El refugio se mudó pero siguen yendo a buscar lugar para dormir
A pesar de que en la parroquia Inmaculada Concepción ya dejó de funcionar el refugio “Cura Brochero”, al padre Fernando Barrufet le siguen golpeando la puerta para pedirle un techo donde dormir.
Si bien lanzó un desesperado pedido para que desde la Provincia o el municipio puedan asistir a esos diez hombres en situación de calle, no sólo no han podido reubicarlos sino que continúan derivándole gente.
“Ayer vino un hombre. Me dijo que lo enviaron desde Acción Social con mi nombre y dirección para que lo reciba. Es muy fácil para los organismos públicos sacarse de encima un problema. Le tuve que decir que no, pobre. Que esta la gente ya muy amontonada”, relató el padre Barrufet en diálogo con LU5.
El párroco tiene 78 años y es quien se encarga de atender a unos diez hombres que encontraron un lugar donde dormir gracias a su solidaridad y voluntad.
“Es muy fácil que se arregle otro. Pero no tengo lugar, a esta hombre le di dinero para ver si conseguía donde pasar la noche. No me quedaba otro remedio, dejarlo en la calle se me hacía muy duro”, agregó.
En esa parroquia supo funcionar el refugio de hombres en situación de calle que se trasladó desde el año pasado a la calle Echeverría al 1000, entre San Luis y La Pampa, en el predio de la parroquia del barrio Villa María.
“Lo que tengo no es un refugio, en un aula en la que fuimos poniendo colchones en el suelo. En otra sala hay dos cuchetas y una cama, que es donde tenemos reuniones de catequesis”, explicó el párroco quien aseguró que ya les advirtió a las personas que alberga transitoriamente que deberán conseguirse un lugar ni bien concluya la cuarentena.
“Es constante la cantidad de gente que viene. Han empezado a golpearme la puerta desde la calle a las 3 de la mañana. Me decían: `Padre Fernando, por favor, déjeme pasar´. Pero ya no tenía más lugar”, se lamentó.
Dijo que desde que hizo público el pedido de ayuda para contener a estas personas, les comenzaron a enviar martes y jueves unas viandas muy bien preparadas. “El resto de los días me las arreglo como puedo. Como estuve acá 40 años antes de irme a San Martín de los Andes, tengo gente conocida que es solidaria y trae donaciones.
Les trajeron donaciones de los grupos juveniles de la parroquia del barrio Melipal como de particulares. Un integrante de Caritas se encarga ahora de prepararles la cena a los huéspedes provisorios.
Señaló que las personas que pasan la noche en la parroquia se encargan de hacer la limpieza del lugar donde duermen, de los baños y de algún que otro trabajo de albañilería. Tras dos peleas entre grupos luego de una ingesta de vino y pastillas, el párroco se mantiene en alerta.
“Ayer encontré una lata de cerveza. Están detrás de la capilla, no puedo enterarme de todo lo que pasa. Pero siempre estas con el corazón en un puño”, añadió.
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