Fernando Croxatto: "Se naturalizó que las palabras ya no tengan más valor"
Dejar los individualismos, el encierro y las políticas de consumo para pensar en el otro, en el bien común. Este es uno de los tantos conceptos que brindó el papa Francisco en la carta encíclica Fratelli Tutti que se presentó ayer en la Patagonia. El obispo de Neuquén, Fernando Croxatto, analizó el documento y destacó la necesidad de acompañar estas palabras para seguir el camino del bien común y la solidaridad entre todos.
—¿Qué significado tiene la encíclica Fratelli Tutti?
Tiene una fuerza muy importante. No es una exhortación. Es una mirada más profunda que tiene el Papa desde el Evangelio en este momento que estamos viviendo. Es muy fuerte la encíclica porque hay una realidad que va avanzando. Es una realidad social, cultural y global que el Papa viene anunciando y planteando esta situación. Es el pedido urgente de toma de conciencia de que estamos en una misma humanidad y que necesitamos cambiar la mirada y salir de este individualismo en el que se nos fue colocando a través de políticas, de consumo o de búsquedas personales y no tanto en el bien común.
—Bueno, la pandemia desnudó muchas miserias en el mundo…
Habla de la miseria a partir de la misma pandemia. Este tema de encerrarnos, más allá de respetar el camino del cuidado que todos tenemos que tomar. Pero lo que se esconde detrás es eso de incentivar la mirada personal, en vez de tener una mirada global más abierta.
—¿Es una falsa seguridad?
Claro. Es una falsa seguridad. Él habla concretamente de los circuitos cerrados que se retroalimentan incluso para la agresión, más que para pensar en la unión. Uno de los puntos de los que habla sobre ese tema me hacía pensar. Cómo nos retroalimentamos en nuestras redes en una sola mirada y desde dónde juzgamos y miramos el mundo.
—¿Por qué cree que se desnuda tanto la violencia física como verbal?
Cuando uno analiza la violencia, habla a veces de los vacíos en los cuales vivimos. Ese vacío interior, hoy provocado por esta cultura del consumismo y la comodidad, provoca esta violencia interna. Yo pienso mucho en los jóvenes, que uno de los grandes problemas que tienen es el sentido de la vida y de los planteos suicidas.
—¿Falta de objetivos?
Falta de un sentido de vida. Yo lo dije muchas veces. Esta pandemia nos ha quitado el horizonte. Cuando estoy nadando en un océano y pienso que tengo la orilla cerca y la veo, hago el esfuerzo para seguir nadando hasta que llegue. Pero hoy no tenemos horizonte. Estamos permanentemente prolongando y no sabemos cuándo tendremos ese horizonte, que podría ser la vacuna o una nueva normalidad a la que estábamos acostumbrados.
—No estamos acostumbrados a la incertidumbre…
Imaginate un joven. Hay tanta desolación, tristeza, depresión. Un joven sufre esto como todos nosotros, pero además no ve un horizonte de entusiasmo. Encima sufre también toda esta violencia interna que vivimos. O de estas posturas tan polarizadas todo el tiempo. Tanta confrontación. Y, además, la cultura de la denostación del otro. Hay un título del documento del Papa que me llamó la atención: “Agresividad sin pudor”. Dice que “lo que hasta hace pocos años no podía ser dicho por alguien sin el riesgo de perder el respeto de todo el mundo, hoy puede ser expresado con toda crudeza aun por algunas autoridades políticas y permanecer impune”. Hoy el valor de la palabra no existe más. Vos podés decir una cosa hoy y cambiarla mañana.
—Usted dice que se naturalizó la devaluación de la palabra…
Se naturalizó el hecho de que la palabra ya no tenga tanto valor. Hay expresiones que son nominales. Solo palabras. El Papa lo dice cuando se refiere a que la democracia, justicia y solidaridad parecen que están vacías de contenido porque en la práctica cuesta encontrarlo. Hay un tema de valores y principios que se ha ido perdiendo y denostando en el camino. Hay una expresión que me parece interesante analizarla: “Uno no tiene derecho a decir cómo se vive y cómo se ama. Todos tenemos derecho a buscar la felicidad en el modo que cada uno sienta que pueda encontrarla. Y todos tenemos el deber de respetar esa búsqueda y la decisión que individualmente cada uno toma para encontrar esa felicidad”. Esto es muy interesante porque es una reflexión muy ambigua. Tiene algo de verdad por eso del respeto, pero por otro lado tiene esa relativización o libertinaje individual. Si yo llevo esto al extremo, digo que yo puedo hacer lo que quiero con el principio válido sobre el cual estamos construyendo la vida. Entonces, al no tener principios ni valores firmes y fuertes que nos sostengan como humanidad, estamos construyendo sobre arena y no sobre rocas, como decía Jesús. Todo lo que podamos decir se nos vuelve después contradictorio. De esto también habla el Papa.
—¿Por qué nunca se terminan de solucionar la pobreza y el hambre en el mundo?
Jesús decía que “los pobres van a estar siempre entre ustedes”. Fue profética su expresión, en el sentido de que, conociendo el corazón humano, siempre van a haber estas diferencias y esta inequidad en la cual vivimos: muchos no tienen nada y pocos tienen mucho. Por eso es tan importante esta encíclica, porque habla del cambio de mentalidad y lo que nos va a costar cambiarla. De pensar en nosotros, en un bien común, pensar como pueblo y pensarnos como hermanos. Si esto no lo vamos trabajando desde que somos pequeños, se nos va a volver en contra.
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