Educación vial para no morir
Los números preocupan. No son nuevos, pero tampoco son sólo numeros. Detrás de cada accidente (incidente) de tránsito quedan hierros retorcidos y huesos y corazones lastimados. Unos se arreglan. Los otros no. Como cada problema que suele ser de todos, casi nadie se hace cargo. Y así seguimos.
Las cifras que dio a conocer la titular del SIEN sobre lo que está ocurriendo este año en Neuquén no difieren de las que surgen en otras partes del país. Un país en el que la cantidad de muertes por día en accidentes evitables no genera estupor, no logra hacer más numerosas las marchas de los familiares de las víctimas, no consigue impulsar cambios profundos en algunas de las causas que los provocan, como el abuso del alcohol al volante y la imprudencia en las rutas.
Desde siempre, sacar el registro para conducir suele ser un “trámite” más fácil que ganarle a Andorra con Messi en cancha. Una mañana para la que estudiamos un poco, sabiendo que la posta es estacionar decentemente. Antes, a los chicos que van en busca de su carnet por primera vez les enseñamos poco y nada. Y si lo hacemos sólo con el ejemplo, estamos fritos. Manejamos como vivimos. Y ellos aprenden de eso. Hay que enseñarles en casa, en el auto, en las escuelas. Hay que poner a la educación vial como una prioridad entre las políticas de estado. Y de cada familia. Hay que entender que la irresponsabilidad nos está matando. De verdad. Sin metáfora.
La asociación civil Luchemos por la Vida informó el fin de semana que en los últimos 25 años en Argentina murieron más de 189 mil personas en accidentes de tránsito. Imaginate la cantidad. Imaginate las ciudades enteras que dejaron de existir desde 1992 para acá. Imaginate lo necesario que es que empecemos a atacar el problema en serio.
En nuestro país murieron en los últimos 25 años 189 mil personas en accidentes de tránsito.


