"Estoy desesperada por ser abuela"

Una voz eterna. Se prepara para la presentación de Grande Val!, su nuevo espectáculo, y habla de su trayectoria, los sueños cumplidos, el machismo y el Mundial 86.

Paula Bistagnino
Especial

Siempre, incluso después de décadas de carrera, de haber cantado en el Carneggie Hall en Nueva York, de haber llenado 54 veces seguidas el teatro Astros, de haber hecho 14 funciones en el Teatro Ópera, más 9 Gran Rex –no había más fechas en el Ópera y la demanda seguía- y dos Luna Park de 11 mil personas –el público pedía más funciones-, y de haber llenado el Teatro Colón dos veces el año pasado. Después de todo eso, a dos semanas de estrenar su nuevo espectáculo, Grande Val!, Valeria Lynch revive la ansiedad y los nervios de siempre. En medio de una de muchas jornadas de entrevistas y ruedas de prensa, habla con su director musical sobre el cronograma de ensayos. "¡Faltan dos semanas! Quiero ensayar. Quiero que todo sea perfecto Cada vez que subo al escenario no es una más, es una nueva y única. Así lo hago", dice. Empezó a cantar a los 17 años en la Botica del Ángel con Bergara Leumann, y ahí la vio Alejandro Romay y se la llevó.

Ansiedad y nervios La trayectoria no le hace perder el entusiasmo a Valeria de cara a cada estreno. Por eso, vive la previa con gran expectativa.

Empezó a hacer el musical Hair y a participar en Sábados de la bondad. Para cuando iba a cumplir 30 años, ya era una de las voces femeninas más populares del país y de América Latina.

-¿Te seguís poniendo nerviosa?
Sí, sí, a mí me tiemblan las piernas y me pongo nerviosa cada vez. Hay un instante en el que siento que me muero de miedo.

-¿Hasta dónde llega la obsesión?
Nunca es demasiado cuando se trata de la perfección. Yo en cada show estoy en todo: los climas, la ropa, la escenografía, la selección de temas, dónde van el coro y los músicos en el escenario, la entrada de los invitados especiales. Yo necesito salir a cantar y pensar sólo en cantar. Y disfrutar de cantar y gastar el escenario.

-Después de Esperanza mía, ¿querés volver a hacer ficción?
Ay, sí, me encanta. Cada vez que me lo cruzo a (Adrián) Suar le digo que por favor me llame.

-Entre Tini Stoessel y Lali Espósito, ¿ves a alguna como sucesora?
Las dos tienen mucho. Tienn talento, tienen carisma, tienen profesionalismo. Conozco más a Lali porque trabajé con ella y tiene una cosa autogestiva y una visión empresaria, porque se maneja ella, muy interesante.

-¿Qué se necesita para ser cantante?
Creo que hay un montón de ingredientes además del talento. Es fundamental tener talento, pero después hay que pulirlo. Después, lo que yo les digo siempre a mis alumnos: nadie se hace de un día para el otro en esta profesión. Hay un factor suerte también, pero si no hay una base sólida, la suerte sola no alcanza. Y tiene que haber humildad, perseverancia y disciplina. Hay muchos artistas que cuando llegan creen que ya no tienen que estudiar o tener un jefe de prensa.

-¿Seguís estudiando canto?
Pero claro. Uno tiene que hacerse todos los días. Yo pienso que una artista que tiene esa vocación verdadera tiene toda la vida para formarse. Siempre hay algo nuevo para hacer, para probar, para aprender, para experimentar. Si uno no arriesga, no tiene esa vocación. Pero uno sólo puede arriesgar cuando tiene una base sólida. ¿Porque cuánto duran los que van al "Bailando" a hacerse famosos?

-Tenés 14 escuelas en todo el país que dirigís, tomás examen, seguís de cerca...
Me encanta ser docente. Todo mi coro son ex alumnos: Alvarito Teruel -el cuarto nochero-, Laurita Esquivel, Josefina Scaglione, Valeria Gastaldi, Santiago Ramundo que se fue a México. Son un montón. Hace 21 años que tenemos la escuela y a mí me da un orgullo... Somos la única escuela con título oficial.

-¿Es más difícil para las mujeres?
A mí no me pasó. Yo rompí el mito de que acá las mujeres no vendían discos. Pero bueno, no me pasó a mí y hablo desde mi experiencia. Pero hay machismo en todos lados, todavía hay... Igual, yo no sólo vendí discos, sino que tengo muchos hombres que me siguen.

-¿Qué te pasa cuando mirás el recorrido desde los 17 hasta hoy?
A los 17 años uno se cree que se lleva el mundo por delante, y más cuando empezás con un éxito como fue Hair, que hacíamos dos funciones al día. Pero después fueron muchos años de mucho trabajo y hoy puedo decir ¡guau!, cuántas cosas hice, cuánto camino, cuántos sueños... Y digo "misión cumplida".

-Vos eras rockera cuando empezaste...
Yo hacía rock con el Flaco Spinetta, con el Negro Rada, con Pappo, con Jorge González, tocando en todos los sótanos, en La cueva... El rock surgió a lo popular con la Guerra de Malvinas, pero antes teníamos que sobrevivir en los márgenes. Y después empecé con la canción...

-A 30 años del Mundial 86, "Me das cada día más" vuelve a derramar lágrimas. ¿Qué sentís con lo que pasó con esa canción?
Me emociona mucho, tanto. Yo cuando empecé soñaba con ser popular y ¿puede haber algo más popular que escuchar una canción tuya vinculada a Maradona, al máximo ídolo de la Argentina? ¿Y algo más emocionante que escuchar a una cancha de fútbol cantando tu canción? Me encanta. Me encanta ser popular.

-Inesperadamente, hace 9 años te convertiste en mamá de Tais, la hija de Cau, tu marido, cuando su mamá (Tamara Castro) murió. ¿Cómo te sentís siendo madre de una adolescente ahora?
Estoy feliz, felicísima, con mi hija... Hace 9 años que vive conmigo, desde los 5, y ahora tiene 14.

En aquel momento estábamos pensando en adoptar un hijo con Cau, porque teníamos ganas de ser padres, y murió Tamara. Y somos muy felices. No es mi hija del corazón, es mi hija. La amo y me ama. De hecho, ella le dice al padre que si nos separamos se viene conmigo. Para mí fue volver a vivir, porque yo fui mamá de dos varones en otra época y ser mamá de una adolescente mujer implica otros cuidados. Y yo soy muy miedosa. Pero ella es un sol.

-¿Qué cuentas pendientes tenés?
¡Ser abuela! No entiendo qué hacen estos chicos, qué esperan. Quiero estar rodeada de nietos, de una gran familia... ¡Quiero bebés!.

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