El juez en su laberinto

Baquero Lazcano está marcado por decisiones polémicas y se ganó la antipatía de los vecinos cipoleños.

En Cipolletti, la Justicia atraviesa tiempos de cambio y de conflictividad que ya vivimos en Neuquén, pero parece que algunos no aprenden salvo que se golpeen contra la misma pared.

La puesta en marcha del Código Procesal Penal en Neuquén, allá por enero de 2014, avivó una polémica entre jueces y fiscales que es la misma que hoy se respira del otro lado del puente.

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Jueces que sienten haber perdido el poder y creen que echando por tierra los pedidos de la fiscalía podrán mantener su statu quo en una supuesta política de adoctrinamiento. Nada más alejado de la realidad.

Es así como terminan ganándose el repudio de la sociedad con posturas que rozan la necedad.

Por esto, los vecinos cipoleños están asqueados con algunas decisiones judiciales que consideran poco menos que grotescas.

El juez Guillermo Baquero Lazcano es uno de estos personajes que repudia la comunidad.

Fue quien le otorgó la libertad condicional a Matías Baldebenito, quien al poco tiempo de gozar del beneficio asesinó al rugbier Joaquín Vinez y después apuñaló a otro joven en un intento de robo.

Si bien todos aprendemos de nuestros errores, Baquero Lazcano parece tropezar, como dice la canción, dos veces con la misma piedra. El juez se encargó en marzo de ratificar la prisión domiciliaria de Irene Méndez, la asesina de Eduardo Honores, a pesar de que todo indicaba que era una mala decisión.

Ayer todos despertamos con la noticia de que la mujer condenada a perpetua se había fugado tras sacarse la tobillera electrónica. Por azar fue capturada, pero no se puede seguir apostando a la fortuna, sino al buen criterio.

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