El calor sofocante, unos 34 grados en pleno mediodía, le sacó varias marchas al juego. Todo se hizo lento, como regulando energías por si el duelo se estiraba. Argentina se hizo dueña del balón en el inicio, pero Riquelme no encontró espacios para quebrar una defensa férrea. Messi y Agüero estuvieron cerca de saltar ese cerco verde, pero nunca pudieron. El equipo del Checho fue previsible, y ni siquiera logró generar algunos tiros libres para conseguir así lo que no se podía por abajo. Riquelme tuvo el único a los 9 minutos y la tiró muy arriba.
Atrás Argentina no la pasaba mal ante los peligrosos africanos, que sólo en un par de ocasiones hallaron huecos por las bandas. Así asustaron más de lo que concretaron. Nigeria tuvo la primera clara con un cabezazo de Odenwingie, y recién 10 minutos después volvió a pisar el área con peligro.
De Argentina, poco y nada. Gago y Mascherano jugaron muy cerca de Riquelme y Messi. El trámite lento no varió siquiera tras el descanso para que los jugadores se hidrataran en medio de semejante calor. Los dos se iban al entretiempo sin sobresaltos hasta que los de Batista apretaron el acelerador en el cierre y con un córner jugado por abajo que pasó por la cabeza de Agüero y terminó en las manos de Vanzekin, y un lindo zurdazo de Monzón que el arquero mandó al córner.
La velocidad no cambió en el complemento, aunque Argentina empezó mejor. Agüero casi pellizca un pase de Messi, luego la Pulga pisó la bola con su calidad y sacó un zurdazo que tapó el arquero, y en la tercera llegó la apertura. En una jugada con origen extraño y un cierre de lujo. Porque fue Riquelme (disfrazado de Mascherano), en campo propio, el que trabó para recuperar una pelota, que le cayó a Di María en la línea central para que el volante se mandara una larga corrida por izquierda y definiera ante el arquero con un toque por arriba estupendo. Iban 11 minutos.
Había mucho tiempo para sufrir y lo hizo sólo dos veces antes de la media hora, siempre con la misma parsimonia que no varió pese al apuro de los africanos. Romero estuvo atento y Pareja se equivocó poco, aunque cada vez eran más las camisetas verdes en campo albiceleste.
De contra, con más espacios, Argentina pudo hacer un daño irreparable si Agüero llegaba un segundo antes a un pase de Lio, que después adelantó mucho el balón cuando quedaba cara a cara con el gol. Faltaban 12 cuando un bombazo de nigeriano silbó el travesaño. El Checho mandó a la cancha a Sosa para tener la pelota y puso a Messi de punta.
Nigeria no asustaba y a siete del final Romero tuvo que revolcarse ante un remate de Anichebe dentro del área chica. Faltaban 5. Argentina hacía control del balón y miraba el reloj. Que ya marcaba 89. El húngaro dio 5 de descuento por el parate refrescante y la angustia se estiró. Hasta el pitazo esperado que nos volvió a dejar el oro en las manos por otros cuatro años.
Beijing > El festejo que comenzó con el silbato del referí se trasladó a los distintos sectores del poblado Nido de los Pájaros, en el cual también estuvo Diego Maradona. Los jugadores en el centro del estadio, saltando y refrescándose en el caluroso mediodía de Beijing. Con Oscar Ustari incluido, quien se perdió los juegos finales por la durísima lesión en la rodilla que lo tendrá ocho meses parado, pero que no se quedó sin festejo.
Los voluntarios comenzaron a armar el podio para que Brasil, que terminó tercero, Nigeria, que perdió la final, y Argentina, que repitió en gran forma el título obtenido hace cuatro años en Atenas, se treparan.
El oro llegó sin que Argentina perdiera ningún encuentro y jugando en el partido más importante, ante Brasil, de gran forma.
En el debut olímpico, Argentina derrotó a Costa de Marfil por 2 a 1 con goles de Lionel Messi y Lautaro Acosta. Luego, Ezequiel Lavezzi le dio la victoria ante Australia (1-0) y ante Serbia el triunfo por 2 a 0 se consumó con otro gol del jugador del Nápoli y uno de Diego Buonanotte.
Ya en la etapa de cuartos de final se encontró con un rival complicado. Los noventa reglamentarios terminaron 1 a 1, con gol de Messi. En el suplementario, el ángel argentino –Di María- le dio el triunfo.
Llegó el partido clave, el más difícil y el que cada argentino quiere ganar: ante Brasil. Con una clara superioridad, el seleccionado que dirige Sergio Batista ganó por 3 a 0 , con dos goles de Sergio Agüero y uno de Juan Román Riquelme, de penal.
La final, en un horario inhumano y con una temperatura de casi 34 grados, apareció otra vez, desde el cielo, Ángel Di María, para marcar el único gol del encuentro y darle el segundo oro olímpico en Beijing a Argentina y al fútbol en su historia en la cita ecuménica.
Brasil se conformó con el bronce
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