del motor de arranque de la Escuela Albergue 262 de Guañacos, la emblemática localidad del norte neuquino.

Desde su tarea como auxiliar de servicio, acompañó por 25 años el crecimiento del colegio que el pasado 28 de abril cumplió sus bodas de oro. En ella hay rastros de la historia de esta escuela que vio pasar por sus aulas y galerías a cientos de niños con la noble tarea de completar sus estudios primarios. Ella es la voz de esos recuerdos. Ella es la historia misma. Hizo de todo cuando no había nada.

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“En esa escuela me encargaba de todas las tareas. Hacía pan en horno de barro, cocinaba lejos de la escuela en un quincho que había y los alumnos más grandes me ayudaban a traer las ollas. Bien temprano le echaba leña todas las estufas, la cual había cortado la tarde anterior”, cuenta Filomena.

Y continua: “Para preparar los desayunos o meriendas o para limpiar los baños iba a buscar agua con tachos a la orilla del río y llenaba otros tambores más grandes que teníamos en la escuela. A veces juntábamos en un canal. En las tardes con algunos chicos salíamos a juntar palos de leña al campo y los traíamos al hombro. Antes todo era más sacrificado”.

Acostumbrada a la rigurosidad de los climas y a las faenas del campo, doña Filomena nunca le esquivó al trabajo. “Nunca falté a la escuela, hacía lo que fuera para llegar a cumplir las tareas y asistir a decenas de niños que eran como mis hijos”, contó la noble mujer.

DOÑA FILOMENA, LA PRIMERA AUXILIAR DE LA ESCUELA DE LOS GUAÑACOS FESTEJOS 50 AÑOS ESCUELA (2).jpeg

Vida sacrificada

“Yo vivía del otro lado del río y, para cruzarlo para llegar a trabajar a la escuela, mi esposo (Samuel Segundo Sepúlveda) me había hecho un puente con palos, piedras y un alambre en el que me agarraba para no caerme al agua. En invierno, cuando habían crecidas, cruzaba al anca de un caballo o me quedaba a alojar en el establecimiento con dos de mis hijos acostados en colchonetas y nos tapábamos con frazadas que nos prestaba el director, y al otro día bien temprano comenzaba con mi trabajo de nuevo”, añadió.

“Doña Mena” recordó que los alumnos también hacían su sacrificio ya que venían a caballo desde lejos para estudiar.

“Ahora son hombres y mujeres de bien con sus familias y siempre me recuerdan, me saludan y me agradecen porque para ellos fui como su segunda mamá. Yo siempre les brindé mucho amor”, dijo.

El trabajo de Filomena siempre estuvo rodeado por las carencias materiales en todo sentido.

Al respecto cuenta que “no teníamos bancos ni mesas en el comedor así que los alumnos traían sus pupitres para poder comer con alguna comodidad la comida que les preparaba, en especial las sopas y los guisos”.

Entre el colegio y las tareas del hogar

Doña Mena tiene cincos hijos, Héctor, Celia, María Cristina, Marciliano y José que también fueron -en alguna etapa de sus vidas– alumnos de la escuela, y muchas veces ayudaban a su madre en las tareas de limpieza. Para ellos, doña Filomena es un ejemplo de “valentía y superación en tiempos difíciles”.

Y no es para menos la consideración. La ex auxiliar de servicios se las ingeniaba siempre para cumplir todas sus labores en la escuela, pero la vida la puso a prueba a nivel familiar cuando un incendio les quemó su casa y todas sus pertenencias. “Perdimos todo, hasta los recuerdos, pero con trabajo y dedicación nos pusimos de pie nuevamente y seguimos adelante”, cuenta la mujer en su hogar de Andacollo, donde llegó hace quince años a disfrutar de su merecida jubilación.

>Reconocimiento a la historia, el valor y la dedicación

La escuela se erige altiva en la margen del río Guañacos que atraviesa serpenteando el paisaje cordillerano. El Ministro de Gobierno y Educación Osvaldo LLancafilo llegó allí para rendirle tributo a la escuela y a sus primeras trabajadoras.

“Es importante recuperar la historia de un pueblo y mantenerla vigente y es fundamental seguir escribiéndola día a día. El compromiso es fortalecer la escuela pública, porque ese es el camino para seguir construyendo presente y futuro”, pronunció LLancafilo.

Por su parte la directora Ana López Miño rememoró los inicios de la escuela: “Hoy no sólo festejamos un cumpleaños, hoy festejamos la fuerza y convicción que sí se puede. Un pueblo que luchó por sus tierras, su lugar y el futuro de las próximas generaciones”.

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En el acto se entregó un reconocimiento especial a doña Filomena Arias como la primera auxiliar de servicio de la Escuela y a doña Estelita Sepúlveda, quien cumplió 30 años de servicio.

“Ella me reemplazó cuando yo me jubilé. Yo siempre llevaré en mi corazón todos los años pasados en mi querida escuela ya que fue mi segundo hogar y la que me ayudó con su trabajo a criar a mis hijos”, expresó doña Mena.

La historia de la Escuela Albergue está emparentada con Los Guañacos, aún antes de su conformación como pueblo. Fue el primer escalón de un progreso que se resistía en llegar por estas tierras inhóspitas. En 1896 abrió sus puertas en distintas y precarias locaciones. Hasta que despuntado el año 1920 una casa de adobe fue su refugio estable hasta el año 1968. Ese año fue bisagra ya que la institución cerró sus puertas porque las familias debieron emigrar del lugar por un desalojo judicial.

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