Eyaculación femenina: no es un mito y cada vez hay más detalles

En el orgasmo, la mujer expulsa dos fluidos relacionados con la eyaculación femenina y con el llamado squirting

El fenómeno de la eyaculación femenina es un territorio relativamente moderno y, aunque esto está cambiando, aún sigue siendo novedoso como objeto de estudio. Su naturaleza ha estado sujeta a especulaciones de todo tipo, debidas, sobre todo, a su extendida difusión en el mercado del contenido pornográfico, que ha hecho que muchos lleguen a dudar incluso que sea algo real.

Pero, ¿existe la eyaculación femenina? Sí, no se trata de ningún mito y se conoce de seguro desde 2015, cuando un equipo de investigadores del hospital Parly II de Le Chesnay (Francia) profundizó en esta consecuencia del orgasmo femenino que tanta confusión (y discusión) provoca respecto a las mujeres.

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Para la investigación, los científicos realizaron un experimento compuesto por siete mujeres capaces de hacer squirting a voluntad. Esta práctica suele considerarse sinónimo de eyaculación femenina, pero ciertos profesionales prefieren hacer una distinción entre ambas. La aclaración que se suele hacer es que la eyaculación femenina es la expulsión de una pequeña cantidad de líquido blanquecino similar al semen que se forma en las glándulas de Skene o glándulas uretrales, mientras que el squirting es la capacidad que tienen algunas mujeres de, en el momento del orgasmo, expulsar un líquido casi incoloro en mayor cantidad y con más presión pero que está compuesto principalmente, como ya se expuso en el estudio, por orina.

Se conoce desde el 2015: ese año, un estudio de investigadores franceses confirmó su existencia

Las mujeres sujeto de estudio entregaron una muestra de orina y, después, una máquina de ultrasonidos que obtiene imágenes de la vejiga mediante ondas sonoras confirmó que la vejiga estaba completamente vacía.

No a todas les puede pasar : entre el 5 y el 20% experimentan este fenómeno habitualmente.

A continuación, se pidió a las mujeres que se masturbaran en el laboratorio durante el tiempo que fuese necesario hasta que alcanzaran el orgasmo. Justo antes de este, se realizaba una nueva ecografía y, posteriormente, se tomaban muestras del fluido expulsado seguidas de un nuevo ultrasonido.

Los resultados obtenidos entonces revelaron que, a pesar de haber orinado, las vejigas de todas las mujeres se habían llenado por completo, lo que se tomó como una explicación a esa sensación tan común de todas las mujeres de necesitar ir al baño tras completar una relación sexual. Lo sorprendente fue que, en el último ultrasonido, las vejigas de las mujeres aparecían completamente vacías. Los análisis confirmaron que el líquido expulsado mediante el orgasmo presentaba varios químicos que se encuentran en la orina, además del antígeno prostático específico. Este antígeno es una proteína que se produce en la glándula prostática en los hombres y en las ya mencionadas glándulas de Skene en el caso de las mujeres y que no se había detectado en las muestras de orina inicial.

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