Fármaco oculta el diagnóstico de cáncer de próstata

Un estudio alerta sobre un tratamiento enzimático que disimula los síntomas.

A cierta edad, habitualmente luego de los 50 años, la próstata se transforma en un tema de conversación y de precaución. Por eso, desde la medicina se recomienda que a partir de esos años (incluso antes), los análisis o estudios prostáticos estén dentro de los chequeos de rutina con un fin fundamental: prevenir el cáncer de próstata. Pero antes, por el paso del tiempo, aparece la inflamación de la glándula prostática, técnicamente llamada hiperplasia benigna de próstata, y con ella las dificultades para orinar, entre otros problemas.

Para combatirla, se realizan tratamientos que van desde productos obtenidos a partir de plantas (fitoterapia), otros que actúan sobre la inervación de la glándula prostática (alfa bloqueantes) y fármacos que bloquean los mecanismos enzimáticos que controlan el crecimiento de la glándula, llamados inhibidores de la 5-alfa-reductasa. De acuerdo con un estudio publicado en Jama Internal Medicine, esto último puede resolver la inflamación pero tapar el cuadro de fondo, el del tumor.

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Según la investigación de la Universidad de California, estos fármacos para la hiperplasia pueden generar un retraso de dos años en el diagnóstico del cáncer de próstata y más: al momento de ser descubierto, tiene el doble de probabilidades de que la enfermedad esté avanzada.

El trabajo -hecho sobre 80.875 varones- concluyó que a aquellos que tomaron medicamentos que inhiben la enzima 5-reductasa les diagnosticaron cáncer de próstata hasta 3,6 años más tarde de la aparición de los primeros síntomas que se detectan a través de los niveles elevados de una proteína llamada antígeno prostático específico (PSA), y que se conoce mediante un simple análisis de sangre. En comparación, quienes no habían sido tratados con ese fármaco supieron de su tumor 1,4 años después de que la prueba PSA diera positiva, o sea, detectaron la enfermedad concreta muchísimo más rápido.

El fármaco combate la hiperplasia, que es cuando la próstata se agranda, básicamente por el paso de los años.

“El estudio demuestra lo importante que es concienciar a los médicos y pacientes de que estos inhibidores pueden causar la supresión del PSA”, señala el investigador Brent S. Rose, y agrega: “Existe la necesidad de crear pautas claras para la detección temprana del cáncer de próstata con el fin de facilitar una atención óptima”.

Al 25% de las personas tratadas con inhibidores de la 5-alfa-reductasa, según este estudio, les diagnosticaron cánceres de alto grado –de peor pronóstico- y, dentro de ese porcentaje, el 7% había desarrollado metástasis. Entre los que no seguían el tratamiento, sólo el 17% se enteró de que tenía un cáncer grave, y apenas un 3% con metástasis. “El PSA es una herramienta eficaz siempre que sus niveles se ajusten para la supresión del antígeno que se produce al tomar estos medicamentos. Creemos que la supresión del PSA en esta población afectada no se tuvo en cuenta de manera rutinaria durante la prueba de detección del cáncer y que ello condujo a retrasos en el diagnóstico, lo que puede haber provocado la enfermedad avanzada y un empeoramiento de los resultados clínicos”, afirmó Rose.

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