Fútbol, himno y bronca

Lo más lindo de este juego se había visto en la semana, cuando el mundo disfrutó de dos semifinales históricas de la Champions League. “Qué lindo que es el fútbol” se escuchó en todos los idiomas que existen mientras que, por TV, veíamos dos remontadas inesperadas, dos finales emocionantes. Atrapados por lo maravilloso que es este deporte, renovamos este amor que nunca falla. O casi nunca. El sábado, día de nuestro Himno Nacional, hubo homenajes y menciones varias en las redes sociales. Entre ellas una de Diego Maradona que calaba hasta los huesos de los futboleros que se apasionan con la celeste y blanca. En un repaso de imágenes de la Selección, el Diez homenajeaba a varios ex compañeros con una hermosa versión del Himno de fondo. No podía faltar, obvio, el momento en el que Diego insulta a todo el estadio en la previa a la final del 90 ante Alemania, cuando los tanos silbaron con ganas nuestra canción patria después de que los elimináramos en semis. Mientras la Champions regala lo más maravilloso de este juego, mientras recordamos la bronca que desata que no se respete nuestro Himno en una cancha, por casa mostramos lo mal que andamos hace rato. Vélez-Boca era un lindo partido, pero el fútbol fue lo menos importante. Solo se habló de la visita de Mauro Zárate al estadio del Fortín para enfrentarse con los hinchas a los que había traicionado. La bronca de los velezanos contra el ídolo que cambió de camiseta y no cumplió su promesa es tal, que no importó ni el Himno. Y el grito “el que no salta es un traidor” tapó buena parte de las estrofas que sonaron en la previa al duelo por la Copa de la Superliga. Podría haber pasado con cualquier partido. Pudo haber sido cualquier otra hinchada. El juego, en estas tierras, hace rato que pierde por goleada contra la bronca.

Mientras la Champions regaló dos momentos hermosos de este deporte, por casa el juego poco importa.

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