El neuquino que sueña con subir al techo del planeta

Germán Arias cuenta cómo se prepara para escalar el Everest.

Por Sofía Sandoval - ssandoval@lmneuquen.com.ar

El objetivo de Germán Arias se mide con un número concreto: 8848. Esa es la altura del Everest, la montaña más alta del planeta, la cumbre de las cumbres, el techo del mundo. A ese pico quiere arribar él, que ya dominó los principales cerros de Neuquén y de Argentina y hace poco llegó al campamento base del monte asiático, en Nepal, en una primera aproximación a su gran proeza.

“Siempre dije que quería cumplir los 55 años en la cima del mundo”, aseguró Germán, que nació en el norte de la provincia pero vive en Centenario desde hace décadas. Aunque desde niño estuvo ligado a la actividad física y los deportes recreativos, recién en 2005 pensó en convertirse en montañista.

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“Como soy del norte neuquino, siempre escuché todas las leyendas sobre el Domuyo y mi primera intención era hacer cumbre en ese volcán”, explicó el deportista de 52 años.

El 14 de febrero de 2005 dio rienda suelta a su pasión por la escalada con un objetivo más sencillo: viajó hasta Zapala para subir los 2500 metros del cerro La Atravesada.

Sin embargo, su tesón lo llevó por un camino vertiginoso hasta cumbres más ambiciosas. “En menos de un año había hecho todos los cerros principales”, afirmó. El Lanín, el Domuyo, el Tromen, el Perito Moreno, el Plata y el mismísimo techo de América: el Aconcagua, de casi 7 mil metros.

Ya pasaron catorce años de esa odisea y otras dos cumbres al gran cerro mendocino, pero Germán todavía se acuerda de las sensaciones que lo invadieron en el momento exacto en que llegó a la cima de La Atravesada. “Es una satisfacción y un placer inmenso; después de competir con uno mismo, de sobreponerse a la dificultad, uno conecta con la montaña y disfruta el paisaje a su alrededor”, relató.

La emoción de la cumbre parece ser el combustible que motiva al neuquino a una intensa rutina semanal, que incluye hasta cuatro sesiones de gimnasio para fortalecer las piernas y la espalda, salidas en bicicleta, trekkings de 7 horas por las bardas cercanas y dos salidas por mes a los cerros para escalar hasta 2500 metros. Su intenso entrenamiento se combina con sus jornadas laborales en la Municipalidad de Centenario y el servicio de fletes que ofrece de forma accesoria para costear sus excursiones de montaña.

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“Equiparse requiere de una inversión importante, después uno ya está armado y solo tiene que reponer las cosas que se desgastan”, explicó Germán, que acudió al Municipio, al Concejo Deliberante, al Sindicato Municipal y a la Cooperativa Eléctrica para costear su primera aproximación al Everest. “Por cuestiones económicas, solo llegué al campamento base, pero las excursiones a la cima pueden salir hasta 35 mil dólares”, detalló.

Para el deportista, la experiencia en la base fue el puntapié inicial de uno de sus objetivos, que concretará en dos años, cuando regrese a Nepal para hacer cumbre en el cerro más alto del mundo. “Fueron ocho días y medio que caminamos junto con otros 14 argentinos; hicimos unos 74 kilómetros en total y cuando llegué a la base me rodaban las lágrimas por las mejillas”, señaló.

Su viaje fue una oportunidad para entrenarse en el deporte de alta montaña, conocer historias inspiradoras de otros escaladores y ser un testigo privilegiado de la cultura local. “Pude ver cómo viven los hindúes y los sherpas, que te pasan caminando por al lado, a 5 mil metros de altura, como si nada”, dijo y aclaró que en las aldeas de montaña que atravesaban, todos los bienes que llegan desde la base se acarrean por tracción a sangre, en unos animales llamados jaks o en la espalda de los propios sherpas.

La experiencia de la montaña, sin embargo, no se resume a la felicidad de la cima. Hay instantes de subida en que las piernas ya no responden, la espalda se doblega por los 18 kilos de las mochilas, y las tormentas de viento blanco golpean como latigazos sobre los ojos hasta anular la vista. Cuando el sol se esconde, los diez grados bajo cero se sienten como veinte en Nepal, y el riesgo de congelarse los dedos hasta perderlos para siempre es una amenaza latente.

A los que quieren escalar Germán les recomienda un comprometido entrenamiento en el gimnasio. “Si uno no está entrenado, va a sufrir en la montaña y no va a querer volver más”, sostuvo.

Disfrutar del ascenso depende de la fortaleza en las piernas y de la mera confianza en uno mismo, que debe sostener la brega incluso en los momentos más duros.

El amor que siente él por la montaña parece contagioso. Algunos compañeros de su gimnasio lo acompañan en las escaladas más sencillas y su hija Candelaria, de 22 años, hizo hace algunas semanas su primera cumbre en un cerro de El Bolsón, a 2500 metros de altura. “Mi idea es que en el verano hagamos nuestra primera cima juntos”, explicó.

“Hacer una cumbre puede implicar unos 15 días incomunicado y son muchos los riesgos”, afirmó Arias, y aclaró que su familia lo apoya en sus actividades, pero siempre lo despide con temor. “Pero yo nunca me juego la vida por una cima; he pasado cinco días en un refugio si la nieve no me dejaba continuar”, detalló y agregó que la verdadera cumbre no es en altura sino después de la bajada, en el regreso a casa, cuando uno se abraza con los suyos y se siente, de verdad, en el techo del planeta.

Por eso, Germán no se aflige. Esta vez no pudo llegar a los 8848 metros que se fijó como objetivo, pero sabe que los cerros se quedan siempre en el mismo lugar y él puede ir otra vez en el futuro, cuando tenga más armas para enfrentar el ascenso.

El Everest es el más alto, pero no el último objetivo de Germán. “Mi carrera como montañista no se acaba ahí”, dijo y aseguró que desea subir al Nevado Ojos del Salado, el volcán más alto del planeta, que se eleva por 6893 metros sobre el suelo catamarqueño. “Hay montañas lindas en México, en Perú; mientras la salud y el físico me acompañen, voy a seguir subiendo”, aseveró.

“Se mezcla el turismo de montaña con el deporte”

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La llegada de Germán Arias a la base del Everest se sumó a los titulares recientes sobre este monte asiático, que dan cuenta de un incremento en el número de víctimas fatales en sus laderas.

En lo que va del año, al menos 11 montañistas murieron en su intento por llegar a la cumbre, y el número de muertes de esta década es el más alto de la historia de los ascensos.

“Yo creo que en el Everest se mezcla el turismo de montaña con el deporte de montaña”, sostuvo Arias, y aclaró que hay empresas inescrupulosas que arriesgan la vida de sus clientes solo por ganar dinero. “Hay excursiones que cobran hasta 100 mil dólares y tienen el servicio de carga de varios sherpas, domos con alfombras y minibar para descansar”, comentó. Agregó que muchos turistas de alto poder adquisitivo pagan por subir a la cima, pero no realizan ningún tipo de entrenamiento previo.

La tendencia por llegar a este monte generó la saturación de algunos sectores de la montaña, lo que perjudicó a varios deportistas entrenados que querían llegar a la cima. También existen aquellos que se proponen batir récords imposibles y complican el ascenso para el resto.

“Hay que estar preparados para la falta de oxígeno, el frío extremo, y al menos tener otra experiencia de ascenso”, sostuvo el deportista, y aclaró que no se puede considerar al Everest como un paseo turístico.

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