El bien propio y el botón rojo
Al cierre del lunes feriado se conocieron una serie de restricciones que fueron tomadas con distintos matices en los municipios involucrados, en las actividades comerciales y en la sociedad en general. ¿Cuánto efecto tuvieron? El termómetro de la calle lo marca: casi no hubo merma en la circulación vehicular y la gente anda libremente como si la curva COVID fuera en descenso y el colapso sanitario no fuera una amenaza constante.
¿Qué cambió desde que los médicos pedían a gritos el botón rojo? Nada. Los pacientes se siguen muriendo -112 en la primera quincena- y los positivos se multiplican en cada rincón. Algunos apuestan a la inmunidad por rebaño y otros califican la idea de “egoísta” y “perversa”.
“Es un tiempo prudencial de análisis. No se podían no tomar estas medidas porque el sistema sanitario lo pedía a gritos”, confían desde Casa de Gobierno con el avance de la primera semana. Salvo el jefe de Gabinete y la ministra de Gobierno, no hubo otras voces que aborden la dramática situación epidemiológica. Al mismo tiempo, otros agitan la rebeldía, sumando un granito de arena a la irresponsabilidad palpable en las calles de la capital y de las ciudades con transmisión comunitaria.
¿Qué la actividad comercial es el fusible que frena la ola? No lo creo. No me caben dudas de que suma a la masiva circulación pero que el mayor problema son las juntadas y la falta de conciencia social desde lo individual. Ya lo dijo una médica por las redes: hay que dejar de “romper las pelotas” con las reuniones sociales y pensar solo en el bien propio. Individualismo que, incluso, a varios les hace pensar en las elecciones de 2021 en medio de una pandemia.
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