Risotto de hongos, una receta fabulosa y fácil de hacer
Cremoso, aromático y sin nada de carne. Un risotto que impresiona en cualquier mesa con ingredientes simples.
El risotto tiene fama de difícil. Y es mentira. O casi mentira. Lo que sí requiere es atención: no te podés ir a ver la tele y volver cada tanto. Tenés que estar ahí, revolviendo, agregando caldo de a poco, hablando con el arroz.
Pero eso es exactamente lo que lo hace especial. Cocinar un risotto es un acto de presencia. Y cuando lo terminás y le das ese último golpe de manteca y parmesano que lo hace brillar, entendés por qué vale la pena.
Con hongos de otoño —desde champignones hasta portobellos o los que vienen deshidratados— este plato sube de nivel de manera brutal.
Ingredientes (para 4 personas)
- 350 g de arroz arbóreo o carnaroli
- 400 g de hongos frescos (champignones, portobellos o mix)
- 30 g de hongos secos (porcini o los que consigas)
- 1 cebolla chica
- 2 dientes de ajo
- 150 ml de vino blanco seco
- 1 litro de caldo de verduras caliente
- 60 g de manteca
- 80 g de queso parmesano rallado
- Aceite de oliva
- Sal, pimienta negra y tomillo fresco
- Perejil para decorar
La preparación del risotto, paso a paso
- Hidratá los hongos secos en 200 ml de agua tibia durante 20 minutos. Cuando estén, escurrís y picás. Reservá el agua de remojo colada para agregarla al caldo: tiene un sabor increíble.
- Calentá el caldo en una ollita aparte y mantenelo caliente durante toda la cocción. El caldo frío arruina el risotto.
- En una sartén grande, calentá un chorro de aceite de oliva con la mitad de la manteca. Salteá los hongos frescos en trozos a fuego fuerte hasta que estén dorados. Reservá.
- En la misma sartén o en una olla ancha, pochá la cebolla picada fina y el ajo durante 3 minutos. Agregá el arroz y tostalo 2 minutos, revolviendo, hasta que los bordes se pongan traslúcidos.
- Sumá el vino blanco y revolvé hasta que se absorba por completo. Ese sonido del vino al caer es el risotto bien hecho.
- Empezá a agregar el caldo caliente, un cucharón a la vez, revolviendo constantemente. Cada cucharón entra cuando el anterior fue absorbido. Así durante 18-20 minutos.
- Cuando el arroz esté al dente, incorporá los hongos salteados y los secos. Apagá el fuego.
- Manteado final: agregá la manteca restante y el parmesano, revolvé con energía durante 1 minuto. El risotto tiene que quedar cremoso, que se mueva solo al sacudir la olla. Servís de inmediato.
Tips que marcan la diferencia
- El caldo siempre caliente: si lo agregás frío, el arroz se shockea y no libera el almidón. Ese almidón es lo que hace la cremosidad del risotto.
- No te excedas en el tiempo: el arroz para risotto se cocina al dente. Si lo pasás, queda pastoso y sin remedio.
- El manteado es el secreto: ese paso final de manteca y parmesano fuera del fuego es lo que transforma el plato. No lo saltees.
- Variaciones: podés agregar espinaca salteada, rúcula fresca al final, o un huevo pochéencima. Todas opciones que funcionan.
Para acompañar
Se sirve solo, en plato hondo, con un poco de parmesano extra por encima y pimienta negra recién molida. Nada más.
Un vino blanco bien frío —un chardonnay neuquino o un torrontés— es el complemento ideal. Este plato los va a impresionar sin que hayas pasado el día cocinando.
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