Expectante vigilia por el resultado de un ballotage muy parejo

Kuczynski ganó con 50,8% a 49,2%, según el conteo rápido de la empresa GFK, o con 50,5% a 49,5%, de acuerdo con el de Ipsos.

Los peruanos continuaban hoy sin saber si el presidente Ollanta Humala será sucedido por la populista de derecha Keiko Fujimori o por el liberal Pedro Pablo Kuczynski, luego del balotaje de ayer, en el que el último llevaba en el escrutinio oficial una ajustada ventaja que estaba muy lejos de ser irreversible.

Kuczynski reunía 50,524% de los sufragios válidos contra 49,476% de Fujimori cuando el relevamiento oficial había alcanzado a 88,023% de las actas de votación, informó esta madrugada en su página web la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe).

El titular del organismo, Mariano Cucho, llamó a "esperar con calma y prudencia" el resto de los resultados, que, según anunció, estarán disponibles esta tarde.

El ex ministro también figuró al frente en dos de las tres encuestas a boca de urna difundidas apenas terminó la votación y en los dos conteos rápidos de firmas privadas de opinión pública, pero en los cinco casos los candidatos quedaron en situación de empate técnico (diferencia de votos menor al margen de error de los estudios).

Kuczynski ganó con 50,8% a 49,2%, según el conteo rápido de la empresa GFK, o con 50,5% a 49,5%, de acuerdo con el de Ipsos.

Aunque usualmente en Perú los conteos rápidos privados anticipan con bastante fidelidad los resultados de los escrutinios oficiales, en esta ocasión lo extraordinario de la paridad impidió dar por definitiva la ventaja de Kuczynski.

De hecho, al hablar en público anoche, ni él se atribuyó la victoria ni Fujimori admitió la derrota, y ambos coincidieron en declararse optimistas y en recomendar prudencia para esperar los guarismos definitivos.

"No hemos ganado todavía, hay que esperar los resultados oficiales; en el medio hay que ser vigilantes para que no nos roben los votos; miramos estos escrutinios provisorios con optimismo pero con modestia", dijo Kuczynski cuando solo se conocían los conteos rápidos.

"Este es un voto ajustado, sin duda; vamos a esperar con prudencia porque en toda la noche llegarán los votos de las regiones, del extranjero y el voto rural del Perú profundo; por eso estamos atentos y optimistas rumbo a la victoria", sostuvo Fujimori poco después.

Casi 23 millones de peruanos -de ellos, unos 885.000 residen en el exterior- optaron ayer por dos alternativas con más contrastes que afinidades.

Por un lado, Kuczynski, un economista de 77 años con abundante experiencia de gestión pública ejecutiva, pues fue gerente del Banco Central (1966-68), ministro de Energía y Minas (1980-82) y de Economía y Finanzas (2001-02 y 2004-05), y presidente del Consejo de Ministros (2005-06).

Por el otro, Fujimori, una administradora de empresas de 41 años con apenas un lustro como legisladora, pero bastante más como líder del legado político de su padre, Alberto, quien gobernó Perú con mano de hierro entre 1990 y 2000, y actualmente cumple una pena de cárcel por delitos de lesa humanidad y corrupción.

Acaso por haber ganado con amplitud la primera vuelta (39,9% a 21,1% de los votos) y haberse asegurado entonces la mayoría en el Congreso unicameral -lo que muchos interpretan que puede afectar la gobernabilidad de una eventual administración de Kuczynski-, Keiko estuvo al frente de la intención de voto hasta una semana antes del balotaje.

Sin embargo, a último momento surgió una corriente de opinión que la asoció a la imagen de su padre, al prometer con insistencia políticas de "mano dura" para combatir el delito, incluso con la participación de las Fuerzas Armadas, y mostrar poca vocación por dialogar y acordar con el resto de los partidos.

A ello se sumó una serie de denuncias de supuestos vínculos con el narcotráfico y el lavado de activos que involucraron a Keiko y, sobre todo, a su candidato a vicepresidente, José Chlimper, y al hasta hace poco secretario general de su partido, Joaquín Ramírez.

En la semana previa al balotaje, las manifestaciones contra Keiko en 19 ciudades peruanas y cinco extranjeras -que solo en Lima reunieron 50.000 personas- y los apoyos de numerosos dirigentes y organizaciones que recibió Kuczynski comenzaron a prefigurar el escenario que todavía espera una definición.

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