El paisano que se hizo poeta

Las canciones y poemas de Marcelo Berbel son el mejor legado para la provincia de Neuquén.

Ayer fue un día especial, más allá del Viernes Santo que recordaron los devotos cristianos. Se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento de Marcelo Berbel, el neuquino que trascendió las fronteras de la provincia y llevó su música y su poesía por distintas ciudades del país y el mundo.

Familiares y amigos lo recordaron ayer durante un emotivo encuentro que se llevó a cabo en la Plaza de los Próceres de Zapala. Su hija Marité –artista como su padre- fue la encargada de organizar la reunión en la que se compartieron poemas, canciones y recuerdos de don Marcelo.

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Quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y entrevistarlo sabemos que fue un poeta gaucho, de esa raza de tipos simples pero sensibles, con una facilidad para combinar palabras envidiable.

Solía juntarse con el recordado Osvaldo Arabarco, otro ícono de la neuquinidad, para jugar a fabricar metáforas, tal como una vez me contó. El desafío era complejo y divertido a la vez. Caminaban juntos por cualquier paisaje de la ciudad de Neuquén y comenzaban a ensayar combinaciones de palabras increíbles.

De aquellos encuentros nació –por ejemplo- el himno de la provincia (Trabún Mapu) y otros tantos poemas inolvidables que hoy son parte de la cultura neuquina.

Los más allegados a don Marcelo lo recordaron en las redes sociales y los mensajes a modo de homenaje se viralizaron rápidamente, lo que es un buen síntoma. Acaso porque los grandes poetas nunca mueren y aquellos vecinos que dejaron un legado para su terruño siempre merecen mantenerse en el corazón, más allá del paso de los años.

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