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La Mañana Columna de Opinión

El ejemplo del básquet

No perdimos la de oro, hoy ganamos la de plata”, dice Sergio Hernández en medio del sueño roto. Y nadie se sorprende. No hay polémica, no se replica en redes como un escándalo, no suma críticas. Al contrario, le llueven elogios al Oveja por lo que dijo. Esa frase, hace cinco años, en boca de Alejandro Sabella tras perder con Alemania la final de un Mundial, hubiese sido imposible. El inicio de una discusión multiplicada en programas de TV y de radio, de peleas interminables entre hinchas, periodistas y ex jugadores, a puro grito. El básquet no genera en los argentinos la misma pasión que el fútbol, dirán unos. En el fútbol somos siempre favoritos, los mejores, dirán otros. Esas dos verdades reveladas, discutibles, marcan la diferencia abismal entre la manera en que disfrutamos un logro (y aprendemos de él) como el que consiguió este ejemplar equipo de básquet en China y cómo se sufre cada derrota de la selección de fútbol, clamando venganza, destilando bronca, arrasando con todo lo que se hizo, lo malo y lo bueno. Aunque el enorme Scola y compañía hayan fallado justo en una final, nadie se panquequeó, y son héroes. Para las estrellas del fútbol, en cambio, no hay piedad. Ni la habrá si vuelven a perder un duelo decisivo. Este Mundial servirá a más de una generación de basquetbolistas para marcar un camino, una forma de sentir el compromiso, la preparación, la importancia de lo grupal sobre lo individual. Y el futuro asoma venturoso. En cambio, nada se aprendió de Brasil 2014. Las dos Copas América siguientes destruyeron lo bueno y dejaron todo lo malo en pie. Los ciclos futboleros no duran nada, los cambios de timón y de ideas son constantes, incongruentes, llevados por los nervios y la necesidad. Desde aquel golpe en Brasil pasaron ya tres técnicos, y el cuarto es un interino sin experiencia, con fecha de vencimiento aún sin tener la menor idea de cuál será su sucesor. Tenemos grandes basquetbolistas, y disfrutamos. Nosotros y ellos. Tenemos grandes futbolistas, y padecemos. Nosotros y ellos.