Cada 7 de noviembre se celebra en el país el Día del Canillita, profesión de la que quedan algunos pocos, pero que aman la tarea diaria de repartir las noticias entre los vecinos y vecinas de la ciudad.
Eduardo Navarro tiene 58 años, y hace 44 años que se puso el uniforme de canillita que no se quiere sacar a pesar de los cambios en los usos de este rubro.
“Yo trabajaba con mi hermano en una ferretería, tenía 13 años cuando una mañana vimos a un canillita y lo frenamos para saber cuánto ganaba y cómo era el laburo. Nos gustó y arrancamos”, contó Navarro a LM Neuquén, con sus ojos vidriosos de recordar sus años de juventud e inicio en esta profesión que lo acompañó toda su vida.
La tarea no es fácil, hay que despertarse muy temprano y no fallar a quienes esperan por tener en su mesa las noticias escritas por los periodistas locales.
Desde el comienzo a Eduardo le gustó mucho este trabajo. Estar en la calle, charlar con la gente, con otros vendedores ambulantes. Disfrutar al aire libre.
Y las costumbres fueron cambiando. Los horarios de ventas también. Y aunque siempre se vendieron más diarios los fines de semana, actualmente esa diferencia es más marcada.
Las jornadas para los canillitas comienzan pasadas las 4.30 con una buena taza de café en sus hogares. De lunes a viernes Eduardo llega a su esquina en la rotonda de Mengelle y avenida Alem de Cipolletti a las 5.30. Y ahí se queda hasta pasado el mediodía.
Los sábados y domingos hay que hacer un esfuerzo más. El canillita está en su esquina desde las 4 de la mañana. “Es cuándo más se vende, así que hay que aprovechar”, aseguró el canillita, quien contó además que debe repartir los diarios en la casa de las familias que contratan ese servicio y luego vender a los automovilistas o transeúntes.
Días difíciles
Como la mayoría de las profesiones, la del canillita también sufrió mucho los meses de restricciones por el coronavirus.
“En la pandemia bajó mucho la venta. Imaginate la gente no quería tener contacto con el papel, se puso muy difícil nuestro trabajo”, confesó el canillita.
Antes del coronavirus, eran varios los ejemplares que este canillita dejaba en el casino y también en las confiterías, que durante los meses más difíciles no pudo entregar.
“Pero bueno, gracias a Dios hoy la estamos peleando de nuevo y no me puedo quejar. Trabajo hay”, contó.
Los canillitas trabajan de modo independiente. Dependen de sus ventas para ganar dinero.
Historias
Trabajar en la calle brinda cada día nuevas historias, situaciones, y sensaciones para contar. Aunque a veces la cotidianidad no deja tiempo para el recuerdo.
Eduardo dijo que le pasaron muchas cosas en estos 44 años como canillita. Buenas y malas.
Entre uno de los momentos más fuertes que le tocó vivir recordó el momento que unos delincuentes le robaron la bicicleta a una chica frente a él.
“Fue todo tan rápido todo. Aún me siento mal por no haber podido ayudar a esa chica. Pero estábamos con otro colega en la rotonda, como siempre, y dos tipos la frenaron y le sacaron la bici. Para cuando reaccionamos ya habían desaparecido”, recordó de ese sorpresivo momento.
El canillita de Cipolletti recordó con un suspiro un día que se encontró plata en el piso. “Qué felicidad, eran 50 pesos, andá a saber todo lo que te podías comprar en ese entonces con 50 pesos. Fue maravilloso”, contó.
El Día del Canillita se conmemora desde 1947 en homenaje al dramaturgo y periodista uruguayo Florencio Sánchez, que dio origen a la denominación "canillita" con su sainete, y desde 2010 es considerado día no laborable.
Por lo tanto, hoy se considera no laborable para los trabajadores del sector, quienes este lunes no estarán en la calle para acercarte las noticias como todos los días.
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