El fallo agranda las distancias

El impulso del transporte aéreo fue un acierto del Gobierno que quedaría trunco por una decisión judicial.

El futuro incierto de la actual gestión presidencial parece desnudarse en las rutas de la región: los avances -primero esperanzadores- en la Ruta 22 se frenaron por excusas incomprensibles y el tercer puente sobre el río Neuquén, que fue inaugurado hace dos años por el propio Presidente, se mantiene aún como una obra inconclusa porque no se terminaron los rulos que permiten los giros a la izquierda.

Sin embargo, el transporte tuvo un verdadero espaldarazo a través de las rutas aéreas. La decisión del gobierno nacional de incorporar el modelo de negocios low cost permitió que miles de personas volaran por primera vez en avión gracias a la reducción de costos y la multiplicación de frecuencias que introdujo esta metodología.

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En apenas un año, unos nueve mil neuquinos usaron la primera aerolínea de bajo costo que llegó a la ciudad para hacer su vuelo de bautismo. El arribo de otras marcas hizo batir todos los récords del aeropuerto y apurar una ampliación pronta a inaugurarse.

Hoy, los vuelos baratos enfrentan una nueva resistencia: la de los vecinos de El Palomar que se niegan a escuchar las turbinas de noche. Aunque su malestar es comprensible, numerosas ciudades en el mundo tienen sus aeropuertos en zonas urbanas y con una mayor frecuencia que la de la terminal bonaerense, porque el beneficio para los que vuelan supera las incomodidades de los ruidos molestos.

El fallo judicial que cerró la operación nocturna de El Palomar perjudica a los que menos tienen, a aquellos que no pueden pagar los boletos de las aerolíneas tradicionales que aterrizan en Aeroparque. Y también ataca uno de los aciertos que podrá mostrar la gestión cuando se haga el balance en diciembre.

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