El éxtasis ayuda a resolver el estrés postraumático
Jonathan Lubecky, de 40 años, había probado todo para sacar de su cabeza a los “demonios” pero estos no desaparecían. Tras servir un año como soldado del Ejército estadounidense en Irak, le diagnosticaron un desorden de estrés postraumático: los fantasmas de la guerra lo perseguían. Luego de probar durante siete años distintos métodos, optó por uno radical: participó en un estudio en que se suministraban dosis de éxtasis durante sesiones de psicoterapia. “Me cambió la vida. Si no hubiese seguido ese tratamiento, me habría matado. Hasta ese momento tenía cinco intentos de suicidio”, relata este hombre que pudo comenzar a trabajar, terminó la universidad y se casó con su pareja.
Esta experiencia positiva y las de otros como él llevaron a que el gobierno estadounidense aprobara un estudio definitivo de las terapias con éxtasis. Si las pruebas fueran positivas, podrían derivar en que la Agencia de Medicamentos autorice, a partir de 2021, a este fármaco para paliar los síntomas de estrés postraumático, una epidemia silenciosa que afectó a numerosos militares que volvieron de las guerras de Afganistán e Irak.
El desorden es consecuencia de una vivencia traumática, como una violación sexual o la exposición a escenas horribles, como las muertes en una guerra o un incendio. Y propicia una sobrerreacción a estímulos que puede traducirse en ataques de pánico, insomnio o intentos de evadirse (con el alcohol, por ejemplo) de situaciones que puedan reavivar el trauma. Y, claro, también derivar en suicidios. Con el éxtasis los pacientes experimentaron un descenso del 56% de severidad de los síntomas y a dos tercios les anularon en diagnóstico de estrés postraumático tras finalizar la prueba.
Los críticos temen que una legalización médica del éxtasis, popular en ambientes de fiesta, aliente su uso recreativo y minimice los efectos nocivos que puede acarrear su uso regular. También advierten del riesgo de que los doctores puedan fomentar adicciones como sucedió con los opiáceos, recetados para paliar dolores intensos.
Los partidarios del éxtasis como antiestrés afirman que en dosis controladas y supervisadas dan la evasión necesaria para sumergirse en el epicentro de sus traumas y a la que no llegan con otros métodos. Subrayan que en los 70 los psicólogos empezaron a ser conscientes de los efectos placenteros del éxtasis y a utilizarlo en sus terapias. Pero tras convertirse en una droga popular, fue declarado en 1985 una sustancia ilegal por las autoridades.
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