Pablo Montanaro - [email protected]
“En realidad lo intuís, sentís que hay algo que no encaja, y cuando de grande te enterás de que no fuiste adoptado, se te hace todo un quiebre y ahí empezás a buscar”, explica a LM Neuquén María de los Ángeles García, de 49 años, quien hace cuatro emprendió una intensa búsqueda para encontrar a su madre biológica.
La sospecha permaneció en ella desde pequeña, pero recién pudo constatarlo cuando por un problema de salud de uno de sus hijos le preguntaron por la herencia genética. En ese momento advirtió que en su partida de nacimiento faltaban datos.
“Te inscribían como hijo biológico de la familia de crianza y todos los datos reales directamente desaparecen, no tenés ningún registro donde puedas empezar a buscar. Cuando estás buscando a tu madre, no sabés a quién estás buscando”, señala la mujer que pudo saber que su madre sería oriunda de Zapala y que al momento de dar a luz era muy joven y trabajaba de empleada doméstica en una casa del barrio Campamento 1 de Cutral Co.
Con información que le fueron acercando algunos familiares, constató que nació el 3 de mayo de 1970 en el Hospital Rural de Cutral Co. “Pero por la forma en que te cría la familia de crianza, una siempre está con culpas, con miedo de preguntar y de querer saber”, explica.
Confiesa que le “tocó el corazón” pensar que su madre se habría arrepentido de entregarla y eso fue lo que la motivó a iniciar la búsqueda. “Mi intención es que si ella se entera, quiero que sepa que la estoy buscando. Ojalá la encuentre”, dice ilusionada.
Comenta que en estas historias de búsqueda de la identidad de origen “lamentablemente hay muchas mentiras, ocultamiento y pactos de silencio; entonces se hace muy difícil construir una relación con la familia de crianza”. En ese contexto de ocultamientos ocurre que “genera miedo lastimar a la familia de crianza, por implicarla en alguna situación legal, pero en estos casos estamos hablando de un derecho que fue vulnerado y que ahora de adultos lo estamos reclamando”.
Cuando emprendió su búsqueda conoció a otras personas de Neuquén y Río Negro que están transitando el mismo camino de incertidumbre y dolor por conocer sus orígenes biológicos.
En septiembre pasado su búsqueda dejó de ser algo individual para convertirse en un objetivo colectivo. Junto con otras personas que buscan sus orígenes biológicos crearon la página de Facebook “Te estoy buscando Patagonia”, con la finalidad de visibilizar la búsqueda de todos y establecer nuevos contactos. “Usado bien, Facebook es una herramienta valiosa para todos los que estamos en esta situación porque vamos creando una red, somos buscadores”.
Cuenta que el grupo está integrado por unas 40 personas y que a partir de esta red “podemos ayudarnos, contenernos, hacer visible esta problemática y reclamar este derecho a la identidad de origen”.
Precisa que cuando una persona emprende esta búsqueda lo hace en la más absoluta soledad. “No encontrás contención del Estado ni de las instituciones a las que acudís para obtener alguna información, sos el que rompe con esa estructura familiar que estaba tan bien guardada”, sostiene.
“El acompañamiento, la ayuda mutua, el hecho de estar con alguien que sabés que transita por la misma situación te genera un bienestar y es una forma de sanar y reconstruirse como persona”, dice María.
Respuestas para cerrar un ciclo
María de los Ángeles García insiste en que no juzga a quien fue su madre, entiende que habrá tenido sus razones para entregarla a otra familia o lo que le haya pasado en ese momento. “Yo necesitó saber sobre ella, sobre mis orígenes biológicos para encontrar respuestas y poder cerrar un ciclo de mi vida”, explica la mujer de 49 años, que fue una de las disertantes del Segundo Encuentro Provincial sobre el Derecho a la Identidad Biológica y Búsqueda de Origen organizado por la subsecretaría de Derechos Humanos del ministerio de Ciudadanía que se realizó el jueves en el Salón Azul de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo).
Según el registro del Banco Nacional de Datos Genéticos de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), en la Argentina hay entre 10 mil y 11 mil personas que no conocen su identidad biológica.
“Un chico apropiado es la cosificación del ser humano”
Sonia Manzini siempre dudó de sus orígenes y los de su hermano y su primo. En 2015 denunció a sus padres biológicos, quienes hace dos años fueron condenados por apropiación ilegal y supresión de identidad.
Con una valentía admirable, a mediados de 2015 Sonia Manzini presentó una denuncia contra sus padres -una jueza de Paz de Junín de los Andes y un ex sargento del Ejército- por apropiación ilegal de ella misma, de su hermano y de su primo durante la última dictadura militar. La mujer presentó la denuncia ante la Unidad Especializada para Casos de Apropiación de Niños durante el terrorismo de Estado.
Dudas, mentiras, negaciones y ocultamientos conformaban un combo oscuro que obligó a Sonia a emprender el camino en la búsqueda de la verdad. Finalmente, en octubre de 2017, la Justicia resolvió condenar a Raquel Briceño y Rodolfo Manzini a tres años de prisión por sustracción de menores, supresión de identidad y falsificación de documentos públicos.
Un examen de ADN confirmó que Sonia era la hija legítima del matrimonio. Sin embargo, sostiene: “Por más que el ADN haya dado positivo, a mí no me sigue cerrando; además, el examen no fue hecho por el Banco Genético sino por una policía federal”. “La relación con mis padres fue siempre traumática, con maltratos”, agrega.
Lo que sí comprobó la Justicia es que aquel niño que Sonia, en 1976 cuando tenía 10 años, vio llegar a su casa envuelto en una manta celeste y sus padres se lo presentaron como su hermanito Julio Manzini, “traído por una cigüeña” en plena dictadura militar, había sido apropiado ilegalmente. Por la incansable lucha emprendida por Sonia se logró ubicar a Alicia Sifuentes, la legítima madre de Julio, que vivía en San Martín de los Andes y quien afirmó que Julio Quiroga, un juez de Paz de San Martín de los Andes, le había sacado el bebé de sus manos cuando tenía 16 años.
También quedó comprobado que Raúl Barizoni, primo de Sonia, tampoco era hijo biológico del gendarme Raúl Barizoni y Graciela Briceño, hermana de Raquel, sino de una mujer oriunda de una zona rural de Aluminé.
“Cuando empecé con todo esto en febrero de 2015 no había nada, me encontré con múltiples barreras y miedos. Hice la denuncia en el Juzgado Federal porque no podía hacerla en la provincia. Se empezó a visibilizar que los niños apropiados eran muchos más en la Patagonia”, comenta.
Respecto de la condena a sus padres, señala que lo importante no ha sido “la cantidad de pena que se les impuso, sino que este caso marcó un antecedente para justamente abrirles la puerta a todos los demás chicos apropiados y callados que hay en la Patagonia y a esas mamás que nunca fueron visibles”.
Para Manzini, el agravante en este caso fue la investidura de sus padres. “El Estado siempre estuvo metido en estas complicidades y ocultamientos, ya sea hospitales públicos y privados, enfermeras, parteras, Iglesia, registros civiles. Era sistemático y pensando que era normal, porque si vos no podés criar a un hijo, lo tiene que criar alguien que pueda”, describe.
Resalta que se debe comprender que “un chico apropiado pasa a no tener más a su mamá, pasa a pertenecer a otra persona que le cambia el apellido y todo, es la cosificación del ser humano y a esto tenemos que decirle basta”.
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