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Emilio Zingoni, 50 años aportando a la salud de la región

De chico era el compañero de ruta de su padre, Don Emilio Zingoni, quien recorría la provincia de Neuquén operando a los vecinos. Como él, también se especializó en otorrinolaringología, profesión que ejerce aún hoy tras medio siglo.

Emilio Zingoni tiene una profesión no sólo difícil de pronunciar: otorrinolaringología. Porque el oficio –constante, tenaz y minucioso- de todo médico, es una pelea diaria para lograr la calidad de vida de las personas. Lo era en el Neuquén de ayer con los recursos que había a disposición, lo es hoy, en plena pandemia por Covid_19.

Pero Emilio, que en 1956 vivió la epidemia de la poliomielitis, dice que “esto también pasará”. “Lo que hay que hacer es concentrarse en la responsabilidad, en ser solidarios, en ser más humanos, en cuidarnos; hasta que encontremos una salida científica a la enfermedad”, reafirma el médico que el 5 de septiembre celebró 50 años en la medicina. “Usar el barbijo, mantener las distancias y la higiene, salir a trabajar si es necesario y a abastecerse, y en la medida de lo posible, quedarse en las casas”, subraya.

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Emilio, con sus 75 años, tomó la decisión de que iba a seguir trabajando cuando las cosas se ensombrecieron para la ciudad y para el resto del país. “Dos veces por semana voy al consultorio a atender a pacientes que lo requieren, sino trato de propiciar la consulta telefónica”, comenta, y agrega que aún no se jubila “porque no se encuentra en ese momento en que podría vivir sin trabajar”.

En el medio siglo que Zingoni cumplió como especialista, abrió gargantas, extrajo adenoides, destapó oídos y operó las sinusitis de una buena cantidad de neuquinos y de otras regiones vecinas. Y al igual que hizo su papá Emilo Zingoni, recorrió el interior de la provincia para que la accesibilidad y el derecho a la salud fueran posibles. “Me gradué de la Universidad Nacional de La Plata en 1970 y volví a Neuquén porque era mi lugar. Recuerdo que en ese momento estaba el doctor Pellín a cargo del hospital y me ofreció ayudar a los dos especialistas que ya estaban trabajando y además me encargó que me ocupara de los pacientes de Plottier, Centenario, Picún Leufú, Piedra del Águila y Villa La Angostura”, relata Zingoni. “En Piedra no podía operar porque el servicio de luz era durante la noche y a la mañana ya no había energía para abrir quirófano; pero en Picún sí; allí tuve el único paciente al que le perdí el rastro y no pude seguir su pos operatorio”, relata. Se trataba de un lugareño al que le extrajo las amígdalas, que, saliendo de la anestesia, se levantó y no esperó la evaluación del doctor. “Ahora lo cuento y me río, pero la verdad es que me acuerdo mucho de él porque me quedé preocupado”, realza.

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El consultorio de calle Santiago del Estero casi Roca -donde también atendieron su papá y su hermano Carlos (de la misma especialidad)- fue la cuna de la otorrinolaringología hasta el año 2014. Acaso alguien pudiera recordar en estas líneas una sala de espera llena, un teléfono sonando cada cinco minutos y dos mujeres organizando los turnos de las agendas colmadas: la eficiente Raquel y la entrañable Elda. Acaso alguien se haya operado de la garganta en ese icónico lugar y recuerde la pasada por la habitación del doctor anunciando la mejor noticia: “Hoy sólo vas a comer helado, ¿eh?”.

“Lo que hay que hacer es concentrarse en la responsabilidad, en ser solidarios, en ser más humanos, en cuidarnos; hasta que encontremos una salida científica a la enfermedad”.

Las veces que no le toca salir de casa, Zingoni sigue estudiando. “Estamos haciendo una capacitación enfocada en la inmunidad, uno de los temas que más nos conciernen hoy, puntualmente sobre las mucosas”, explica. Porque para él, buscar el por qué, “es cosa de todos los días”.

Tras los pasos de Fernando

La raíz del apellido Zingoni en la zona comienza en don Fernando, que provenía de una aldea de Calabria (Italia) llamada Montalvo Uffugo. Primero se instaló en Viedma porque allí se encontraba su hermano Vicente, pero un buen día, por el afán aventurero que lo caracterizaba, se subió al caballo y -arriando su rebaño de ovejas- llegó al Balneario Río Grande de Neuquén. Para 1912, el abuelo de Emilio Zingoni ya había bordeado el río hasta la altura de Piedra del Águila y se había decidido por internarse hacia el oeste, más precisamente en Catan Lil, para criar y comercializar ganado con Chile.

Formó su familia casándose con Emma Mathiu, suizo-francesa residente de San Martín de los Andes, con la que tuvo 8 hijos, uno de ellos el papá de Emilio, también llamado Emilio. “En 1912 no había colegios en la zona, por eso el viejo realizó sus estudios primarios en Bahía Blanca y secundarios en Buenos Aires”, cuenta. “Tenía veinticinco años cuando, en Buenos Aires, conoció a mi madre: María Romana Caruso, quién lo impulsó a estudiar medicina. Ella, abandonando su carrera como cantante y actriz, lo apoyó durante los siete años de estudio”, enfatiza.

Como don Emilio Zingoni padre había hecho el curso de aspirante al Ejército, cuando en 1946 lo llamaron para venirse como doctor a la zona, ni lo dudó. Se instalaron en una casita donde hoy se encuentra el Batallón de Ingenieros. “Todo quedaba muy lejos en esa época, el pequeño poblado neuquino tenía como uno de los límites la cárcel, otro era el cementerio, otra la barda pero que comenzaba en Elordi más o menos; y nuestra ruta 22 era la calle San Martín, donde está el primer surtidor de nafta de la ciudad”, cuenta el otorrino.

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Emilio sigue trabajando a sus 75 años atendiendo pacientes de Neuquén y Río Negro

Emilio sigue trabajando a sus 75 años atendiendo pacientes de Neuquén y Río Negro

Don Zingoni padre y María Ramona tuvieron cinco hijos más además de Emilio: Cristina Amalia que falleció a los 21 días por una infección pulmonar, María Cristina, Carlos Augusto, María Inés y María Elena. “Nuestra infancia con mis hermanos era cruzar a la plaza Roca con la complicidad de Margarita y Elvira que nos cuidaban y andar en la bici o los patines mientras mamá y papá se iban de parranda”, recuerda. Sin embargo, no todo era diversión, siendo un poco más adulto y antes de irse a estudiar a La Plata, Emilio se convirtió en un compinche muy leal de Don Emilio. “Mi padre comenzó a trabajar en su consultorio privado, ad-honorem en el Hospital Neuquén y en forma conjunta con los doctores Rafael Vitale y Luis Ramón fundaron lo que hoy es el Policlínico Neuquén. Pero además, por la falta de especialistas al Sur del Río Colorado iba por los pueblos del Alto Valle, Plaza Huincul y Zapala. Nos subíamos al “Mercury ‘47 y yo lo acompañaba en esas recorridas médicas”, dice con orgullo.

Emilio Zingoni se para en la barda neuquina y observa la cantidad de edificios y asfalto. También el follaje verde que anticipa la entrada al valle del río. “El Neuquén que yo deseo para el futuro, es el que descansa sobre las enseñanzas de los pioneros: el del esfuerzo, la humanidad y el respeto. Entender que no podemos basar nuestro progreso sólo en la explotación hidrocarburífera sino en el afianzamiento de la educación, la cultura y la salud pública es lo que va a ayudar a mejorar las cosas”, concluye el doctor.

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