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La Mañana dictadura

"En la calle mi mamá se cruzaba con Guglielminetti que la había torturado"

César Altomaro relató las vivencias que enfrentó con 10 años cuando en 1976 fueron secuestrados sus padres, Alicia Villaverde y Darío Altomaro, y apuntó contra el ex agente de inteligencia.

Emocionado y con lágrimas en los ojos durante la mayor parte de su relato, César Altomaro brindó su testimonio acerca del secuestro de sus padres, Alicia Villaverde y Darío Altomaro en junio de 1976, en una nueva audiencia del séptimo juicio contra quince imputados por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar que se desarrolla en Neuquén.

Altomaro contó que tenía 10 años cuando su madre -destacada dramaturga y actriz- fue detenida ilegalmente por dos hombres vestidos de civil que se identificaron como pertenecientes a la Policía Federal el 9 de junio de 1976 en las oficinas de la subsecretaría de Obras Públicas donde trabajaba. Horas más tarde también fue detenido Darío Altomaro, actor de la región, quien estaba separado de Villaverde y por entonces casado con Susana Mujica que también fue secuestrada.

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“Mi hermana Eleonora –que era cuatro años más chica- y yo por ese entonces vivíamos con mi abuela en una casa de la calle 12 de Septiembre. Una noche estábamos acostados y entraron a la casa los de Gendarmería, mi abuela nos tapaba a mí y a mi hermana y nos ponía de costado contra la pared para que no nos llevaran. Me acuerdo de mi abuela pegándole patadas a esos tipos para que no nos agarraran y sacaran de ahí”, relató. Agregó que como estaba debajo de una cucheta pudo identificar que “eran de Gendarmería porque veía los pantalones y las botas y la punta de los fusiles”.

Alicia Villaverde, Darío Altomaro, Susana Mujica y Lucio Espíndola (quien también había sido detenido en la casa de Altomaro-Mujica) fueron llevados a la Delegación de la Policía Federal y luego trasladados al centro clandestino de detención “La Escuelita”, ubicado en el fondo del Batallón de Ingenieros. En ambos lugares las víctimas fueron interrogadas, golpeadas y torturadas.

“Pienso en mi abuela lo difícil que fue contarme a esa edad lo que significaban las torturas. Era difícil para mí entender a esa edad que a mi mamá le metieran una picana , que le quemaran las tetas, que la violaran”, expresó.

Luego de haber estado en cautiverio en La Escuelita, las víctimas, junto a otras, fueron llevadas al aeropuerto de Neuquén y trasladadas en avión en un vuelo clandestino al centro clandestino de detención en Bahía Blanca. Finalmente, el 19 de junio, Villaverde fue liberada junto a otra mujer en la localidad bonaerense de Médanos. Posteriormente la familia se exilió en México.

Altomaro dijo que su padre no se presentará a declarar en el juicio “porque le ha costado mucho contar, sufre ataques de pánico, entra en crisis cuando cuenta algo, comienza a temblar y llorar”.

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El ex agente de Inteligencia Raúl Guglielminetti, uno de los quince imputados en este juicio.

El ex agente de Inteligencia Raúl Guglielminetti, uno de los quince imputados en este juicio.

Amenazas en la calle y exilio en México

Tras ser liberada, Alicia Villaverde recibía continuas amenazas, señaló su hijo ante los jueces del tribunal. Reveló que una vez que regresaron del exilio en México, ya en democracia, su madre se lo cruzó en la calle al ex agente civil de inteligencia, Raúl Guglielminetti, imputado en esta causa. “Mi mamá se cruzaba con (Raúl) Guglielminetti que era el tipo que la había torturado y la había violado”, dijo César Altomaro. “Te vamos a matar a los pibes”, eran las amenazas que recibía su madre por teléfono y también en la calle, mencionó. Por eso decidió exiliarse en México junto a sus hijos.

El hombre describió las vivencias que debió enfrentar con tan corta edad en el exilio en México. Dijo que a esa edad comenzó a trabajar en un supermercado para llevar dinero a su casa. "Yo era un niño feliz que remontaba barriletes en un barrio de Neuquén y terminé en México sin tener para comer, ni ropa, ni nada y con mi mamá, que ahora que soy grande, la comprendo sufriendo y llorando", relató.

“No había nada peor que ver a mi mamá sufrir, después de los secuestros, de los golpes, de las violaciones nunca quedó bien”, explicó César Altomaro ante los jueces del tribunal,

“No había nada peor que ver a mi mamá sufrir, después de los secuestros, de los golpes, de las violaciones nunca quedó bien”, explicó. Dijo que cuando su abuela enfermó tuvieron que volver a la Argentina pero su madre no quería regresar. Contó que cuando se subió al avión para regresar a la Argentina "le dio un poco de presión y una parálisis en la mitad de su cuerpo]"

Agregó que su madre "nunca más consiguió trabajo en Neuquén, el Estado jamás le dijo nada y así todo dio clases de teatro, formó actores, y con su oficio fue la única actriz que le dio un premio Martín Fierro a esta provincia".

“Mi mamá era una mujer sencilla, honesta, tenia sueños, ideales, creía en un mundo mejor para todos. No pudo haber sido fácil para ella vivir en este país. Estoy acá por ella, estaría contenta de que declare por la memoria de tantos otros y para que los que hicieron esto se pudran en la cárcel”, concluyó.

"Me iban a detener por 15 días y me tuvieron secuestrado 15 meses"

También declaró el ex diputado provincial del Partido Justicialista Eduardo Buamscha quien junto a otras víctimas fue trasladado de Neuquén a Bahía Blanca en un vuelo clandestino.

Buamscha fue detenido en abril de 1976 cuando se presentó en el Comando de Brigada de Infantería de Montaña junto al padre Juan San Sebastián y el presidente del bloque del Frejuli, Raúl González. “El obispo Jaime De Nevares me aconsejó que me presentara ya que le había pedido a él que averiguara por qué me estaban buscando ya que me habían allanado la vivienda cuando se produjo el golpe de Estado”, contó.

Cuando se presentó en el Comando fue recibido por Oscar Lorenzo Reinhold, jefe de Inteligencia de esa dependencia militar e imputado en esta causa, “quien me dice que como yo era montonero iba a ser investigado; le respondí que no tenía nada que ver con montoneros y me dijo 'Vas a tener que esperar en la cárcel'. Me dijeron que me iban a detener una semana o quince días y me tuvieron secuestrado quince meses”.

Aseguró que fue Luis Alberto Farías Barrera, jefe de la División Personal, quien lo trasladó a la Unidad Penal 9 donde estuvo varios meses. En ese interin fue llevado a la Delegación de la Policía Federal donde fue interrogado por Raúl Guglielminetti, "que participó en el operativo cuando me secuestraron". “Guglielminetti me interrogó no me golpeó, sé que a otras personas como a Orlando Balbo lo golpeó muy fuerte hasta dejarlo sordo. Nunca pasé a una sala de torturas. Había otros detenidos que lo sacaban de la Policía Federal y algunos volvían en muy mal estado”.

Posteriormente junto a otros detenidos fue llevado al aeropuerto de Neuquén y trasladado en un vuelo clandestino con destino al centro clandestino de detención de Bahía Blanca. “Me vendaron los ojos y me subieron al avión donde había otras personas que habían sido maltratadas. Me esposaron y me llevaron en vuelo a Bahía Blanca”, Recordó que había una asistencia médica en el centro clandestino "donde un médico daba orden en plena tortura para seguir o no, nos monitoreaban el corazón”. Agregó que “las víctimas lloraban mucho, habían sido torturadas salvajemente, muchas están desaparecidas. A mí me pusieron cables y me pegaron descargas”.

En septiembre de 1976 Buamscha junto con otros detenidos políticos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional fue trasladado a la cárcel de Rawson y en 1977 se le autorizó salir del país. "Estuve ocho años exiliado en México, regresé en 1984 con Alfonsín porque mi padre estaba enfermo".

Por último, Buamscha, quien declaró por videoconferencia, sostuvo "perturba a esta altura no poder recordar todo como antes en otras declaraciones; pasaron muchos años, 45 años para que tomen mi caso en un juicio".

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