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La Mañana

El abismo de las series

Ya no hay asado entre amigos o reunión familiar donde no se hable de una serie de Netflix. Años atrás era impensado poder ver un capítulo a antojo, sino que había que estar delante de la pantalla el día y hora en que se emitía, porque si te lo perdías podías quedarte aislado de la charla entre amigos y, además, no tenías forma alguna que poder verlo, salvo que hubieses programado la videocasetera. ¿Te acordás?

Hoy la vida en red y el consumo on demand son cotidianos. Quedarse un finde en cama y pegarse una buena maratón de alguna serie es un clásico.

Incluso, hoy las series ayudan a resolver cuestiones del conocimiento. Por ejemplo, muchos (no quiero generalizar) ven series como CSI y se creen que las investigaciones criminales se resuelven como en un capítulo de 45 minutos. Hasta suponen que las tecnologías aplicadas están al alcance de todos.

Las series muestran de manera sencilla lo que en la realidad es algo mucho más complejo

Primero que nada, habría que separar realidad de ficción y entender que ambas se han retroalimentado a lo largo de la historia.

Una huella digital encontrada en una escena del crimen es clave para esclarecer un caso pero no es algo tan sencillo como lo vemos en la pantalla. En la realidad, se suelen encontrar muy pocas huellas y la mayoría son parciales, por lo que no suelen servir para el cotejo. A esto hay que sumarle si el dueño de esa huella alguna vez fue detenido y se le tomaron las huellas y se cargaron en el programa específico para compararlas.

Es decir, así como las series pueden alimentar nuestro espíritu aventurero, también pueden distorsionar nuestra percepción de la realidad. Por eso es recomendable no caer en estos abismos.