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La Mañana

En situaciones extremas, ¿el tiempo pasa más despacio?

La clave está en cuánta información guarda nuestro intelecto sobre un evento.
Houston
En situaciones de peligro o cuando sentimos que corremos algún riesgo, el tiempo parece ir más lento. Y aunque todo transcurra "normalmente", los minutos se hacen eternos.
Durante muchos años se ensayaron distintas respuestas a este fenómeno, pero ninguna con rigor científico, por lo que un equipo del Colegio de Medicina Baylor en Houston decidió ir tras una nueva explicación.

Como asustar de manera espontánea y genuina a alguien era difícil de conseguir, los investigadores decidieron reclutar a voluntarios dispuestos a arrojarse desde una altura de 76 metros a una red de seguridad.

A cada uno de ellos se le dio un cronómetro que corría a una velocidad superior a la "normal".
La hipótesis era que si el cerebro podía percibir el momento en cámara lenta, podría también leer los números en el cronómetro.

Como era de esperarse, tras realizar la caída que superó los 110 kilómetros por hora, la sensación de los voluntarios fue que esta se extendió un tercio más del tiempo real. Más allá de ese dato, fueron incapaces de leer el cronómetro.

Relativo: Según la teoría de la relatividad formulada por Einstein, el tiempo no es lineal ni constante.

La conclusión fue que el cerebro no actúa más rápido, ni percibe el tiempo en cámara lenta.
Entonces, ¿qué hace que un evento parezca más largo de lo que realmente fue? Según el Dr. David Eagleman, responsable del experimento, es la memoria.

Si bien el cerebro registra constantemente información, esta misma es desechada casi inmediatamente ya que gran parte de ella no tiene ninguna utilidad.

En situaciones de peligro, las amígdalas se vuelven más activas, y gracias a este proceso pueden acumular más y más variada información.

Sin embargo, en esos casos la información no desaparecerá tan fácilmente, ya que puede sernos útil para la supervivencia.

Enfocarse: Un buen ejercicio para percibir el tiempo más lento es enfocarse y prestar atención a lo que se está haciendo.

Por eso, vistos en retrospectiva, los eventos parecen ser más largos simplemente porque tenemos más recuerdos en total, no porque podamos percibir más sensaciones por segundo.
Eagleman explica que algo parecido sucede con la edad.

Cuando se es niño, la información que se recibe es mayor, todo parece nuevo y todas las vivencias se guardan para configurar ese acervo al que llamamos "experiencia" de la realidad; mientras que cuando se es adulto, las vivencias nuevas son muy difíciles de encontrar.

Eso hace que, por ejemplo, recordemos esos veranos "interminables" de la infancia, mientras que ahora, ya grandes, solemos lamentarnos de que "el tiempo vuele" .

Aunque aún no hay conclusiones claras con respecto a cómo funciona la percepción del tiempo en nuestro cerebro, podría haber algunas cosas que podemos hacer para que eso mismo que nos sucede en situaciones extremas podamos conseguirlo de manera consciente para disfrutar más de experiencias placenteras.

Una de las formas es la práctica de la atención plena, eso que en inglés se denomina "mindfulness".
Si cuando de niño el tiempo transcurre más lentamente, es en parte porque estamos prestando atención con intensidad a nuestro entorno.

Meditar y enfocarse en las experiencias positivas nos permitirá prolongar más esos momentos.

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