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En plena pandemia, los vecinos del Oeste esperan las garrafas del camión

Con barbijos, hacen largas filas para canjear sus bonos y poder calefaccionar sus hogares en los primeros días de frío.

Por Sofía Sandoval - ssandoval@lmneuquen.com.ar

Una columna de humo gris se perfilaba en el cielo diáfano del mediodía y marcaba el inicio de la temporada fría en los barrios del Oeste, donde la falta de gas natural obliga a pensar otras alternativas para resguardarse de las bajas temperaturas. Con más tiempo y menos dinero disponibles, muchos vecinos se abrigan con leña o canjean los vales del gobierno, pero son pocos los que pagan por las recargas de garrafas en los almacenes.

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El termómetro del jueves alcanzó los 3 grados centígrados a la mañana. Son los primeros días fríos del año, por lo que los negocios que hacen recargas de garrafas aún no sienten el impacto en la demanda. “Antes cargábamos 20 por día, y ahora solamente 8 o 10”, afirmó el Cata, a cargo del almacén que lleva ese nombre en Cuenca XV, y que recibe clientes de otros barrios del Oeste.

Para él, la cuarentena por el coronavirus afectó los hábitos de consumo de los vecinos. “Ahora la gente no trabaja, y tiene más tiempo para ir a la planta de Plottier”, dijo el vendedor en relación al complejo que hace recargas más económicas para aquellos que cuenten con un vehículo o moto que los traslade a esa ciudad vecina. Los que no lo tienen son clientes del Cata, que recarga cada garrafa por 450 pesos, un precio que sostiene desde el pasado octubre y que no aumenta porque son pocos los que quieren comprar.

Para las referentes del Centro de Promoción Comunitaria (CPC) de Cuenca XV, la falta de recursos es la verdadera explicación. Con muchas actividades económicas paralizadas, son pocos los que pueden invertir 450 pesos en un abrigo que apenas les dura 3 días. Muchos compran un bin de leña por mil pesos, que rinde algo más de una semana, o esperan que llegue el jueves para que se acerque el camión garrafero.

Desde las 8 de la mañana y con barbijos, los vecinos del Oeste formaban una fila serpenteante que rodeaba el CPC. Aún faltaban más de dos horas para el arribo del camión, pero llegar temprano es la única garantía de recibir la garrafa. Las familias reciben sólo un vale por mes. Es decir, tres días de calor que llegan de forma gratuita. El resto de las jornadas se las tienen que ingeniar de otra manera.

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La urgencia del abrigo no parecía saber demasiado de distanciamientos. Los vecinos de Cuenca XV formaban una fila apretada y llegaban acompañados de niños pequeños, que no tenían con quién quedarse en casa. Acercaban sus garrafas vacías en carritos improvisados: carretillas y antiguos cochecitos de bebé que adaptaron para sostener la pesada carga del regreso a casa. Otros prefirieron cargarse las garrafas ya llenas al hombro o diseñaron intrincados turbantes con toallas y trapos para sostenerlas sobre la cabeza.

“El camión viene de otro barrio con alta demanda, y llega a la Cuenca con muy pocas garrafas”, dijo una de las encargadas del CPC. Esta mañana, y después de tres horas de espera, se canjearon casi 100 vales. Unas 60 familias, sin embargo, tuvieron que regresar a casa con las manos vacías.

Su única opción, ahora, será recorrer otros CPC cercanos para tratar de hacer el canje. Si no, deberán gastar su dinero en una recarga en el almacén o la compra de un bin de leña. Los que no tengan la plata, en cambio, tendrán que resistir los primeros fríos a la espera de otros jueves y otra visita del camión.

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Largas filas y demoras a la espera del camión

El camión garrafero continuó su camino por la plaza Belén, en barrio Hibepa, donde unas cien personas se reunieron a la espera de la posibilidad de canjear su vale. Muchos optaron por dejar a sus hijos en casa y se cubrieron el rostro con un barbijo para hacer frente a las largas horas de espera, luego de que el camión se atrasara más de lo previsto.

Aunque se proponen estos recorridos para abastecer a todos los sectores de la ciudad que no tienen gas natural, lo cierto es que muchos vecinos que se quedan sin una garrafa en el CPC de su barrio deciden asistir a otros centros comunitarios para poder hacer el canje, ya que el camión siempre acerca una cantidad de garrafas insuficiente para satisfacer la demanda.

Si bien el bono representa un alivio para las familias afectadas por la falta de servicios, la garrafa que reciben sólo dura unos tres días si se utiliza para calefacción. Por eso, muchos cuidan el recurso y lo usan solamente para la cocina. Cuando bajan las temperaturas, recurren a la leña o ropa más abrigada para hacer frente al frío.

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