Ezequiel Gamba y Romina subieron al colectivo de la línea 53 en la ciudad de Córdoba, sin imaginar que Felipe estaba a punto de nacer. Subieron, se sentaron y a los pocos minutos todo cambió. Ella se descompuso y sólo atinó a decir que el dolor que sentía era muy fuerte y “no daba más”. De inmediato el resto de los pasajeros reaccionó. Le avisaron al chofer, Mauro Giupponi, y la odisea comenzó. La frenética carrera para cruzar la capital cordobesa a las 7.30 de la mañana se puso en marcha con el rumbo claro: el hospital Misericordia.
Mauro frenó el vehículo y anunció que cambiaba el recorrido. Bajaron casi todos. “Cinco o seis se quedaron y me dijeron que me iban a ayudar”, explicó el chofer. El colectivo “decorado” con varios pañuelos y telas blancas flameando desde las ventanas y a puro bocinazo se hizo lugar en medio de una Avenida General Paz plagada de coches. Los autos le fueron abriendo paso y la extenuante recorrida llegó a su fin justo a tiempo. “Por suerte llegamos a destino, la mamá fue atendida y el bebé nació sin problemas”, expresó el colectivero, que cuando cumplió con su jornada laboral regresó al hospital con su mujer y un regalo para el recién nacido.
“Yo le quiero agradecer porque hizo un recorrido de una hora en 20 minutos”, dijo Ezequiel el padre del niño, todavía emocionado tras el nacimiento de Felipe Nahitán que nació con 3,900 kilos.
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