El artista que logró darles vida a los dinosaurios

José Luis Gómez recrea a escala a estas especies extintas.

POR NATALI RUIZ DE GALARRETA / ruizn@lmneuquen.com.ar

Los asombrosos colores de unas frondosas alas emplumadas, la forma de cientos de pequeñas escamas que asoman de un huevo prehistórico recién cascado y el laborioso detalle de los grandes esqueletos de dinosaurios que habitaron nuestro mundo hace millones de años, se pueden contemplar hoy gracias a la magia del fascinante mundo del paleoarte, del cual José Luis Gómez es uno de los primeros y más importantes exponentes de nuestro país.

Este paleoartista es un biólogo egresado de la Universidad de Buenos Aires que comenzó en los años 80 el camino de la reconstrucción de especies extintas. Sus piezas llegaron a museos y muestras de Estados Unidos, Italia, Hungría y Suiza, y gracias a su dedicación, el mundo ha podido contemplar cómo fueron los grandiosos dinosaurios que caminaron sobre estas tierras.

“Arranqué después de ingresar al Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, y fui creciendo en conocimiento gracias a escuchar conversaciones ajenas entre diferentes paleontólogos y especialistas. Porque esto fue siempre una pasión pero al principio no sabía tanto”, explicó Gómez.

Lo que más lo animó fue una circunstancia aterradora en la historia del país: la hiperinflación de los 90 empujó a Gómez a emigrar a Suiza. Allí fue donde les vendió la idea de hacer una exposición de dinosaurios argentinos a los alpinos. “Les encantó la idea. Hablé con José Fernando Bonaparte, que era mi director en aquel entonces, para que me dé luz verde y en 1991 arrancamos a armar los materiales tanto para Suiza como para el museo, que fue lo que luego se convertiría en mi museo itinerante Paleorama”, explicó.

En 1986 formó parte del equipo encabezado por Bonaparte para la extracción del Carnotaurus, hallado en Pampa de Gastre, Chubut


Los secretos de un oficio único


Para construir sus réplicas, Gómez debe realizar un copiado de los huesos de las especies que puedan resistir la manipulación, para lo que utiliza yeso en el peor de los casos y poliuretano expandido en el mejor. Así se levantan desde cero los monstruosos esqueletos que se ven en las exposiciones. Así también es como hace las pequeñas piezas y especies para replicar el hábitat natural de estas bestias.

Para aquellos huesos que son demasiado frágiles, el paleoartista moldea una copia teniendo siempre en vista el original, y cuando para completar un esqueleto faltan algunas piezas, algo que sucede a menudo, se replica la pieza en arcilla o plastilina de acuerdo a lo que se conoce de especies afines, y a lo que se sabe gracias a investigaciones científicas.

Un punto fundamental, y para el cual siempre se tiene dudas, es el de los colores y las formas exactas de estos seres, ya que no existen fotos de cómo eran estos bichos prehistóricos. Si bien en algunos casos hoy se puede llegar a detectar el color de algunas partes de determinadas especies, el resto, lo que no se conoce, se llena con arte.

“Los colores generalmente son los que uno se imagina que puede ser, no son exactos. Igual ya hay evidencias más claras de los posibles colores, principalmente de los dinosaurios emplumados. Un ejemplo son las plumas del archaeopteryx, que es el ave más antigua conocida, que por conocer la microestructura de las plumas sabemos que muy probablemente hayan sido negras”, explicó el biólogo nacido en Don Torcuato, provincia de Buenos Aires.

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Museo de grandes dimensiones

Junto a Alejandra Monteverde, Virginia Gómez y Javier Sesarini, José Luis construye para su emprendimiento Paleorama las réplicas de los esqueletos y las reconstrucciones de animales y paisajes que copian en el presente un mundo del que hoy sólo quedan rastros.

La primera muestra en el país con este museo itinerante fue en su ciudad natal, donde vive y tiene su taller. La última fue Misión Dino, la muestra organizada la semana pasada por el Copade y la Secretaría de Cultura provincial, que resultó ser su muestra más austral hasta la fecha. Para acompañar los aportes de otros museos, Gómez trajo, entre otros, el esqueleto del carnotaurus y la pata -de la altura de una casa- del legendario argentinosaurus.

“Pensábamos que nunca nos iban a llamar de Neuquén para una muestra de tal magnitud, porque acá es el nido de los dinosaurios. Nos agradó mucho poder mostrarnos”, precisó quien realizó la reconstrucción del Giganotosaurus carolinii, ese gigante que da la bienvenida a todos los visitantes en el Museo Paleontológico Municipal Ernesto Bachmann en Villa El Chocón.

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--> La importancia de las réplicas recae en sus originales

Ingresar a un museo de ciencias naturales y encontrarse con réplicas de los objetos y animales que uno fue a ver de primera mano no siempre es bien aceptado por el público. Pero para los paleontólogos es algo que consideran “fundamental”.

“Uno ve que la gente se desilusiona un poco cuando se entera de que ve réplicas en los museos, pero cuando se explica que es una forma de proteger los originales, lo entienden. Porque los originales deben estar preservados en los organismos o instituciones dedicados, al ser los responsables de la preservación de nuestro patrimonio”, especificó el biólogo y paleoartista José Luis Gómez.

Considera primordial concientizar sobre la importancia de las piezas originales. Por eso sostuvo que cuando uno encuentra una pieza que considera puede ser prehistórica, no se la tiene que llevar a su casa. “Hay que darles aviso a los museos de la zona o al municipio para cuidar algo que puede llegar a ser histórico. Muchas veces no se denuncian los materiales por miedo a que se detenga una obra, pero es un error porque a nivel ciencia es mucho mayor el beneficio de encontrar los materiales que unos días de atraso en una construcción”, agregó Gómez sobre un acto conocido (y criticado) en suelo neuquino.

--> Ser parte de la historia científica

José Luis trabajó durante años junto con José Fernando Bonaparte, el reconocido paleontólogo que tiene en su haber los méritos de ser uno de los padres de la paleontología argentina, además de ser el profesional vivo que más especies de dinosaurios descubrió en el mundo.

“En 1986 nos fuimos con Bonaparte y un equipo de varios muchachotes a Chubut por el Carnotaurus, y con esfuerzo sacamos los pedazos gigantes de piedras y los cargamos en camiones a todo a pulmón para llevarlos hasta el museo. Quince personas estuvimos trabajando dos años taca, taca, taca, para desenterrar a un bicho de más de 8 metros de largo”, rememoró Gómez sobre el momento en que fue parte de la extracción de los huesos del entonces recién descubierto Carnotaurus, un hito fundamental en la historia de la ciencia argentina.

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