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El desesperado pedido de un cura por hombres en situación de calle

Fernando Barrufet albergo a diez personas, de forma transitoria, en la parroquia Inmaculada Concepción, pero necesita ayuda para darles una solución definitiva.

El padre Fernando Barrufet de la parroquia Inmaculada Concepción está sobrepasado ante la incorregible conducta de los diez hombres en situación de calle que alberga de forma provisoria desde que comenzó la cuarentena en la sede de Antártida Argentina al 727 de esta ciudad.

El padre hizo su descargo en su cuenta de Facebook con un mensaje que títuló “Las cosas de palacio van despacio” donde resume que ante su reiterado pedido para que interceda el Estado en esta situación, aún no hay una solución definitiva.

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El cura señaló que tras hacerse pública su situación, de albergar hombres en situación de calle pese a no contar con un refugio ni equipo destinado para atenderlos, “la charla con los asistentes sociales (de organismos provinciales) despertó mucha esperanza en estos hombres. Pensaban que les iban a conseguir alguna ayuda para alquilar una pieza y alguno regresar a su provincia”.

Barrufet admitió que la vida en el improvisado refugio es cada vez más difícil. “Han surgido peleas, han roto vidrios, videocaseteras de los dos lugares donde viven y la tapa de un tanque de agua por donde pasan para salir a escondidas a buscar bebidas, droga, irse con mujeres. Han forzado la puerta de la oficina para usar la computadora; ahí estaban las llaves de todo el edificio y las han usado”, enumeró.

También encontró tirado una caja que le sacaron de su casa, le desapareció un disco duro externo y unos binoculares del que sólo le dejaron el estuche. Además, en declaraciones a LU5 detalló que le suelen golpear la puerta desde las 5 de la mañana ya sea para pedirles distintas cosas, o para decirle que el resto no pudo dormir porque alguno había tomado alcohol durante toda la noche.

Me han rebalsado. Me tratan con mucho respeto, pero existe entre ellos esa especie de pugna casi cantante, pasar por encima de las rejas, de la tapa del tanque que rompieron para escaparse. Me ha superado totalmente, por más que les hable no tiene ningún efecto”, aseguró.

Barrufet dijo que recibe colaboración de familias que les llevan comida, al igual que un hombre de Cáritas que va a cocinar alguna noche o de Ciudadanía que le envía viandas dos veces por semana. El resto de las atenciones en el refugio corre por cuenta del padre que tiene 78 años.

“Mi gran error es que me quede solo con esto. Pero cómo los voy a echar en medio de la cuarentena. Los otros lugares están más organizados con un equipo de gente”, reflexionó.

El padre sostuvo que desde abril hasta la fecha desde la Provincia le llegaron mensajes tales como “Esta semana vamos a resolver”. Pero el cura se lamenta que “las cosas de palacio van despacio. En casi tres meses sólo he tenido promesas de los organismos públicos y hasta me han llegado a decir: `Vos comenzaste este refugio, vos le tenés que poner fin´. Repito la pregunta que hice en abril: ¿Quién tiene que hacerse cargo de estas personas? y estoy convencido de la misma respuesta: el Estado”.

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