El último gaucho neuquino que nació sobre Vaca Muerta

Roberto Cárdenas. Tiene 90 años y miles de recuerdos. Anda a caballo por Centenario, fue militante sindical y hoy es parte de la historia en vida.

POR ADRIANO CALALESINA / adrianoc@lmneuquen.com.ar

Roberto Cárdenas dice que es uno de los últimos gauchos que vivió ese Neuquén campesino donde hace más de 80 años, por las crecidas, había que esperar meses para cruzar a caballo el río Neuquén.

Es uno de los pocos a los que, con 90 años, aún se puede ver arriba de un animal en una ciudad que de a poco fue perdiendo a esos puesteros en la segunda meseta.

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El hombre nació el 12 de enero de 1928 en Planicie Banderita, un paraje a unos 50 kilómetros al norte de la capital neuquina, donde hoy se levanta un megaproyecto gasífero y donde las comunidades mapuches están en los alrededores de lo que se denomina Vaca Muerta.

Roberto vive hoy en Centenario y es un personaje que pinta parte del proceso de la historia, desde los albores del peronismo, la militancia sindical y ese nacionalismo gaucho que lo lleva adentro y con el que convive todo el tiempo. Es una personaje al que se puede ver caminando por las calles, en bicicleta o arriba de su caballo Santa Fe, siempre detrás de una historia campera. Es fanático de los caballos y a su edad vive solo y no sufre de enfermedades. “A veces me levanto a las dos de la mañana, duermo pocas horas. Soy uno de los pocos gauchos que quedan acá en la ciudad pero que se criaron en el campo”, expresa el hombre a LM Neuquén.

A pesar de que dice ser descendiente de tehuelches, Roberto es sobrino directo de María Genoveva Cárdenas, una mujer que nació el 3 de enero de 1881, que habitó y era dueña de las tierras originarias donde hoy se asientan las comunidades Kaxipayñ y Cherqui.

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Cárdenas asegura que tiene tres fechas de nacimiento y que su madre recién pudo anotarlo en el Registro Civil cuando tenía 8 años. Aparece como nacido en 1932, pero que en realidad, en ese momento, tendrían que haberlo registrado como nacido en 1934.

A pesar de su vida ligada al campo, Cárdenas tiene una visión clara de la realidad social. En su casa tiene una pila con más de mil diarios y todos los días escucha la radio, incluso es un fiel oyente de LU5, en la que participa hasta con comentarios y sugerencias cada tanto.

Hace poco, en el último aniversario de Centenario, Cárdenas se sacó el gusto de desfilar junto a su agrupación gaucha, Los Nativos, con la que además proyecta actividades para que su memoria llena de tradiciones no se disuelva.

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El hombre, a los 90 años, asegura que goza de buena salud y que su vida, que todos los días consiste en ir a ver sus caballos a un campito de un amigo cerca de una chacra, le trae buena fortuna.

Su hija más chica, Romina, comenta que Roberto casi todos los días come un plato de carne con una ensalada de lechuga y a veces una sopa y que los médicos se asombran, ya que por su avanzada edad no presenta síntomas de ninguna enfermedad.

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Cárdenas fue secretario general del Sindicato de la Fruta y uno de los que recibieron a Héctor Cámpora, allá por abril de 1973, cuando estaba en plena campaña presidencial, en esos tiempos difíciles que años más tarde terminaron en la última dictadura militar argentina. Estuvo sentado en la misma mesa larga que peronistas como Ángel Nicanor Romero y Rogelio Córdoba. “Hoy no estoy en política, en su momento me tuve que ir de la ciudad por un tiempo”, recuerda el hombre, que hoy suele estar bien informado de la actualidad política en la provincia y en el país.

El gaucho dice no extrañar esos tiempos en los que había que trabajar duro en el campo en Planicie Banderita. Cuenta que cuando era muy joven, cuando la provincia era territorio nacional y no había represas, el río Neuquén tenía más de cinco metros de profundidad y sólo se lo podía cruzar en algunos tramos en enero.

“Lo cruzábamos con los caballos con el agua casi hasta arriba, había sólo una parte para hacerlo, eran otros tiempos”, recordó el gaucho. El ya es parte viva de un patrimonio cultural no sólo con un estilo campero, que fue el que forjó la mano de obra para levantar las chacras en la colonia rural, sino también como un testimonio lúcido de distintas épocas.

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