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El Topito Barrionuevo, una vida corta y vertiginosa

Desde muy pibe vivió y mamó el delito. De adolescente, manipulaba armas de fuego y robaba motitos en el oeste neuquino. Cuando los Campos Correa le soltaron la mano, le tendieron una trampa en el barrio Z1 y lo asesinaron de 15 tiros. Los autores ya están en libertad.

El 27 de junio de 2011 a las 17:15, Darío “Topito” Barrionuevo estaba tirado en una calle de tierra del barrio Z1. Le habían pegado doce tiros con al menos dos pistolas Bersa Thunder, una cromada y la otra negra, que contenían municiones teflonadas para evitar dejar estrías en los proyectiles y así reducir lo más posible la identificación del arma.

Desde el suelo, el Topito levantó la cabeza, respiró lo suficiente y lanzó la frase que lo condenaría a muerte: “Dispará como hombre, puto”. Se acercaron dos de los cuatro agresores, le apuntaron al pecho y le descargaron tres proyectiles más. Murió una hora y cuarto después en el hospital Horacio Heller.

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Su muerte lo entronizó y lo convirtió en mito y leyenda de algo que no llegó a ser.

Su tumba se transformó en un lugar de peregrinaje para su banda del San Lorenzo Norte, que solían pasar noches contando anécdotas condimentadas con pólvora. La única verdad es que se jugó a pesado y cayó en su ley.

“Lo del Topito fue sencillo. Hizo el papel de pibe pesado hasta el final”, confió un viejo investigador.

En las oficinas judiciales y policiales, la información del crimen del Topito corrió rápidamente y no tardó en escucharse: “Estaba jugado”, “Era cuestión de tiempo”, “Era clavado que terminara así”.

Por otro lado, aparecieron las voces de funcionarios fieles a su escritorio, computadora y ventana afirmando: “El ambiente en el que estaba lo excedía y muchas cosas que se le atribuían eran por mandato familiar”.

Nada se paralizó ni cambió con la muerte del Topito, porque sencillamente para el poder era uno menos, era un pibe descartable.

Sus familiares, punteros vinculados al delito y la droga, y su banda del San Lorenzo Norte llamativamente no buscaron ajustar cuentas con nadie, porque los que mataron a Topito fueron directo por la cabeza del grupo, lo que generó mucho temor.

Darío "Topito" Barrionuevo

Crecer en el ambiente

El Topito se crió en el oeste de la mano de una familia del hampa con un denso historial: los Campos Correa. Un apellido que en la actualidad se respeta demasiado, muy vinculado al MPN desde hace décadas, dato que conocen la Policía y la Justicia, mientras la política mira para otro lado o pasa la hoja rápidamente.

“Antonio Campos Correa es el que maneja todo. Fijate todo lo que está haciendo y no se le conoce trabajo alguno”, confió un pesquisa que conoce los manejos de las históricas bandas y sus vinculaciones con el poder.

En ese ambiente, el Topito, mamó la vida del delincuente, conoció de primera mano los grandes golpes que en el pasado habían dado renombre a los Campos Correa, aprendió los márgenes de la ley, el manejo de armas, los primeros tiros, supo lo que eran las drogas, los aprietes, los robos y las corridas.

El delito no solo aparecía en su vida, sino que se imponía, y el Topito se dedicó a cumplir con lo que la familia esperaba de él.

Desde los 13 hasta los 17 años, su vida se fue volviendo más vertiginosa y cada vez que caía, la Policía notificaba a los padres para que lo retiraran, pero nunca hubo una intervención seria para que las redes estatales lograran cambiar el rumbo de la vida de este pibe que día a día era más peligroso para él y para los demás. Tampoco la familia le daba demasiado margen para tomar otras elecciones.

En su último año de vida, el Topito se había abierto un poco de la familia, porque quería tener su propia banda a la que se sumaron otros pibes del San Lorenzo Norte: Cané, su segundo al mando (ya muerto), el Enano, Jeta, Pluto y Seba.

Su archirrival era la banda del Satanás Garrido, que un año después de la muerte del Topito terminó asesinando a la novia de un tiro en la cabeza mientras pedía que le hicieran una foto mientras manipulaba el arma. Le dieron 11 años de prisión.

En las huestes de Satanás en el San Lorenzo Sur estaba compuesta por Godines, Sapito, Peque, Facha y Mostaza.

Ambos bandos estaban integrados por pibes de entre 15 y 20 años que se disputaban la popular barriada del oeste neuquino, donde por esos años abundaban la tierra y los tiros en las noches.

Los pibes querían tener protagonismo y dejar de ser soldaditos de las bandas que en verdad manejaban el oeste: los Campos Correa en el San Lorenzo, los Santana en Gran Neuquén y los Champú en toma 7 de Mayo. Esos eran todos adultos y no solo movían armas y drogas, sino también votos.

En 2011, hacía rato que el Topito venía jugado y atrayendo la atención de las fuerzas de seguridad. Por eso los Campos Correa le soltaron la mano.

La motito

Por esos años, los pibes que querían imponerse en el ambiente delictivo buscaban determinados elementos materiales y simbólicos que les dieran cierto estatus. “Las llantas (por las zapatillas), la visera y la motito eran lo más”, confió un funcionario judicial de la época.

En ese contexto, si además de todos esos elementos andaba con un fierro (arma), el muchacho ya pasaba a otra categoría y se convertía en un “pesado” entre los de su edad, porque para los pesados de verdad que manejaban y manejan pibes no son más que “unos giles”, como los denominan ellos.

Es muy claro cómo en el ambiente delictivo están divididos los roles y hasta dónde dejan participar a los pibes, a los que mantienen dándoles un poco de droga para que vendan por su cuenta, un arma para que vayan a apretar a la competencia y una moto para que hagan el laburo.

Todo eso genera otra lectura entre los pibes, pero para los que manejan el territorio no son más que mano de obra barata y desechable.

Lo cierto es que la banda del Topito había implementado una modalidad de robo en motitos. Primero que nada, el Topito no quería tener una moto legal, por eso siempre andaba metido en el robo de motos para luego utilizarlas en sus golpes.

“Cuando iban a robar, por lo general lo hacían en tres o cuatro motitos que rodeaban la manzana. Uno o dos entraban y los otros se quedaban de campana. Si empezaban a acelerar las motos, era porque venía la cana y ahí los que estaban robando rajaban”, detalló un informante.

En ese último año de vida, hubo varias denuncias donde se lo vinculó al Topito a robos, tiroteos e incluso vecinos que declararon que estaban en sus casas y de la nada entraba Barrionuevo totalmente perdido porque se había equivocado de puerta.

“Iban a robar en tres o cuatro motitos. Uno o dos entraban y los otros se quedaban de campana. Si aceleraban las motos, era porque venía la cana y rajaban”. Investigador.Bajo Reserva

“Cuando investigamos la rivalidad entre el Topito y Satanás, eran todas cosas de pendejos. De ‘no te metas con tal piba’, ‘yo tengo esto o aquello’. Eran ajustes absurdos”.Investigador .Bajo Reserva

Por el crimen del Topito les dieron perpetua a Pedro Mariqueo y Sergio Aravena

Casi mata a Satanás

Cuando se investigó la rivalidad entre el Topito y Satanás, de fondo, “había mucha cosa de pendejos". "De querer ser más que el otro, de 'no te metas con la piba que me gusta', de 'yo tengo esto o aquello'. Eran rivalidades sin sentido, ajustes absurdos. Pero había llegado un punto donde hasta los vecinos le tenían miedo la Topito porque estaba sacado”, reveló un pesquisa.

El 4 de julio de 2010 cerca de la medianoche, el Topito y tres integrantes más de su banda salieron a bordo de una moto robada, todos haciendo equilibrio en lo que era prácticamente un espectáculo circense.

Así llegaron hasta la casa de Satanás Garrido en el San Lorenzo Sur y Barrionuevo, con una pistola 9 milímetros marca Luger, efectuó al menos unos cuatro disparos que atravesaron el portón de ingreso al terreno de Garrido.

Uno de los proyectiles hirió a Satanás en la zona derecha del cuello y gracias a un vecino que lo llevó en su auto a toda velocidad al hospital Horacio Heller, se salvó.

La denuncia contra el Topito, que ya tenía 18 años, la radicaron en la Comisaría 16.

Así venía la mano entre el Topito y Satanás, a los tiros, sin medir consecuencias y con la finalidad de ver quién era el “poronga” del San Lorenzo, sin darse cuenta de que los más grandes los estaban dejando “jugar” porque, llegado el caso, ellos tenían el mando, y así después quedaría demostrado.

Con chaleco

“Vivían a los tiros esas dos banditas de pendejos”, detalló un ex integrante de la Policía, que afirmó: “Nos tenían locos, encima todos pibes y nadie hacía nada”.

El intento de homicidio de Satanás no quedaría en la nada, porque si no hay una respuesta, obvio que violenta, se entiende que perdieron, y ninguno de los dos bandos quería dar el brazo a torcer.

El 26 de diciembre de 2010, entró cerca de la medianoche el Topito Barrionuevo a la guardia del hospital Heller. Tenía una herida de bala en el cuello y otra en un omóplato.

Lo encontró un amigo que iba llegando a su casa y escuchó las detonaciones, y al verlo tirado en el suelo lo subió al jeep y lo trasladó al hospital. De no haber sido por esa rápida reacción, tal vez el Topito no habría tenido otra oportunidad.

Los médicos lo derivaron al hospital Castro Rendón, donde lo intervinieron quirúrgicamente y le salvaron la vida.

Personal de Criminalística relevó el lugar del hecho y encontró al menos cinco vainas servidas.

Esa misma noche, entró un joven de 27 años en el hospital de Cipolletti con una herida leve de arma de fuego y dijo que la había sufrido en Neuquén. Se presume que el Topito alcanzó a reaccionar.

A partir de ahí, Darío Barrionuevo no salía a la calle sin antes ponerse un chaleco antibalas, que para los muchachos del hampa no es difícil de conseguir.

A mediados de enero de 2011, el Topito ya estaba de nuevo en la calle y junto con Cané quemaron una camioneta y balearon una casa en el sector de Las Plateas del San Lorenzo. Los ajustes seguían en escalada y en su devenir se presagiaba lo peor.

Jucio. por el crimen del Topito les dieron perpetua a Pedro Mariqueo y Sergio Aravena

Se va la segunda

Nada frenaba al Topito. A fines de abril de 2011, tiroteó en Las Plateas a un vecino que salía de comprar en una pollería. No era un vecino común y corriente: había sido testigo del crimen de Alejandro Peri, un joven al que ultimaron de un tiro en el pecho, el 5 de agosto de 2009, para robarle el celular. ¿Quién había sido sindicado como autor? El Topito, pero no se pudo demostrar porque los testigos no pudieron afirmar que fuera él quien estaba debajo del casco.

Con el Topito fuera de sí, se caía de maduro para la Policía que al pibe “lo iban a poner”, resumió otro viejo pesquisa.

El 15 de mayo de 2011, nuevamente fue atacado en inmediaciones de su casa. Todos sabían donde vivía el Topito, por eso a nadie le extrañaba que lo estuvieran esperando cerca de la casa.

Pasadas las 20:10 hubo un aviso al comando sin demasiados detalles, solo avisaron que habían baleado “a Darío Barrionuevo en calle Stagnaro y Roque Ramírez y se lo habían llevado al Heller”, dicta el informe.

De nuevo se repetía la historia: el ataque a tiros, el traslado salvador al hospital y la derivación de urgencia al Castro Rendón.

Barrionuevo sufrió una herida que le afectó una arteria en el brazo izquierdo a la altura del codo. El pulóver celeste y blanco a rayas horizontales que llevaba puesto tenía el orificio bien marcado y rodeado de sangre.

En el barrio, los investigadores no pudieron levantar testimonio, la gente estaba sumida en el temor y se negó a hablar con la Policía.

Los criminalistas relevaron el lugar del hecho y levantaron cinco vainas y cuatro proyectiles en el ingreso de la casa del Topito. Uno de los proyectiles estaba deformado y tenía manchas de sangre, por lo que se instruyó el sumario con autores ignorados.

Cuando tomó conciencia de que lo querían matar, consiguió un chaleco antibalas que se olvidó justo el día que le tendieron la trampa.

Influencias

Los Campos Correa tenían vinculaciones políticas muy estrechas con el que fuera ministro de Desarrollo Social de la provincia Walter Jonsson durante el gobierno de Jorge Sapag. El manejo discrecional del ministro obligó a Sapag, en 2009, a relevarlo del cargo, quedando Desarrollo Social bajo la órbita del ministro de Seguridad César Pérez.

La Policía tuvo que salir a recuperar un par de camionetas de dicha repartición, que estaban en manos de los Campos Correa porque se las había facilitado Jonsson por puro clientelismo.

Esa no era una buena temporada para don Antonio, y encima el desmadre que había generado el Topito en el oeste neuquino conllevó a que atrajera miradas de fuerzas de seguridad que los Campos Correa esquivaban.

Fue así que los grandes entraron en el juego y le soltaron la mano al Topito, que encontró refugio en lo del Rafa Aguiar, otro puntero del MPN que manejaba un corralón en el San Lorenzo al que los vecinos habían bautizado como “la casita de goma”, porque era impresionante la cantidad de pibes que entraban.

Dicho corralón era usado por la Justicia para enviar a chicos que habían delinquido a realizar tareas comunitarias, a modo de revinculación social.

“Ahí adentro, los pibes se fumaban todo, y no tabaco”, confió el padre de un chico que frecuentaba el lugar y estaba desesperado tratando de sacar de la droga a su hijo.

Aguiar es un personaje particular. El 11 de marzo de 2015, en medio de un acto de campaña del MPN para renovar el mandato de Omar Gutiérrez, en el oeste, salió al cruce de un grupo de militantes del Frente para la Victoria y los amenazó con un arma de fuego. La Policía lo detuvo, los jueces lo condenaron por unanimidad y le dictaron seis años de prisión.

Previamente, en 2011, el Topito ya estaba en manos de Aguiar cuando los Campos Correa le dieron la espalda.

San Lorenzo Sur y Barrionuevo

“Te equivocaste”

El robo de motos fue el talón de Aquiles del Topito. Eso lo llevó a meterse con gente pesada que se había bancado varias solo porque tenía la protección de los Campos Correa, pero cuando supieron que tenían vía libre, no dudaron y actuaron.

El 27 de junio de 2011, al Topito le armaron una cama en el barrio Z1. De acuerdo con la sentencia judicial y los testimonios relevados, le avisaron que tenían una moto para venderle y de apurado se olvidó el chaleco antibalas en su casa. Llegó a la Manzana 4 del Z1 a las 17, donde hizo su última incursión con fines delictivos. Al llegar se encontró con dos vehículos, un Renault 12 de color negro, robado hacía un par de horas, y un Fiat Palio que después los testigos confundieron con un Renault Clio.

Los ocupantes bajaron portando armas y le dijeron: “Te equivocaste, amigo, le robaste la moto a un pibe que anda laburando”. Y abrieron fuego.

En los relatos brindados en el juicio contra los asesinos del Topito, vecinos contaron que hubo un intento por cargarlo en un auto, pero al escuchar las sirenas uno de los atacantes dijo: “Dejalo que viene la gorra”.

La Policía logró detener a cuatro jóvenes. De ellos, los más complicados fueron Pedro Damián Mariqueo y Sergio Esteban Aravena. Además, se secuestraron las dos Bersa que los delincuentes intentaron esconder en un pozo de una casa.

La autopsia estableció: “La presencia de seis heridas compatibles con proyectil de arma de fuego en pierna izquierda a la altura de la rodilla, seis heridas de similares características en rodilla de pierna derecha, un orificio de salida de proyectil de arma de fuego en hemotórax derecho que se corresponde con ingreso de proyectil de arma de fuego existente en zona lumbar, un orificio de entrada de proyectil de arma de fuego en glúteo derecho sin orificio de salida, un orificio de entrada y salida de proyectil de arma de fuego en parte posterior del brazo izquierdo a la altura del bíceps”.

Incluso, se extrajo de la zona intercostal un proyectil de vieja data.

La bala que mató al Topito lo atravesó literalmente, ingresó por la espalda y salió por el pecho.

En su cadáver se encontraron plomos de cuatro armas distintas, aunque la Policía solo logró secuestrar las dos pistolas, una de las cuales después se estableció que había sido robada a un efectivo de la fuerza.

Luego, los informes criminológicos vincularían a la banda de los Champú, entre ellos a Juan Pablo “Bolita” Alvear y Nicolás Castro, aunque en el juicio no se los pudo involucrar porque las pruebas no bastaban.

El 9 de septiembre de 2013, Mariqueo y Aravena fueron condenados a prisión perpetua por homicidio calificado, agravado por ser premeditado y cometido por dos o más personas.

En abril de 2014, un Tribunal de Impugnación redujo la calificación y solo dejó la figura del homicidio calificado, por lo que el tribunal conformado por Ana Malvido, Carina Álvarez y Mara Suste les dictó 12 años de condena por el crimen del Topito Barrionuevo.

Tanto Mariqueo como Aravena se encuentran en libertad condicional desde 2018, mientras que la tumba del Topito ya no goza de la popularidad que tuvo tras su crimen.

La investigación de las bandas

Un año después del crimen del Topito, el fiscal Maximiliano Breide Obeid, que había quedado a cargo de la Fiscalía de Graves Atentados contras las Personas (GAP), se encargó, a partir de una nota de quien escribe, de investigar el accionar de las bandas en el oeste.

Las pesquisas a cargo del Departamento de Delitos sacaron a la luz los vínculos políticos de los líderes, dejaron expuesto cómo era el reclutamiento de pibes y los negociados entre algunos policías de la Comisaría 18 que intercambiaban droga o sexo oral por zona liberada. También marcaron a los armeros del oeste neuquino y el jefe de Policía Juan Carlos Lepén radicó una denuncia ante la fiscal Gloria Lucero porque había información sensible de policías que alquilaban armas a delincuentes a cambio de parte del botín, o las denunciaban como perdidas y en verdad las habían vendido. Esa investigación Lucero nunca la profundizó.

La investigación de bandas no derivó en detenciones, pero con el tiempo fueron cayendo los cabecillas. El Bolita Alvear, de los Champú, terminó preso tras una mejicaneada y se ahorcó en su celda. Juan Carlos Santana, chofer de Desarrollo Social de la provincia y líder de la banda, cayó junto a sus hijos, Carlos y Lucas, tras robarle una moto a una mujer en el barrio Belén, en agosto de 2016, y luego extorsionarla a punta de pistola para que le firmara el boleto de compraventa. Un año antes, en 2015, el Tribunal Oral Federal (TOF) lo había absuelto en una causa por tenencia de drogas.

“Siempre terminan cayendo por delitos correlacionados o vinculados a la actividad narco”, confió un investigador.

En septiembre de 2019, la Justicia Federal junto con la Policía neuquina enganchó por drogas a Gastón “Bebe” Campos Correa, que se encargaba de la distribución en la zona oeste y Confluencia. Es tal vez uno de los únicos narcos que cayó por su actividad directa.

“El Lucas Santana, el Bolita Alvear y el Bebe Campos Correa se la jugaron y se comieron la película, pero fijate que los que en verdad manejan todo no aparecen”, contó la fuente.

En el caso de los Santana, Juan Carlos era el líder; de los Champú, los Sosa; y de los Campos Correa, Antonio, detalló el investigador.

Toda esa información fue puesta, a mediados de la década pasada, en manos de la Justicia Federal, ya que en el fondo se trata de narcotráfico y política, que caminan juntas y a la par desde hace décadas.

3 ataques de muerte sufrió el Topito.

Hubo dos anteriores en lo que lo hirieron, pero no lograron su cometido. Dicen que el vía libre que dieron los Campos Correa facilitó que lo hayan asesinado en una calle del barrio Z1.

15 tiros con cuatro armas distintas estableció la autopsia.

El 27 de junio de 2011 lo rodearon y le dispararon 12 tiros a cada pierna. Desde el suelo le dijo a su atacantes: “Dispará como hombre, puto”. Y ahí lo terminaron de ejecutar.

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