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La Mañana colimba

El trotamundos neuquino que vio caer las Torres Gemelas y entregó una bandera a sus compañeros de colimba

Marcelo "Pocho" Casado un día volvió al RIM 10 donde hizo el servicio militar obligatorio. La vida lo llevó por distintos caminos del mundo y después de 31 años se encontró en Covunco con sus compañeros de colimba de la clase 71. Fue testigo del incidente de las Torres Gemelas, el hecho que cambió la historia de la humanidad.

El corazón atesora las vivencias como reliquias. El corazón nunca olvida. Es el motor de todas las emociones y es el responsable de bombear religiosamente el elixir que asegura la existencia. Cuando se acaban las palabras, el corazón habla de una manera particular, con voz de emoción, alegría y felicidad.

Así habló el corazón de “Pocho” Casado, el colimba que después de 31 años un día regresó al RIM 10 para revivir aquella época dorada de su juventud junto a sus compañeros de la clase ‘71 provenientes de distintos puntos de las provincias de Neuquén y de La Pampa. El desembarco de los ex soldados de la unidad de Racedo se produjo en el marco de las actividades del 40° aniversario de la gesta heroica de Malvinas. En Covunco, fueron recibidos por el actual jefe del regimiento, el teniente coronel Ignacio García Solórzano.

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Ese fin de semana del 2 de abril estuvieron en la localidad neuquina unos 30 soldados de la clase 1971 de La Pampa y Neuquén. Los colimbas se encontraron además aquí con un soldado clase 1945 y lo eligieron como padrino de la clase 71: Ramón Aguilar los acompañó durante toda la estadía. En la oportunidad de la ceremonia, la 71 entregó por primera vez en la historia de los soldados del regimiento una gran bandera Argentina de 7x4mts para el mástil principal. Fue un gesto agradecido por las autoridades del regimiento y el público presente.

La 71 tuvo la oportunidad de desfilar por el frente de la Unidad al igual que 31 años atrás. En esa fracción estaba el soldado Marcelo "Pocho" Casado, el neuquino que hizo el servicio militar en Covunco entre los años 1990/1991 y 10 años después estaba en el lugar en el que se cambió la historia del mundo. Ese día de la formación, el corazón los traicionó a todos, ya que no pudieron evitar emocionarse al escuchar el himno nacional y la marcha de Malvinas interpretados por la banda militar.

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El viaje por el mundo

“Pocho” Casado, apenas unos años después de su baja del ejército emprendió un camino de trotamundos que lo llevó por destinos tan diversos que justo el 11 de septiembre de 2001 lo encontró en Nueva York, el día del atentado a las Torres Gemelas, mientras que en la provincia del Neuquén, Edgardo Pino (su compañero de colimba en Covunco) comentaba la noticia a través de los micrófonos de la radio.

“Ese día de las Torres trabajaba para LU19, como siempre en el móvil de la radio íbamos escuchando la emisora cuando el conductor José Luis Datri comenta que un avión había chocado un edificio en Nueva York, minutos después, el segundo avión, y ya desde ahí hicimos una guardia en el informativo”, contó el hoy periodista de RTN.

“Desde chico siempre había tenido la locura de viajar, de conocer otros países, otra gente, otros idiomas. La pude cumplir 10 años después de haber salido del servicio militar, teniendo 29 años exactamente. Se me ocurre ir a México, con un amigo estuvimos planeando el viaje durante 2 años. La idea era ir a Playa del Carmen o Cancún por el tema del mar. En la despedida fue un llanto tremendo porque nadie sabía que yo me iba a ir por tanto tiempo”, recordó Pocho.

“Salimos con mi amigo desde Buenos Aires y primero paramos en Guayaquil (Ecuador). En ese momento el país atravesaba un régimen militar así que mucho no pudimos hacer, desde allí partimos hacia México D.F. Cuando llegamos sentíamos un poco de temor por el tema de los robos. Desde allí nos fuimos en colectivo hacia Veracruz. Estuvimos unos días y nos fuimos a Catemaco. Se decía que era el pueblo mexicano donde más brujos había así que decidí hacerme una limpieza espiritual en una gruta”, relató.

Esta impensada actitud produjo en la pareja de amigos una serie de desacuerdos, por lo que decidieron seguir por rumbos separados. “Ese día tomé la decisión de abrirme solo y seguir el viaje por mi cuenta. Con mucha pena y angustia me subí a un colectivo que me llevaba a Palenque (Chiapas), un lugar del cual nos habían hablado y quedaba de camino a Cancún (que era el destino). Me fui y llegué a Palenque a las 3 de la mañana sin saber a dónde ir a parar. Acampé en un camping cerca de las ruinas de Palenque, dormí en una hamaca y tapado solo con una sabana”, relató.

Historias de colimbas en Palenque

Es precisamente en Palenque que oficialmente Pocho comenzó su viaje por el mundo en solitario. “Aquí conocí a un chico, que fue mi primer amigo mexicano. Una vez estaba contando una historia sobre el servicio militar, conté que el 29 de enero era mi cumpleaños y resulta que él también había nacido el mismo día y el mismo año que yo, de casualidad a él le decían Calipocho. Nos hicimos muy amigos, me metió a trabajar en una obra en la selva, estuve como 9 meses de encargado, fue una experiencia tremenda. Me puse de novio con la prima hermana del chico que nos llevaba. En México conocí muchos lugares. Decidí seguir viaje, así que me fui hasta Cancún”, refirió el trotamundos.

“Allí me recibió un amigo de Neuquén que era gerente de un restaurante muy bueno. Él se vino a Argentina y me dejó encargado de su departamento, que justo estaban pintando, así que yo venía con todas las energías de la selva y se lo terminé de pintar antes que vuelva. Salí a buscar trabajo en Cancún, en el primer lugar donde me bajo me recibe una señora, le conté que era argentino y que sabía hacer de todo. Me ofreció trabajar para su amigo italiano como camarógrafo de una excursión por lagunas y el mar. Fue uno de los mejores trabajos de mi vida, me encantó. En ese trabajo estuve 5 meses”, siguió su relato.

Tatuajes y las Torres Gemelas

En Cancún conoció a mucha gente y encaró también otros trabajos. En ese derrotero es que conoció a una chica que venía desde Miami y hacía tatuajes de Henna. “Ella fue la que me invitó a Miami porque le gustó mi trabajo como camarógrafo. Una vez allí me enseñaron a hacer tatuajes de henna, pero el primer trabajo que tuve fue vender cervezas en Miami Beach. En una oportunidad me agarró la Policía, me esposaron y la pasé muy mal. Luego de eso empecé a hacer tatuajes de henna. Yo estuve 15 días con ellos, pero me fui porque me sentía incómodo, así que le pedí una carpeta con los diseños y me fui a Nueva York a trabajar con los tatuajes”, relató.

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En el Soho neoyorquino fue donde hizo sus primeros tatuajes y ganó muchos dólares. “Le agarré el gusto a los tatuajes y perdí el miedo a la calle. Estuve tres años en las calles de Nueva York haciendo tatuajes. Me fui a vivir a Queens con un amigo de Neuquén. El 10 de septiembre fui a Manhattan a dormir con una chica, a la mañana siguiente me fui temprano de su casa porque tenía que volver a Queens que quedaba a 45 minutos en tren. En el trayecto fue que me di cuenta que las dos Torres estaban prendidas fuego, fue toda una locura porque nadie entendía nada. Se hablaba de aviones pero no se entendía cómo era que las habían chocado. Así que en ese momento fue un latino el que me tomó la foto que testimonia haber estado en el momento y lugar en que la historia del mundo giró para siempre. Tengo tres fotos, una mía, una de las Torres prendidas fuego y otra de cuando las Torres se están cayendo”, dijo mientras las iba mostrando una a una a todos sus compañeros, que escuchaban extasiados parte de su baúl de historias. También mostró algunas fotos con lugares y personajes famosos como la estrella de la fama de Bob Marley y encuentros en la calle con Guillermo Vilas y el actor Dustin Hoffman.

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Nueve años girando por el mundo

El periplo por el mundo de “Pocho” Casado lo llevó por distintos destinos del planeta y “siempre ganándose el peso con el trabajo que saliera”. Al respecto, contó: “Estuve viviendo 4 años en Barcelona como guía de turismo en tours de adultos mayores de distintas nacionalidades, así que conocí casi todo España, Portugal, parte de Francia y de Italia. También estuve en Túnez, en África, donde llegué también como guía de turismo”. Aunque su viaje eterno fue una gran experiencia, un día su corazón comenzó a extrañar demasiado a su familia y a su terruño. “Después de estar viajando nueve años y monedas por el mundo entero, un día decidí pegarme la vuelta para Argentina y empecé a construir mi vida en mi querida ciudad de Neuquén. Yo le di todo al mundo y el mundo me dio todo a mi, así que no nos debemos nada y estamos en paz”, contó con la sonrisa y el desparpajo que lo caracteriza.

Sus historias captaron la atención de todos sus compañeros. “Al Pocho es imposible no quererlo, es una de esas personas esenciales que cada grupo necesita. Formó parte de nuestras vidas en aquella colimba y hoy forma parte de este grupo que busca reivindicar el valor de la amistad adquirida y la honramos con estos encuentros”, contó René García, un ex soldado de San Patricio del Chañar que se puso al hombro la organización de la última juntada de la clase 71.

“La idea es seguir haciendo estos encuentros y buscamos que cada vez seamos muchos más los que podamos compartir nuestras vivencias y recordar aquellos tiempos que supimos servir a la patria en un histórico regimiento”, agregó. García también recordó a todos los camaradas que ya han partido al cielo en diferentes circunstancias y envió un cálido saludo a los ex soldados Carlos Puel de Cutral Co y Antonio Eduardo Aino de La Pampa. Ambos soldados, al igual que Pocho, son los inolvidables colimbas y a los que todos quieren volver a ver. Seguramente en la próxima juntada se seguirán escribiendo historias de estos hombres que con su servicio militar sirvieron a la patria antes de que el servicio militar sea voluntario.

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