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La Mañana Covid

El compromiso de Juan con los pacientes COVID en el Hospital Heller

Juan Merino se contagió en octubre y hoy se encarga de repartir la medicación en el área Covid del hospital donde trabaja desde que se inauguró en 1999.

“Hoy pongo todo mi esfuerzo y mi empeño para entregar esta medicación para que no le falte a nadie y así poder ayudar a esta gente que está internada y que no sabe si va a salir viva”, dice Juan Merino mientras traslada el carro con las cajas de medicamentos e insumos biomédicos destinadas al área COVID del hospital Heller.

Las palabras de este hombre de 54 años, padre de diez hijos, que camina los pasillos del hospital ubicado en el oeste de la ciudad como si fuera su casa, reflejan el compromiso que llevan adelante desde hace un año y medio los trabajadores de la salud para enfrentar esta pandemia y salvar las vidas de quienes se encuentran internados. Es el compromiso y la entrega hacia los demás de alguien que también debió atravesar la enfermedad y la de su mujer.

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Juan es uno de los integrantes del depósito donde se almacenan los medicamentos e insumos biomédicos y hospitalarios, que luego distribuirá en cada uno de los sectores del hospital, al que ingresó a trabajar desde su inauguración en marzo de 1999.

Antes de trabajar en el Heller, estuvo más de cuatro años en el centro de salud del barrio San Lorenzo Norte. “Cuando entré, me mandaron con una escoba y un balde de agua a limpiar el piso”, dice con una sonrisa. Después puso toda su voluntad para hacer el curso de camillero y paramédico en emergencias. “Y cuando se abrió el hospital Heller, comencé como camillero y estuve 14 años”, relata.

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Confiesa a LM Neuquén la sensación de temor que lo invadió cuando comenzó la pandemia. “Sentí que iba a ser una carga muy pesada para cada integrante del personal del hospital”, precisa.

A mediados del año pasado, lo afectó una neumonía y, en septiembre, fue la primera persona que se sometió a un hisopado en el hospital. “Tenía una neumonía, todo el tiempo andaba con dolores en la espalda que eran insoportables. El hisopado dio negativo, tenía neumonía y me mandaron a mi casa por un mes. Cuando salgo de la neumonía, vuelvo a trabajar y a los 15 días me agarré el COVID”, describe.

Les agradezco a las doctoras Marisel Jara y Rocío Alem que me sacaron del COVID, ellas me dieron la sobrevida para poder estar hoy trabajando y ayudar a quienes están internados Les agradezco a las doctoras Marisel Jara y Rocío Alem que me sacaron del COVID, ellas me dieron la sobrevida para poder estar hoy trabajando y ayudar a quienes están internados

Juan transitó el virus internado en su casa de la calle Casimiro Gómez en el barrio Peumayén, con un tubo de oxígeno al que acudía cuando le faltaba el aire y no podía respirar. Dice que durante su internación domiciliaria fue atendido en forma telefónica por Marisel Jara y Rocío Alem, médicas del hospital. “Les agradezco muchísimo a estas dos médicas que me sacaron del COVID, estuve muy mal y ellas dieron todo, me dieron la sobrevida para poder estar hoy trabajando y ayudar a la gente que está internada y la está pasando mal”, reconoce. No puede ocultar las lágrimas al recordar las comunicaciones telefónicas con las dos médicas. “Juancito, tenemos que seguir”, era el aliento que recibía de las especialistas.

Luego de unas semanas de internación domiciliaria, Juan se curó pero de inmediato se infectó su mujer. “Cuando salí del COVID, la hisoparon a mi señora y dio positivo, así que estuve un mes aislado en mi casa hasta que ella se recuperó en noviembre”, explica.

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Juan Merino entró a trabajar en el hospital Heller como camillero cuando se inauguró en 1999. “Es mi casa”, dice.

Cuando el COVID quedó atrás, Juan volvió a trabajar al hospital, que según define es su casa. “La vuelta al trabajo fue un ánimo, un orgullo, una satisfacción grande para mí. Cuando estuve internado en mi casa me sentía encerrado, me veía como si estuviera en la cama del hospital. Por eso al volver fue respirar a fondo y sentir un alivio no solo para mí sino para poder ayudar de alguna manera a las personas que están internadas”, explica.

Por eso pide a los vecinos que extremen los cuidados para no contagiarse: “Le pido a la gente que se cuide, que cuide a los familiares, a los padres, a los hijos, porque es muy feo estar internado ahí adentro (el área de internación COVID del hospital) y no poder ver a la familia, a nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros hermanos, a nadie”.

Los ojos de Juan recorren cada rincón del hospital, “su casa”, donde se vive la pandemia, donde se convive con la muerte a cada instante y ahí están los trabajadores, como este hombre, poniendo su parte para ganar esta batalla contra el virus.

“Le pido a la gente que se cuide, que cuide a los familiares, a los padres, a los hijos, porque es muy feo estar internado ahí adentro (el área de internación COVID del hospital) y no poder ver a la familia, a nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros hermanos, a nadie”.

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“Cuando me jubile, quiero seguir dando una mano en el hospital”

“Como camillero me ha tocado de todo, desde partos en domicilio y en la propia ambulancia, hasta ir a buscar a pacientes que traíamos vivos y se murieron en la ambulancia por la gravedad de las heridas. Son cosas que te marcan en la vida como persona, te la jugás para que esa persona viva y se te muere en la ambulancia”, describe Juan Merino su labor como camillero de emergencias en el hospital Heller.

Este hombre nacido en Cinco Saltos, Río Negro, en 1966, pero que desde muy chico se instaló con sus padres y hermanos en la ciudad de Neuquén, afirma que siempre le gustó ser parte del personal de salud ,aunque lamenta no haber podido convertirse en enfermero. “Me hubiera gustado estudiar para enfermero”, reconoce.

La dedicación que desde siempre le puso a su labor lo llevó a situaciones difíciles en lo personal. “En un momento trabajaba full time, entraba a las 10 de la noche y salía a las 6 de la mañana, y al otro día empezaba a trabajar a las 2 de la tarde. Así se me empezaron a venir encima los problemas familiares con mi primera esposa, tenía que elegir entre el trabajo y la familia, elegí mis hijos y el trabajo”, cuenta.

Sabe, aunque trata de no pensar mucho en ello, que en un tiempo más le llegará la jubilación y tendrá que dejar de traspasar las puertas del hospital. “Realmente va a ser trágico, me gustaría que el hospital me diera un lugarcito, aunque sea hacerlo ad honorem, trabajar en la guardia, dar alguna mano de camillero o como radiooperador, algo, porque yo estoy para servirle a la comunidad”, describe.

Hace unos días, Juan grabó un video para agradecer la atención recibida durante su internación por COVID y dejar un mensaje a la sociedad para que mantengan los cuidados para no contagiarse. Ni bien se difundió el video, se fueron acumulando los comentarios de quienes lo conocen destacando su compromiso con el hospital y la permanente predisposición para ayudar a sus compañeros de trabajo como así también a los pacientes.

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