El COVID-19 y sus secuelas en el cerebro: conocé los casos más extremos
Un estudio científico reveló que los pacientes con coronavirus podrían tener secuelas neurológicas. La alarma se encendió por el caso de una mujer de 50 años que reveló que empezó a ver leones y monos en su casa. Como si fuera poco, esa mujer señaló que se estaba sintiendo "desorientada" y "agresiva" con los demás, y estaba convencida de que su esposo era un "impostor".
Según se conoció, la mujer tenía alrededor de 50 años, algunas décadas más que la edad a la que normalmente se desarrolla la psicosis, y no tenía antecedentes psiquiátricos. Lo que sí tenía, sin embargo, era COVID-19. El suyo fue uno de los primeros casos conocidos de alguien que desarrolló psicosis después de contraer la enfermedad.
Tras la urgencia de los médicos por luchar para que los pacientes con COVID-19 mantengan la respiración y el sistema circulatorio, se empezaron a alertar sobre los efectos neurológicos que causaba el virus. Algunas personas hospitalizadas con coronavirus estaban experimentando delirio: estaban confundidas, desorientadas y agitadas. Un grupo de investigadores Japón publicó el primer informe de una persona con COVID-19 que tenía hinchazón e inflamación en los tejidos cerebrales.
De acuerdo a la nota publicada en Infobae, otra investigación describió a un paciente con deterioro de la mielina, un recubrimiento graso que protege las neuronas y está irreversiblemente dañado en enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis múltiple. “Los síntomas neurológicos son cada vez más aterradores”, dice Alysson Muotri, neurocientífica de la Universidad de California, San Diego, en La Jolla.
La lista ahora incluye accidente cerebrovascular, hemorragia cerebral y pérdida de memoria. No es extraño que las enfermedades graves causen tales efectos, pero la escala de la pandemia COVID-19 significa que miles de personas ya podrían tener estos síntomas y, como resultado, algunas podrían estar enfrentando problemas de por vida. Sin embargo, los investigadores están luchando por responder preguntas clave, como cuántas personas tienen estas afecciones y quién está en riesgo. Lo más importante es que quieren saber por qué aparecen estos síntomas en particular.
Aunque los virus pueden invadir e infectar el cerebro, no está claro aún si el SARS-CoV-2 lo hace de manera significativa. En cambio, los síntomas neurológicos podrían ser el resultado de una sobreestimulación del sistema inmunológico. Es crucial averiguarlo, porque estos dos escenarios requieren tratamientos completamente diferentes. “Por eso los mecanismos de la enfermedad son tan importantes”, dice Benedict Michael, neurólogo de la Universidad de Liverpool, Reino Unido.
Michael y muchos científicos en el mundo comenzaron a recopilar informes de casos de complicaciones neurológicas relacionadas con COVID-19. En un artículo analizaron detalles clínicos de 125 personas en el Reino Unido con COVID-19 que tenían efectos neurológicos o psiquiátricos. De estos, el 62% había experimentado daños en el suministro de sangre del cerebro, como accidentes cerebrovasculares y hemorragias, y el 31% tenía estados mentales alterados, como confusión o inconsciencia prolongada, a veces acompañada de encefalitis, la hinchazón del tejido cerebral. Diez personas que tenían estados mentales alterados desarrollaron psicosis.
Tampoco todas las personas con síntomas neurológicos han estado gravemente enfermas en las unidades de cuidados intensivos. “Hemos visto a este grupo de personas más jóvenes sin factores de riesgo convencionales que tienen accidentes cerebrovasculares y pacientes que tienen cambios agudos en el estado mental que no se explican de otra manera”, dice Michael. Un estudio similar publicado compiló informes de casos detallados de 43 personas con complicaciones neurológicas de COVID-19. “Algunos patrones se están volviendo claros”, dice Michael Zandi, neurólogo del University College London y autor principal del estudio-.
Los efectos neurológicos más comunes son los accidentes cerebrovasculares y la encefalitis. Esta última puede escalar a una forma grave llamada encefalomielitis diseminada aguda, en la que tanto el cerebro como la médula espinal se inflaman y las neuronas pierden sus recubrimientos de mielina, lo que produce síntomas similares a los de la esclerosis múltiple. Algunos de los pacientes más afectados tenían solo síntomas respiratorios leves. El cerebro afectado fue su principal síntoma de enfermedad”.
Un problema importante en la cuantificación de casos estudiados es que se han centrado normalmente en personas con COVID-19 que fueron hospitalizadas, a menudo aquellas que requerían cuidados intensivos. “La prevalencia de síntomas neurológicos en este grupo podría ser más del 50% -dice la neurobióloga Fernanda De Felice de la Universidad Federal de Río de Janeiro en Brasil-. Pero hay mucha menos información sobre quienes tenían una enfermedad leve o no presentaban síntomas respiratorios”.
Esa escasez de datos significa que es difícil averiguar por qué algunas personas tienen síntomas neurológicos y otras no. Tampoco está claro si los efectos persistirán: el COVID-19 puede tener otros impactos en la salud que duran meses, y diferentes coronavirus han dejado a algunas personas con síntomas durante años . Sin embargo, la pregunta más urgente para muchos neurocientíficos es por qué el cerebro se ve afectado. “Aunque el patrón de trastornos es bastante consistente, los mecanismos subyacentes aún no están claros”, dice De Felice.
Encontrar una respuesta ayudará a los médicos a elegir los tratamientos adecuados. “Si se trata de una infección viral directa del sistema nervioso central, estos son los pacientes a los que deberíamos dirigirnos con remdesivir u otro antiviral -dice Michael-. Mientras que, si el virus no está en el sistema nervioso central, tal vez el virus haya salido del cuerpo, entonces debemos tratarlo con terapias antiinflamatorias”. Hacerlo mal sería perjudicial. “No tiene sentido darle los antivirales a alguien si el virus se ha ido, y es arriesgado darle antiinflamatorios a alguien que tiene un virus en su cerebro”, dice Michael.
Existe una clara evidencia de que el SARS-CoV-2 puede infectar neuronas. El equipo de Muotri se especializa en la construcción de ‘organoides’: grupos miniaturizados de tejido cerebral, hechos al persuadir a las células madre pluripotentes humanas para que se diferencien en neuronas. En una preimpresión, el equipo mostró que el SARS-CoV-2 podría infectar neuronas en estos organoides, matando a algunos y reduciendo la formación de sinapsis entre ellos. El trabajo de inmunólogo Akiko Iwasaki y sus colegas de la Escuela Universitaria de Medicina de Yale en New Haven, Connecticut, parece confirmar esto utilizando organoides humanos, los cerebros de ratón y algunos exámenes post-mortem. Pero quedan dudas sobre cómo el virus podría llegar al cerebro de las personas.
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