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La Mañana Beatles

El día que el miedo llevó a Los Beatles a dejar de tocar en vivo

El 29 de agosto de 1966, los Fab Four se presentaron por última vez ante el público. ¿Cómo se gestó aquella decisión?

Un paso atrás y dos adelante. Cuando Los Beatles dejaron de tocar en vivo, fue ir en contra de la esencia de una banda de rock que lo que más había hecho desde su existencia era, justamente, dar conciertos, reventarles los oídos a los policías y generar una fenomenal histeria en aquellas adolescentes que hoy están por alcanzar o ya superaron los 70 años, aunque rondando los 15 supieron ser fanáticas hasta el desmayo. Sin embargo, aquella decepcionante decisión de Paul, John, George y Ringo, la de refugiarse en sus grabaciones de estudio, les abrió la puerta de la era de la madurez. La de ellos como músicos, principalmente. Una madurez que no paró de crecer al mismo ritmo de su inmensa calidad, generando una obra incomparable y un legado perpetuo.

El 29 de agosto de 1966 los Fab Four subieron juntos por última vez a un escenario en el marco de un show formal, aunque la historia ubica al 30 de enero de 1969 como el último recital en vivo, el de la terraza de Apple Corps, en Londres. Pero en aquel no hubo espectadores sino simples transeúntes que caminaban en las cercanías del lugar y escucharon sorprendidos las famosas voces de Los Beatles sonando desde la “azotea” del edificio de cuatro pisos mientras quedaban inmortalizadas en una película.

En cambio, hace 55 años, Los Beatles pusieron punto final a sus conciertos con público. A esos que habían arrancado en pubs en Hamburgo y después en el célebre The Cavern de Liverpool, para luego masificarse a importantes teatros y grandes estadios de Inglaterra, Estados Unidos y decenas de lugares de todo el mundo. Uno de ellos, el del recital final, el Candlestick Park de San Francisco, sede del equipo de béisbol Los Gigantes.

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Aquella noche en el oeste norteamericano, los todavía jovencitos de Liverpool (el mayor, Ringo, hacía poco más de un mes que había cumplido los 26) tocaron para 25.000 fanáticos y fanáticas que no pararon de gritar ni uno de los 33 minutos que duró el espectáculo, en el que la banda inglesa interpretó 11 canciones casi de corrido que ni los músicos ni los espectadores alcanzaron a escuchar con claridad. El griterío tapaba la limitada amplificación del sonido, pero en las tribunas poco importaba: lo trascendente era estar ahí. En cambio, en el escenario, el hastío de tocar por tocar, sin ser escuchados, se hacía cada vez más grande. A veces ni ellos se escuchaban, lo que los llevaba a perder la métrica de la canción que estaban interpretando y tocar cualquier cosa. Pero nadie se enteraba. Ellos hacían música y parecía que nadie estaba interesado en ir a escucharlos en vivo y ahí radicó la principal razón del corte final, como si la reflexión hubiese sido: si en definitiva sólo nos van a terminar escuchando en los discos, entonces sigan haciéndolo, nos dedicamos a grabar y no damos más conciertos públicos.

Y fue el encierro en el estudio el que terminó sacando lo mejor del talento de Los Beatles, liberando la exploración total -musical, principalmente- en busca de nuevos sonidos, de nuevos estilos, todo bajo el mismo sello y la misma caja. No por casualidad esta decisión surgió unos días después de haber editado el álbum Revólver, el más “distinto” de los discos que el grupo había grabado hasta ese momento, y un año antes de publicar su primer trabajo con la cabeza puesta sólo en la creación artística: Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, que vio la luz en junio de 1967 tras seis intensos meses dedicados a su grabación y mezcla. Allí, en el mundo coloreado y caleidoscópico que propusieron desde la portada, se observó un funeral, posiblemente el de los antiguos Beatles, los que ya nunca más tocarían en vivo para sus fans.

Sin embargo, no todo pasaba porque nadie escuchara sus recitales, sea por la ensordecedora efervescencia popular o el mal sonido. Hubo otros motivos y motivaciones que los llevaron a convertirse en hombres de estudio. Por ejemplo, el cansancio y la fatiga que les provocaban las giras en las que generalmente recorrían puntos demasiado lejanos y en poco tiempo. Pero hubo otra cosa que les hacía ruido en aquel momento y no eran los gritos de sus fans, precisamente, sino la seguridad. O, mejor dicho, la falta de seguridad que venían sintiendo cada vez más seguido en sus conciertos.

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Cuando despertaron a la fama les resultaba gracioso correr para no ser atrapados por sus seguidores y seguidoras, pero en el último tiempo se habían dado una serie de acontecimientos que los llevaron a reflexionar sobre los peligros que podían tener para ellos sus presentaciones en vivo. Ya eran súper estrellas del rock y no querían continuar parándose ante sus espectáculos como cuatro chicos de Liverpool que tocaban en cualquier lado para hacerse conocidos y ganar plata. Para entonces, además, ya eran bastante millonarios como para perseguir billetes a través de sus shows…

Los Beatles llegaron a la gira de 1966 por los Estados Unidos muy tensos además de cansados. Un mes y medio antes habían realizado un tour asiático que incluyó, posiblemente, el momento más desagradable que vivieron como banda en los tiempos en los que giraban por el mundo como ídolos y furor que eran. Fue en Filipinas, donde pasaron de tener un recibimiento de reyes a casi escapar pálidos de miedo.

Todo detonó cuando, producto de la fatiga de tanto viaje, rechazaron una invitación especial: Imelda, la esposa del presidente filipino Ferdinand Marcos, los esperaba a almorzar en la residencia del Palacio Malacañang, donde además de comida habría regalos (el gobierno había mandado a hacer monedas especiales alegóricas a la ilustre visita del cuarteto británico), fotos y, claro, buena prensa para un país que no gozaba de una imagen internacional positiva.

La “negativa” cayó muy mal en el poder filipino y la esposa del presidente inició una campaña mediática contra los músicos. Los Beatles dieron los shows previstos en Manila pero al terminar todo se desbarrancó. Se encontraron solos en el hotel, sin custodia policial, y con una multitud que presionaba en la puerta; un oficial se presentó ante Brian Epstein y reclamó el pago de un impuesto fantasma -el manager resolvió en el momento sacando plata de su bolsillo y cerrando así el tema-; nadie les hizo el check-out del hotel porque los empleados dijeron que hubo amenazas de bomba y abandonaron su lugar de trabajo… Con muchos nervios, Los Beatles se fueron de Filipinas. Y esa tensión no los había abandonado tiempo después, cuando llegaron a Estados Unidos por tercera vez en tres años.

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Por el contrario, la que terminó siendo la última gira fue también muy compleja desde lo emocional. Según recuerda el periodista Ivor Davis -quien siguió muy de cerca los pasos de la banda en aquellos años- en su libro The Beatles and me on tour, “aquella fue el peor de los tres tours norteamericanos. Ellos no querían viajar porque estaban preocupados. John Lennon había dicho que Los Beatles era más populares que Jesús y ese comentario generó mucho enojo, lo que llevó a que recibieran amenazas de muerte”. Incluso, Brian Epstein manejó la posibilidad de cancelar todo, aunque finalmente decidió respetar los contratos firmados en América, aunque tanto los cuatro Beatles como él subieron al avión sabiendo que sería la última vez.

Y así fue. Antes del histórico último show en Candlestick Park, grupos extremistas habían quemado sus discos en repudio a esa frase de Lennon, quien intentó aclarar que tenía un sentido metafórico más que literal, pero no alcanzó para apagar la furia. “Estaban muy asustados”, describió Davis, quien recordó que durante el concierto en Memphis, un petardo explotó cerca del escenario y la paranoia llevó a pensar que le habían disparado a Lennon.

Todo ese temor los hizo contratar un camión blindado para abandonar el estadio de los Gigantes de San Francisco una vez finalizado el espectáculo que abrieron con una canción de Chuck Berry (Rock and roll music) y cerraron con otro cover, de Little Richards (Long tal Sally). Aún así, durante el recital aprovecharon para hacer bromas entre ellos y decir frases que nunca fueron escuchadas por la multitud. Los Beatles entraron, tocaron y se fueron, todo por última vez hace 55 años, y muchos los vieron. Aunque casi nadie los escuchó. Se cerraba una etapa y se abría otra. La magia continuaba en otro formato, con una historia se seguiría escribiendo con letras de oro.

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